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Pastor Gutiérrez: un testigo viviente de todo el siglo XX

El mes pasado cumplió 105 años y mantiene miles de recuerdos con una lucidez asombrosa.

Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Se despierta todos los días temprano, mucho antes de que asome el sol. Escucha la radio. Se entera de las noticias y cuando la fiaca dice basta se levanta, desayuna y se sienta en el living a mirar un poco de tele. Después le servirán el almuerzo, dormirá una siesta, dará un paseo (si el clima acompaña), recibirá la visita de familiares y amigos, y completará la rutina diaria con una buena cena, la tele y el descanso.

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La vida de Reinaldo Pastor Gutiérrez transcurre lenta y plácidamente, sin mayores sobresaltos porque no tiene responsabilidades ni horarios que lo hagan correr, como cuando era jovencito o durante su etapa de adulto con una familia a cuestas. O como cuando había pasado los 70 pero seguía muy activo. Eso fue hace bastante. Ahora está más relajado y mira la vida desde otro lugar, sin tantas preocupaciones. Acaso porque todo lo que tenía que hacer ya lo hizo. Y porque el mes pasado cumplió 105 años.

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Pastor –como lo llaman todos- nació en Villa Huidrobro, provincia de Córdoba, el 14 de octubre de 1914, pocos meses después de que comenzara la Primera Guerra Mundial. Así de longevo es este hombre, contemporáneo y testigo de los grandes acontecimientos que cambiaron el mundo durante el siglo XX, pero también de las transformaciones que tuvo Neuquén en los últimos 70 años.

Pese al paso del tiempo, tiene muchos recuerdos frescos, como cuando trabajó de policía en el territorio de La Pampa, a mediados de la década del 30, o como cuando llegó por primera vez a Neuquén, en 1954, asignado para hacerse cargo del destacamento policial que había en el puente carretero, en el límite con Cipolletti. En la casita que le habían dado para vivir con su mujer y sus dos hijos, vivió el golpe militar del 55 y participó en la defensa de Juan Domingo Perón con un grupo de militares rebeldes que se alzaron en armas.

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En 1963 comenzó a trabajar en el gobierno de Felipe Sapag como subsecretario de Asuntos Agrarios, donde tuvo un rol clave para la creación del Parque Norte y la primera etapa de forestación de las bardas para contener los aluviones que se generaban por las lluvias. Ocupó distintos cargos en la administración pública y representó a Neuquén en el Congreso de la Nación.

Ese es un breve resumen de la vida de Pastor, ya que el motivo de esta nota no es recordar toda su trayectoria –ya conocida, por cierto- sino ver cómo es la rutina cotidiana de un hombre que con 105 años mantiene una frescura y una lucidez notables.

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Coinciden su familia en que Pastor llevó una vida ordenada, pero que nunca se privó de nada. Ni siquiera ahora. “Me encanta salir a tomar una cerveza”, reconoce entre risas cuando se le pregunta sobre sus gustos y placeres. Pero también le gusta comer pizzas, asado, pastas y -por supuesto- tomar vino. ¿Por qué debería cuidarse tanto a esta altura?

Pastor mantuvo una vida metódica, pero nunca se privó de nada. A los 105 años todavía toma vino y cerveza

Una mujer que lo acompaña hace 20 años es la encargada de llevarlo en el auto para hacer los paseos que tanto le gustan. Una de esas salidas es al río, donde disfruta los paisajes que regala el eterno Limay, en la costa de la calle Gatica al fondo. Otra es a Parque Norte, aquel lugar que nació hace 56 años a partir de la plantación de un puñado de pinos y que ahora se expandió en un enorme bosque. Pero también disfruta los pequeños placeres como salir a la vereda a tomar unos mates durante las tardecitas de verano. Todos lo conocen a Pastor y se acercan a saludarlo. Y él conoce a todos, obvio.

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Pero en el departamento que habita en la calle Belgrano también tiene su pequeño mundo. Su perra Loly, las personas que lo cuidan y la visita de sus dos hijos, seis nietos y nueve bisnietos. Y también de los amigos, aunque no pertenecen a su generación. “Son más jovencitos”, dice con una sonrisa pícara. En efecto, todo el mundo que rodea a Pastor tiene menos edad que él. Y algunos de esos jovencitos hoy andan entre los 70, los 80. Indudablemente, el tiempo es relativo y parece distorsionado alrededor de este hombre. Al lado suyo todo parece nuevo. O reciente.

Cuando se queda solo –no en la soledad absoluta, sino sin gente que lo visite- se sienta a mirar televisión. “¿Qué otra cosa puedo hacer?”, se pregunta con ironía.

Le gusta ver de todo: los programas de política, de interés general, pero especialmente le encanta el fútbol. Y mucho más si juega River, el cuadro de sus amores. Aquel equipo del club que nació en 1901, apenas 13 años antes que él.

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La charla con Pastor se extiende durante poco más de una hora. Y frente a cada pregunta de la entrevista hace una pausa, se que da pensando y luego contesta. Es asombroso ver cómo viaja en el tiempo en busca de cada recuerdo, algunos tan remotos que hacen referencia a su juventud o a las épocas que vivió cuando Neuquén todavía ni siquiera era una provincia. O a las miles de anécdotas que protagonizó con gente que hace tiempo ya no está, simplemente porque murió de vieja.

Y también llama la atención la curiosidad que tiene para saber quién es su interlocutor (en este caso, este periodista nacido y criado en Neuquén), a quién le pregunta sobre la historia de sus padres, sus orígenes y sus raíces. Y él aporta datos, por supuesto.

Antes de que finalice la entrevista, llega una visita inesperada para Pastor. Es su nieto Omar Gutiérrez, el gobernador de la provincia, el hombre que el mes que viene asumirá su segundo mandato. Y la cara del viejo se ilumina con una sonrisa mucho más amplia de la que no abandonó en toda la charla. Está feliz porque hay más gente que lo rodea. Y porque encima es Omar, a quien acompaña desde hace años en cada elección a la hora de votar y a quien le confirmó que asistirá a su asunción el 10 de diciembre.

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“A estos (por Omar y sus tres hermanos) también los cuidé de chiquitos muchas veces cuando sus padres estaban ocupados”, dice Pastor. Claro, eran sus nietos. Pero, ¿a cuántos conocerá Pastor desde que eran niños?

El gobernador se suma a la entrevista que a esta altura ya es mucho más distendida, y también le hace preguntas, aunque conoce las respuestas. Se las hace como para ponerlo a prueba o porque sabe que la contestación de ese viejo entrañable será sin dudas algo gracioso

“¿Cuántos años decís que tenés, abuelo?”, pregunta Omar. “Debo tener como 90”, contesta Pastor con una risa pícara que inevitablemente se vuelve contagiosa para el resto.

Decía José Saramago que las personas somos la memoria que tenemos y que sin memoria no existimos.

Pues Pastor Gutiérrez existe. Es en su esencia el producto de un millón de recuerdos que alimentan su vida y que todavía lo mantienen activo. Es el bebé que nació en 1914, el nene de 1920, el adolescente de 1930, el adulto de 1950, el abuelo de 1970 y el viejo que hace tiempo es viejo y que hoy sigue recordando lo que pasó hace un siglo.

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