Policía baleado por motochorros: "Temí por mi vida, pero por suerte la puedo contar"

Lo dijo a LMN el agente baleado por motochorros mientras esperaba el colectivo. Ya está en su casa.

“Me pasó a mí, que soy efectivo policial, pero le podría haber pasado a cualquier vecino. Me vieron que estaba solo en la parada de colectivo y aprovecharon la oportunidad”, contó el agente José Gallegos, quien fue atacado por dos motochorros cuando se dirigía al trabajo. Tras resistirse al asalto y forcejear con los delincuentes, le ejecutaron un disparo a quemarropa que le atravesó la pierna izquierda. Ahora, está en su casa, en familia, pero no olvida que temió morir.

“Era muy temprano, las 5:27, estaba esperando en la parada de colectivo en Rufino Ortega y República de Italia, cuando me sorprendieron los motochorros y me amenazaron con una pistola. Me exigieron que le entregara la mochila y el celular. Cuando me estaban sacando la billetera del bolsillo, le tomé el arma y comenzamos a forcejear. A mí se me zafa el arma y el ladrón me disparó a quemarropa. Me podría haber pegado en cualquier lado, pero me pegó en la pierna”, recordó en LU5 el agente que se desempeña en el área de seguridad de la comisaría primera.

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25 minutos pasaron desde que recibió el tiro hasta que ingresó a la guardia del hospital Heller

Tras recibir el tiro, el agente cayó al piso y su visión se puso borrosa. La suerte quiso que la agente Ríos, que pasaba justo por el lugar en su moto, lo asistiera de inmediato. “Temí por mi vida porque me estaba desangrando, ahí atiné a hacerme un torniquete en la pierna con el cinturón para frenar el sangrado”, recordó el efectivo, que lleva seis años en la fuerza.

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El proyectil le atravesó literalmente la pierna, le dañó músculo y tejido, y por suerte no le afectó la arteria porque eso habría acelerado el desangrado. “A futuro no sé cuál es el daño que me va a quedar, por ahora me están evaluando los médicos día a día y ya tomó intervención la ART”, relató Gallegos.

Dos hijos tiene el efectivo baleado por los ladrones

Sus compañeros para acelerar el traslado lo llevaron en un móvil al hospital Heller donde fue asistido. El agente cuando ya se supo a salvo eligió no avisar en plena madrugada a su familia para no asustarlos.

“Después de las 7 hablé con mi esposa para contarle y tranquilizarla. Ahora estoy con mucho dolor, pero estoy en casa con mi familia. A mis hijos, de 13 y 4 años, no les hemos contado todo para que no se pongan mal, pero a ellos les duele porque me ven así, acostado y caminando con muletas”, detalló el agente herido.

Gallegos concluyó asegurando que esta experiencia le sirve de aprendizaje y para estar más atento a este tipo de robos que puede sufrir cualquier persona.

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