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La Mañana dermatitis

Pica, irrita la piel, duele e infecta: la dermatitis, otro problema en pandemia

El trastorno atópico empeoró en el 50% de los pacientes que la sufren durante la pandemia del coronavirus.

La Asociación de Dermatitis Atópica Argentina (ADAR) y la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO), dos organizaciones que trabajan para acompañar y asesorar a personas con esta enfermedad y a sus familias, realizaron una encuesta sobre la situación que atravesaron (y atraviesan) los pacientes a partir de la pandemia de COVID-19, desde marzo de 2020, y la presentaron –en los últimos días- en el marco del Día Mundial de la Dermatitis Atópica.

Ansiedad (52,9%), angustia (43,2%), cansancio (40,4%) y desgaste (39,6%) fueron los principales sentimientos experimentados por los pacientes en relación con su enfermedad durante la cuarentena.

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Esta es una enfermedad inflamatoria y crónica de la piel, caracterizada por brotes frecuentes, picazón intensa, irritación, dolor, enrojecimiento, costras e infecciones.

Durante la pandemia, el 55% de los pacientes calificó a su dermatitis atópica como moderada o alta y, comparado con cómo se sentían antes de marzo de 2020, para la mitad, su enfermedad empeoró. Además, para el 62,8% la picazón durante la cuarentena fue (y es) moderada o alta, un 41,3% más que antes.

El estudio indagó sobre sobre calidad de vida, acceso a la salud, la situación laboral, hábitos de alimentación, actividad física y los niveles de estrés. Participaron más de medio millar de pacientes.

“Partimos de la premisa de que este contexto tan adverso impactó -aunque de diferente manera- en todos los seres humanos, pero que los obstáculos podían haber sido todavía más desafiantes para la comunidad de personas que conviven con una enfermedad crónica como ésta y en el contexto de nuestro país. Nos propusimos entender esa realidad para compartir luego los hallazgos con los decisores de políticas de salud”, sostuvo Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO.

La picazón no es un aspecto menor. Las personas a las que la piel les pica en forma crónica e intensa tienen el triple de posibilidades de desarrollar depresión y el doble de experimentar ansiedad. Otras investigaciones ya habían demostrado que muchas veces los trastornos de salud mental en personas con enfermedades de la piel se vinculan directamente con el nivel de picazón.

Antes de la cuarentena, el 62,1% estaba en tratamiento para su dermatitis atópica (sobre todo, con cremas emolientes o humectantes y corticoides en crema), pero el 18,1% lo tuvo que discontinuar, en general por motivos económicos y 1 de cada 10 decidió -por su cuenta- suspender la medicación por temor al COVID-19.

“También supimos de casos que estaban recibiendo tratamientos sistémicos, tanto las drogas más antiguas como los anticuerpos monoclonales modernos, y sufrieron interrupciones ‘burocráticas’ por el cierre de oficinas de las obras sociales y prepagas”, remarcó Fernández Barrio.

La pandemia, al igual que en el resto de la gente, impactó en el plano laboral: un 13% de los pacientes perdió su empleo contra un 7,1% que consiguió uno, se expuso en el informe.

Entre quienes necesitaron ser hospitalizados por su dermatitis en este año y medio, que afortunadamente fueron una minoría (5,6%, aunque el porcentaje ascendió a 15,7% en niños entre 1 y 5 años), 1 de cada 5 encontró dificultades para obtener una cama.

Además, según se expuso en el informe, de todos los encuestados, el 66,3% tenía controles programados a partir de marzo 2020, pero solo 3 de cada 10 pudieron concretarlos y el 38,5% lo hizo por telemedicina (vía Whatsapp el 72,4% de las veces).

Más obesidad, sedentarismo y estrés

En promedio, los participantes de la encuesta aumentaron 2 kg en la pandemia y un 10% aumentó más de 10 kg. También bajó la realización de actividad física.

En tanto, 6 de cada 10 pacientes consideran que su nivel actual de estrés es elevado o muy elevado, un 34% más que en el mundo prepandemia. Por otro lado, 6 de cada 10 afirman que la calidad de su sueño actual es regular o mala y para el 37,8% empeoró.

“Lo que más cuesta es la aceptación de la enfermedad”

La historia de María Alejandra Rubin, mamá de Martina, paciente con dermatitis.

A Martina (10) le diagnosticaron dermatitis atópica a los 9 meses de edad tras un brote en todo su cuerpo. Su mamá, María Alejandra Rubin, no tenía idea por aquel entonces de la existencia de la enfermedad.

La dermatitis se cursa en ciclos, por lo que en ocasiones Martina se brotaba más que otras. Pero fue a los seis años que las placas tan características de la enfermedad comenzaron a aparecer con más intensidad. “Marti comenzó a tener sarpullidos por todo el cuerpo. A mí me asombró mucho, no sabía que la dermatitis atópica podía llegar a ese nivel de agresión contra el cuerpo”.

Tras el brote severo de Martina, les costó mucho encontrar alguien que comprendiera realmente la implicancia de la enfermedad. “En varias oportunidades nos decían que solo se trataba de piel seca”. Alejandra admite que la vida diaria de ambas cambió totalmente y sus rutinas dieron un giro. “Lo que más cuesta es la aceptación de la enfermedad, entender que tu vida cambia y debés convivir con eso”.

La historia de Gustavo

Gustavo tiene 53 años y le diagnosticaron dermatitis atópica hace aproximadamente siete. Comenzó con varios síntomas que duraron un tiempo, pero un día estalló todo junto. “De pronto tenía todo mi cuerpo tomado, brotado. A esto se le sumó una alopecia universal en la que perdí todo el pelo”.

Si bien Gustavo había escuchado hablar de la enfermedad, desconocía lo que realmente era hasta su diagnóstico, que no fue rápido y tardó en llegar. “Tenía un 70% del cuerpo tomado por la dermatitis, con manos y pies lastimados. Bañarme me costaba mucho, el agua me tocaba y era un dolor que me hacía llorar; mi mujer no dormía porque yo no podía parar de rascarme. Aumenté mucho de peso, no me reconocía la gente en la calle, empecé a no salir y me deprimí mucho”.

Gustavo cuenta que los tratamientos lo ayudaron mucho y empezó a mejorar hasta que, recientemente, su cobertura médica dejó de cubrirlos. Los brotes comenzaron de nuevo y el impacto en su calidad de vida también. “Esto es muy difícil porque no podés hacer cosas cotidianas, se me complica agarrar el celular, cocinar o agarrar a mis hijos”. (Fuente: AEPSO)

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