"Pónganse en los zapatos de Sánchez": la defensa chocó con la prueba en el juicio por el transfemicidio de Azul
El fiscal jefe Agustín García aseguró que los testigos de la defensa fueron "escenas fallidas" de una serie de Netflix.
Después de once jornadas de producción de pueba con más de 60 testigos, el abogado defensor Ezequiel Leanza se paró frente al jurado popular y les pidió que se pusieran en los zapatos de Roberto Daniel Sánchez, quien admitió el homicidio de Azul Semeñenko. La estrategia se desmoronó frente al jurado que vio la evidencia del cirmen contra la mujer trans, cometido con saña, odio a su identidad y con violencia de género.
Durante los alegatos, así como en el interrogatorio a testigos incluyó planteos que fueron duramente cuestionados por la Fiscalía y la querella durante el juicio, como indicar contradicciones donde no las había. El juez técnico Luciano Hermosilla denegó en contradicciones y otros insólitos pedidos, como definir a una testigo hostil antes de que empiece su declaración para poder hacer preguntas subjetivas o desalojar a trabajadoras de prensa de la sala.
Finalmente, tras una jornada de doce horas, con hora y media de deliberación, el jurado declaró culpable a Sánchez con el total de 12 votos para violencia de género y ensañamiento y 10 votos para crimen de odio.
“Pónganse en los zapatos de Sánchez”
En los alegatos de apertura, el 2 de octubre, el abogado defensor le insistió al jurado popular en que tengan "paciencia", porque primero se iba a desarrollar la prueba de la fiscalía y de la querella, pero prometió que al final iban a ver "la película completa". En los alegatos finales, Leanza citó la película "El Patrón" y comparó a un trabajador explotado que asesinó a su empleador bajo emoción violenta con Sánchez.
Luego, el defensor le pidió a las y los integrantes del jurado que se pararan desde la perspectiva del acusado que admitió el crimen de la trabajadora estatal cometido el 25 de septiembre de 2025. El jurado ya había escuchado al fiscal jefe Agustín García y al querellante Fernando Gómez en una extensa exposición de más de tres horas sobre la evidencia reunida para sostener la acusación por el homicidio triplemente agravado de Azul.
Incluso, el fiscal no dejó pasar la promesa de la defensa al principio del juicio y recordó: "les dijo que había que mirar la película completa pero terminó antes de que llegaran los testigos de la defensa". En línea con la analogía dijo que las jornadas de producción de prueba fueron la película o una serie de ocho capítulos de Netflix y que la parte de la defensa fue "un video de dos minutos con escena fallidas que no le salió, eso vimos al final de esta película, algo totalmente fallido".
En cambio, en su alegato, la fiscalía explicó minuciosamente cómo a través de distintos testigos se demostró el ensañamiento, la violencia de género y el odio a la identidad de mujer trans de Azul, al tiempo que descartaron la emoción violenta.
Las pericias que contabilizaron al menos 25 heridas de arma blanca, dos con entiedad mortal en la aorta y el corazón, que Azul se intentó cubrir el rostro y levantó una pierna, que Sánchez cambió de arma cuando estaba inmóvil y le destrozó la cara con tres fracturas, el overkill de caracter sádico, la conciencia forense para ocultar el crimen, cuando tras 24 horas ingresó el cuerpo envuelto a su camioneta, asegurándose que nadie lo viera en la madrugada siguiente. El descarte que Sánchez vivió como un "desecho" del cuerpo en un canal de Valentina Norte le garantizó 19 días de impunidad.
En cambio, para el cierre la defensa prácticamente no ahondó en la prueba pero sí profundizó en un relato donde quiso victimizar a Sánchez diciendo que se sintió en peligro y le sacó un cuchillo a Azul que se estaba haciendo autolesiones. En este punto el defensor se valió de la putrefacción del cuerpo de Azul que estuvo sumergido en el agua del canal para sostener que las lesiones autoinflingidas no eran visibles.
Para esto no presentó pruebas, ni siquiera el testimonio de su propio defendido que podría haber contado cómo sucedió el crimen. En cambio se valió de la incorporación de elementos nuevos: Leanza afirmó que el crimen se cometió con un cuchillo sobre el que no se había hablado durante el proceso.
Además, apeló al concepto de premeditación, un punto que tampoco había sido introducido. Durante el alegato, el fiscal jefe y el querellante le hicieron estas observaciones al juez sobre la forma en que presentaba algunos hechos, al advertir que el defensor prácticamente asumía el lugar de un testigo al narrarlos.
"Jamás había objetado un alegato, es la primera vez en mi carrera que tengo que hacer una objeción durante un alegato", indicó García al salir de la audiencia.
Cabe remarcar que lo previsto para los alegatos finales es que las partes se remitan al alegato de apertura para exponer al jurado la prueba expuesta durante el debate que demostró su punto. Sin embargo, en el caso de Leanza, osó convertir los alegatos finales en la introducción de una teoría de caso nueva: "se usó un solo cuchillo de mango blanco y golpes de puño".
En este sentido, los pasajes del defensor que no aportó prueba sobre esa versión se chocaron de frente con una de las principales pruebas que se mostraron al jurado: la reconstrucción de lo ocurrido en la vivienda de Sánchez, ubicada en Copahue al 1100, donde Azul fue vista por última vez y fue el escenraio del crimen por la múltiple evidencia: desde sangre humana lavada en el colchón, pisos, paredes, un cuchillo y la camioneta que utilizó para trasladar el cadaver a la siguiente madrugada y descartarlo en Valentina Norte.
Cabe recordar que a la perito forense Julia Villalba no le tembló el pulso al colocarse guantes de látex para exhibir ante el jurado dos de las armas secuestradas en la vivienda de Sánchez. “Se cometió un crimen en la habitación”, aseguró y mostró un machete y el cuchillo táctico al cerrar un extenso informe pericial de más de doce horas de trabajo en la casa de Sánchez.
Por su parte, los peritos forenses psiquiátrico y el que hizo examen físico encontraron que Sánchez no tenía heridas, mientras el cuerpo de Azul presentaba al menos 25 puñaladas, algunas de mayor tamaño que otras, y tres fracturas en la cara que evidenciaban una "fuerza brutal" y un cambio de arma.
Las testigos que no salieron como esperaba la defensa
La estrategia de Leanza también salió golpeada en algunos de los testimonios que presentó. Una mujer que se había presentado como vecina de Azul y aseguró conocerla desde la infancia describió a la víctima de manera despectiva, incluso sin respetar su identidad de género al afirmar "los nenes son nenes y las nenas son nenas". Sin embargo, ante las preguntas de Fiscalía sobre su hijo reaccionó de manera violenta negándose a declarar.
La discusión que generó asegurando "no tiene nada que ver con el juicio" escaló al punto tal de que el juez Hermosilla tuvo que intervenir y recordarle que estaba bajo juramento y tenía que contestar. La mujer indicó motivos religiosos por los que decía la verdad y ante la insistencia de Fiscalía sobre la relación de su hijo con una hija del acusado, terminó admitiendo que era consuegra de Sánchez.
La señora había declarado: "conozco a una de las partes" pero el intercambio dejó al descubierto un vínculo que no había sido revelado al comienzo de su declaración, sino ocultado. Sin embargo, luego Leanza aseguró al juez que no sabía ese dato.
En otro juego al límite con la verdad, el defensor llevó como testigo a una trabajadora sexual trans declaró que Sánchez fue cliente y conocido. Dijo que había tenido relaciones sexuales con él y que también habían mantenido una relación de amistad años atrás.
Antes de su declaración, el abogado defensor pidió al juez Luciano Hermosilla que se desaloje al público por resguardo por la presencia de otras mujeres trans. El pedido resultó llamativo, siendo el contexto de dos semanas de juicio sin episodios de enfrentamiento ni apercibimientos al público. En cambio, fue el pedido del defensor el que provocó el gesto evidente de rechazo de las mujeres y travestis en la sala 12.
La fiscalía y la querella presentaron sus objeciones. La querella indicó: “Los lazos comunitarios de la diversidad quedaron demostrados en el marco de estas jornadas, no hay temor objetivo, no hay un argumento adecuado que signifique el desalojo del público”. La fiscalía adhirió y puntualizó que para otras dos personas trans que llevó a declarar la defensa no pidió retirar al público.
Hermosilla resolvió no dar a lugar al pedido del abogado defensor.
Durante el interrogatorio, uno de los puntos más fuertes fue cuando, durante las preguntas de la Fiscalía, se abordaron las declaraciones anteriores de la testigo, el contacto que había retomado con integrantes del entorno de Sánchez y admitió haber recibido cuatro transferencias de dinero del abogado defensor Ezequiel Leanza. La mujer dijo que había solicitado parte de ese dinero para afrontar gastos y comprar medicamentos, mientras que Leanza intentó que la testigo recordara un gasto en una cafetería de 50 mil pesos, pero ella respondió que solo tomó un cortado.
Testigos de la defensa declararon que vieron alarmas de violencia en Sánchez
Sin embargo, uno de los contrastes más fuertes apareció cuando la testigo retrató a Sánchez como un cliente habitual al que aseguró que nunca atendió en la casa suya donde cometió el crimen. Cuando le consultaron por situaciones de riesgo con clientes indicó que en su experiencia era mejor evitar entrar a las casas.
Además, reconoció que después de declarar había pedido dinero al defensor y recibido cuatro transferencias. La Fiscalía también indagó a partir de escuchas telefónicas en cómo llegó a realizar una denuncia a otra mujer trans por falso testimonio, presentando una imagen que figura en el expediente al que acceden solamente los abogados.
Esos datos formaron parte del debate sobre la credibilidad y los vínculos no solo de la testigo, sino que al mismo tiempo dejaron al descubierto una estrategia que colapsó los límites éticos.
Así mismo, una ex pareja de Sánchez declaró que él nunca la golpeó e incluso cuando discutían era ella la que gritaba. Sin embargo las escuchas telefónicas evidenciaron que le pidió a una de sus parientes que si debía declarar ante la Fiscalía, no dijera que Sánchez la golpeaba "porque ahí lo vas a hundir al papá". Al ser consultada por qué dijo eso, la mujer dio una versión que, a la luz del veredicto, el jurado no creyó: declaró que se refirió en esos términos porque sabía que ella la había visto teniendo relaciones sexuales donde Sánchez le daba "golpecitos" porque a ella le gustaba.
“El cliente nunca tiene la razón”
Una de las declaraciones más contundentes fue la de una trabajadora sexual trans que sí había atendido a Sánchez en su propia casa, en Copahue al 1100. Según relató ante el jurado, el servicio sexual ni siquiera llegó a concretarse: el hombre se enojó y la agarró del brazo con violencia. Ella intentó defenderse y le exigió que la devolviera a su parada.
Otra declaración de una trabajadora travesti describió una serie de señales de peligro que había identificado durante un encuentro con Sánchez. Había dejado a la mano llaves, celulares, una billetera y cuchillos sobre la mesa. “Ahí tenés cuidado porque en primera de cambio te moriste”, explicó que pensó al observar la escena.
También recordó un comentario del acusado sobre un enfrentamiento anterior con otra persona, a quien, según le había contado, había perseguido con una llave con la intención de romperle la cabeza.
La testigo dijo que Sánchez le proporcionaba cocaína y explicó por qué el consumo de sustancias aparecía en su experiencia laboral. “Me niego a estar careta y a no consumir para estar con un tipo porque es horroroso. Si ustedes pueden ir conscientes a su trabajo, los felicito; yo necesito consumir para superar estas situaciones donde no sé en qué momento mi cliente me descuartiza”, declaró.
Su relato incorporó una dimensión que excedía la relación particular con el acusado: las condiciones de vulnerabilidad y el riesgo que enfrentan las mujeres trans que ejercen el trabajo sexual en la calle. Un trabajo sexual al que llegan porque en los ámbitos laborales son discriminadas y no consiguen empleo, como surgió de la declaración de especialistas, los testimonios de las mujeres trans y la funcionaria Lorena Barabini.
En un momento de su declaración, la testigo se dirigió directamente al abogado defensor: “Estás defendiendo a una persona que asesinó a una compañera”. Y resumió su experiencia al contar que ella ha tenido que escapar de situaciones corriendo, incluso desnuda. Una frase atravesó su testimonio: “El cliente nunca tiene la razón”.
Al referirse a Azul, la describió como una mujer muy delgada y de poca fuerza física. Recordó los consejos que le daba para protegerse durante el trabajo: “Si tenés que bajarte del auto, bajate, no interesa, la ropa no importa, mañana te volvés a vestir, te comprás ropa. Si te ponés a discutir terminás así: cliente vivo y nosotras muertas”.
“A Sánchez le decían ‘el loco’. Siempre que lo he atendido ha sido en privado; lo conoce Neuquén y todo el Alto Valle”, afirmó.
Los testimonios de las trabajadoras sexuales no acreditaron por sí solos la responsabilidad penal por el crimen de Azul pero revelaron la violencia de Sánchez como cliente y se sumaron al relato de vecinos que explicaron cómo maltrataba a su pareja B.N.
En este sentido, pusieron en discusión la imagen que la defensa buscaba construir del acusado como una persona "alegre" y "picarón", introducida por un testigo propio que declaró que Azul lo atacó con un tenedor en un departamento que la mujer alquilaba en Almafuerte y dio un relato que perdió credibilidad.
Asi mismo, la versión de que Sánchez tenía buena relación con las trans, se contrastó con las escuchas telefónicas donde hablaba de Azul como "putos de mierda" y con sorna exclamaba que había sido "la primera vez con una trans" y que había terminado rápido. Como dijo la
“Este tipo tiene que ir preso”
Cabe recordar que después de declarar, una de las testigos salió y se reunió con sus compañeras de trabajo y con Marco Millapán, hermano de Azul. Allí expresó la convicción de que Sánchez debía ser declarado culpable y el temor que le había dejado el paso por el juicio.
“Este tipo tiene que ir preso porque si no todas las que declaramos estamos en riesgo”, dijo.
En una entrevista posterior con LM Neuquén, explicó nuevamente que Sánchez era un cliente habitual y que, según su experiencia, a bordo de su camioneta Ford Ranger blanca recorría la zona donde trabajaban las mujeres trans, por el bajo neuquino. En los encuentros les facilitaba cocaína.
En conversaciones con su familia reveladas durante el juicio aseguraba que Azul era la primera vez, pero eso no la sorprendió. "Él tenía esto de negar la relación que tenía con nosotras, ¿viste? Por machismo, por el ambiente en el que se manejaba, por cuestionamientos entre ellos", explicó.
Para la testigo, la violencia que rodeaba al acusado no podía separarse de la posibilidad de que sus vínculos con mujeres trans quedaran expuestos. “No se convirtió tan solo en un asesino, sino que tenía problemas él con la sociedad”, sostuvo, al describir lo que consideraba una ira que se manifestaba en distintas situaciones.
La mujer insistió en que las señales de peligro no siempre son evidentes para quienes observan desde afuera, pero sí forman parte de la experiencia cotidiana de las trabajadoras sexuales. Un cliente que deja cuchillos sobre la mesa, que se enfurece ante una negativa o que impide que una mujer se retire puede convertir un encuentro laboral en una situación de riesgo.
También cuestionó que el consumo de sustancias o las condiciones en las que trabajaba Azul pudieran utilizarse para relativizar la violencia que sufrió. Para ella, esas circunstancias no justificaban el crimen ni desplazaban la responsabilidad de quien lo cometió.
¿Una perpetua alcanza para el riesgo que sufren las trabajadoras sexuales?
Durante la entrevista con este diario, la mujer advirtió que la condena a perpetua que implica la sentencia de culpabilidad a Sánchez: "Lo único que nos asegura es que la sociedad entienda de que si matan van a recibir perpetua. Que si asesinan van a recibir perpetua, ¿entendés? Pero no quita el hecho de que no nos maten".
“Nosotras tenemos otros asesinos afuera. Nosotras no sabemos en qué momento se despierta un asesino y dice: ‘Ah, voy a hacer boleta a esta, si total está en la calle y nadie la mira’”.
Su reclamo apuntó, además, a la desigualdad que atraviesa a las trabajadoras sexuales trans cuando necesitan protección. “Cuestionamos a la trabajadora sexual por ser consumidora, cuestionamos a la trabajadora sexual por ser trabajadora sexual, por vivir de noche. Pero no cuestionamos a una sociedad que nos mata, que nos violentea, que nos discrimina”, sostuvo.
La mujer que tuvo la valentía de declarar en el juicio siendo que conocía tanto a Azul como a Sánchez también cuestionó las condiciones de vida en relación al costo económico. "Si Azul cobraba 1.300.000 por servir café es una museria, por eso ella se vio obligada a trabajar, porque no le cerraban los números", dijo.
En cuanto al consumo de sustancias, un tema en que la defensa de Sánchez insistió durante todo el juicio, la testigo expresó: "para estar con un cliente tenemos que consumir porque cuesta mucho ¿Por qué? Porque por más que la persona venga bañada, arreglada y perfumada ya es un asco, ¿me entendés? Estás pagando por sexo, ¿me entendés?". E insistió, como en la cuestión de la discriminación social, "no nos hacemos la magnitud de lo oscuro que es eso, es horrendo".
En este sentido reclamó seguridad y protección, no hostigamiento policial, y defendió el derecho de las trabajadoras sexuales a ser tratadas como ciudadanas.
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