"Declaro por Azul, para que no haya otra Azul": el testimonio de una mujer trans que denunció amenazas tras declarar
“Para que seamos escuchadas, protegidas, porque somos seres humanos también. Por eso lo hago” .La frase fue pronunciada por una de las testigos que declaró en el quinto día del juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko.
Su identidad se mantiene bajo reserva. Su testimonio llegó al debate mediante un anticipo jurisdiccional de prueba, después de que una profesional evaluara que su estado de vulnerabilidad y las amenazas que había sufrido podían impedirle atravesar una declaración en el marco del juicio oral por el transfemicidio de Azul.
Antes de contar lo que había vivido con el acusado, la testigo explicó las dificultades que había atravesado por ser una mujer trans. Habló de los obstáculos para conseguir trabajo, de las dificultades para acceder a una vivienda y de una historia personal atravesada por discriminación.
Pero el centro de su declaración fue otro: el encuentro que había tenido con el acusado meses antes de la desaparición y asesinato de Azul y lo que ocurrió después de que comenzó a declarar en la investigación.
“Me tiró del pelo y nos dijo que íbamos a ser sus putas”
La testigo contó que llegó hasta el acusado a través de otra mujer trans, a quien conocía de un espacio de encuentro del colectivo travesti trans y le propuso realizar un servicio sexual.
Según relató, ambas se encontraron con el acusado, que pasó a buscarlas en una camioneta blanca, de iguales características a la Ford Ranger de Sánchez, que luego del transfemicidio de Azul fue peritada con Blustar y estaba llena de sangre humana en el volante y el asiento trasero donde luego de matar a Azul la habría trasladado para ocultarla en un canal en Valentina Norte.
La testigo contó que viajaron ella junto a su compañera en el asiento delantero del acompañante y que, desde el comienzo, el hombre se mostró agresivo. “Nos dijo, en un tono bastante agresivo: ‘Subanse a la camioneta’”, relató. Contó que durante el trayecto la tomó del cabello, la tironeó y les dijo que iban a ser “sus putas”.
La llevó hasta su vivienda de calle Copahue, en un sector de Toma La Familia. Allí ingresaron a una gomería. Había un patio chiquito y unas escaleras que subieron a un departamento con cocina comedor. “Un lugar bastante desordenado y sucio”, dijo.
La fiscal Guadalupe Inaudi preguntó qué hicieron. “Un servicio sexual, después ellos se pusieron a tomar cerveza y merca”, aportada en su mayor parte por Sánchez.
La testigo volvió a describir al acusado como agresivo durante todo el encuentro. Dijo que en un momento manifestó que, antes de que se fueran, una de ellas debía quedarse y que iba a matar a una de las dos. “En uno de esos ataques violentos me dijo que antes de irse a uno de nosotros se tenía que llevar”, dijo, y al ser consultada cuál era el significado de la expresión, agregó “que a una de nosotras nos iba a matar, se refirió en masculino”.
“Me dio miedo”, explicó. La situación terminó cuando Sánchez comenzó a golpear a la otra mujer: “le pegaba piñas en el cuerpo, salí para afuera y me fui, por miedo a la agresividad que tenía Sánchez”.
Su lugar de escape fue un portón, dijo, y agregó que no recibió pago por el servicio sexual prestado a Sánchez.
La testigo vio moretones en el cuerpo de su compañera trans
La testigo también relató qué ocurrió con la otra mujer trans que había estado con ella. Dijo que días después volvió a verla con golpes en el cuerpo y un ojo morado. Según contó, la joven le había relatado que durante el encuentro con el acusado había sido golpeada con un “hierro” y que tampoco le habían pagado.
La defensa cuestionó que esa parte del relato provenía de lo que otra persona le había contado. El tribunal rechazó la objeción y permitió que continuara el testimonio, al considerar que la testigo también estaba relatando aquello que había observado directamente.
La fiscalía volvió entonces sobre lo ocurrido posteriormente con esa mujer. La testigo contó que, según comentarios que circulaban en el espacio al que ambas concurrían, se había ido de Neuquén por temor después de que se conociera lo ocurrido con Azul y se vinculara al acusado con la investigación.
“Más vale que no dijéramos nada”
El relato también incluyó una situación ocurrida después del hallazgo del cuerpo de Azul y la detención de Sánchez.
La testigo contó que se encontraba almorzando junto a otras personas cuando ingresó un hombre al lugar y les advirtió que “más vale que no dijéramos nada, que nos quedemos calladas”.
Dijo que no lo había visto anteriormente y que, cuando preguntó quién era, le informaron que era familiar del acusado.
Después de declarar comenzaron las amenazas
La testigo aseguró que antes de comenzar a declarar ante la fiscalía no había recibido amenazas. “Vivía bien tranquila”, dijo. De igual manera, del testimonio anterior de una trabajadora social surgió que ella era parte del sistema de protección de víctimas por haber denunciado un ataque sexual y estar en condiciones de extrema vulnerabilidad.
En este contexto, donde ella había accedido a cierta estabilidad dentro del programa de protección, comenzaron una serie de episodios que interpretó como represalias por haber hablado ante la Justicia por el caso del transfemicidio de Azul Semeñenko.
Contó que, aproximadamente un mes después de su declaración, fue atacada mientras caminaba por la calle por una pareja que la golpeó y la llevó hacia un terreno baldío.
Mientras la golpeaban le dijeron: “Eso te pasa por bocona”.
La mujer aseguró que pudo reconocer la voz femenina de una de las personas que la atacaron y describió al otro agresor como un hombre joven.
También relató una situación que fue expresada más de una vez durante el juicio en cuanto a la falta de acceso al derecho a la justicia que sufren las personas trans. Indicó que intentó realizar una denuncia en la comisaría pero no pudo porque los policías le dijeron “ya no tomaban denuncias ese día”. Posteriormente, hizo la denuncia en Fiscalía y recibió un botón antipánico.
Una amenaza con un arma y una internación por intento de suicidio
La situación de temor se agravó después de ese episodio: “intenté matarme”. La testigo contó que realizó una ingesta de pastillas y debió ser internada en un hospital público. Mientras permanecía internada, recibió nuevos mensajes amenazantes a través de Instagram.
Relató que un usuario comenzó a escribirle y que, en determinado momento, le mandó una fotografía de un arma acompañada de un mensaje que interpretó como una amenaza directa.
La testigo aseguró que hizo una captura de pantalla y la envió al equipo de la trabajadora social que la acompañaba. La fiscalía solicitó autorización al tribunal para incorporar esa evidencia durante el debate, y luego de objeciones de la defensa, el juez lo permitió. Acto seguido, la fiscalía también mostró imágenes que prueban que el usuario fue eliminado.
Después de recibir el alta, continuó trabajando y relató que las situaciones de hostigamiento no habían terminado. Contó que, al salir de trabajar, un hombre se le acercó por detrás y comenzó a amenazarla. Según su relato, le dijo que la iba a matar y que “todo en la vida se paga”.
Una compañera que se encontraba cerca observó la situación y se acercó para intervenir.
Por qué no declaró frente al jurado
El testimonio había sido incorporado al proceso en junio, antes del inicio del juicio oral. Una psicóloga forense que intervino en la evaluación explicó ante el tribunal que, aunque la testigo era adulta, el Ministerio Público Fiscal le solicitó evaluar cuál era la modalidad más adecuada para recibir su declaración.
La profesional señaló que encontró en ella una situación de “completa vulnerabilidad psicosocial” y un estado de fragilidad psicológica muy alto.
Había recibido amenazas, tenía miedo de encontrarse con el acusado en una sala de juicio y presentaba dificultades para dormir y pensamientos intrusivos relacionados con las represalias por haber declarado.
Además, había atravesado una crisis que había requerido una internación poco tiempo antes de la evaluación.
La especialista explicó que las personas que declaran sobre hechos traumáticos deben recurrir a recuerdos que pueden generar nuevamente una fuerte respuesta emocional. Por eso, consideró que una declaración convencional frente a las partes y en presencia del acusado podía resultar demasiado exigente para la testigo.
La modalidad inicialmente sugerida fue una entrevista mediante cámara Gesell. Finalmente, el juez resolvió que el testimonio fuera recibido de manera anticipada en una audiencia, antes del juicio.
La profesional explicó que el objetivo de estas herramientas es evitar que el proceso judicial produzca una nueva situación de violencia sobre quien debe relatar un hecho traumático.
Una decisión sostenida pese al miedo
La mujer contó que antes de declarar para el juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko no había recibido amenazas. Según su relato, los episodios comenzaron después de que decidió aportar información a la investigación.
Aun así, sostuvo su decisión de declarar.
“Por Azul, para que no haya otra Azul, para que seamos escuchadas, protegidas, porque somos seres humanos también”, afirmó cuando le preguntaron por qué había decidido hacerlo.
Su declaración permitió incorporar al juicio el relato de un encuentro previo con el acusado y, al mismo tiempo, expuso las consecuencias que dijo haber atravesado después de aportar esa información a la investigación.
La testigo no conocía personalmente a Azul.
Pero explicó por qué decidió hablar de todos modos: porque entendía que su experiencia podía contribuir a que la Justicia reconstruyera lo ocurrido y porque no quería que otra mujer trans atravesara una situación similar.
Una historia en común con Azul Semeñenko
Como en otras ocasiones, durante el juicio se pudo escuchar a personas trans que repusieron las condiciones de vida atravesadas por violencias desde su infancia, cuando manifestaron su identidad de género distinta a la asignada al nacer.
La testigo que conoció al imputado y declaró en el juicio indicó que desde temprana edad enfrentó rechazo y dificultades en sus vínculos familiares y educativos, y más adelante también encontró obstáculos para acceder a un trabajo y a una vivienda en condiciones de estabilidad.
“Me costó bastante conseguir trabajo, solamente por el hecho de ser una mujer trans cuesta muchísimo, una vez que lo conseguí fue cuidar un señor, cama adentro”, sostuvo.
Además, sobre el motivo indicó: “solamente por el que dirán, solo por sentirnos, te juzgan, que va a decir la gente que haya una persona como vos trabajando”.
Luego también explicó que a la hora de alquilar tuve dificultades “porque piden recibo de sueldo y garantes”. Por eso, según explicó, su historia estuvo marcada por la necesidad de construir de manera autónoma una vida en un contexto de vulnerabilidad.
También relató que comenzó a realizar trabajos sexuales de manera ocasional, el encuentro con Sánchez fue la tercera vez, en un contexto de dificultades para acceder a otras oportunidades laborales.
En ese recorrido, llegó a recurrir a espacios de acompañamiento para personas trans y atravesó períodos de precariedad económica y ausencia de redes afectivas estables.
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