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Un hermano, una fiscal y una perpetua: el final justiciero del crimen de Franco Ramírez

Una puñalada certera al corazón en una noche de alcohol y truco en Loncopué terminó con la vida de Franco Ramírez.

Hay crímenes que no terminan cuando el cuchillo se clava. Siguen, latiendo, en la familia que queda.

La madrugada del 1 de junio de 2025, en Loncopué, dos hombres compartían lo que debía ser una noche cualquiera: alcohol, cartas, truco. En medio de la partida, lo que era juego se volvió emboscada. Juan Pedro Cides, tomó un cuchillo y, a traición, le asestó una única puñalada al corazón a Franco Daniel Ramírez. El muchacho murió en el acto. Una muerte joven, absurda, traicionera.

El pueblo no lo dejó pasar. Loncopué, Caviahue, Las Lajas, marcharon. Sin embargo, hubo dos personas que convirtieron esa indignación en expediente, en escritos, en batallas que nadie vio.

Por un lado, su hermano. Sebastián Ramírez. No fue solo un familiar dolorido. Fue un paladín. Se constituyó como querellante particular, en nombre de Franco, y desde el primer día se hizo una promesa: ir con todo, contra lo que fuera y quien fuera, hasta que el asesino tuviera perpetua. Cada audiencia, cada escrito, cada discusión jurídica con cada defensor que pasó por la causa, fue parte de esa promesa.

Por el otro, una integrante del Ministerio Público Fiscal de Zapala que decidió involucrarse de lleno: la fiscal Laura Pizzipaulo. Con su equipo, llevó el caso a juicio y consiguió lo que el pueblo pedía.

El pasado 30 de abril, un jurado popular, con enorme valentía, dejó su vida de lado y dictó el veredicto: culpable del delito de Homicidio Agravado por Alevosía.

Pero la justicia tropezó. La jueza de cesura, Carolina González, consideró inconstitucional la prisión perpetua -la única pena que el artículo 80 inc. 2 del Código Penal prevé para ese delito- y le impuso a Cides una pena inventada: 20 años.

Esa decisión, que ninguna ley contempla, fue la que desató la última batalla.

La impugnación

Tanto la fiscalía como la querella impugnaron. El Ministerio Público cuestionó que la magistrada no había fundamentado de manera suficiente la inconstitucionalidad y había creado una pena que no existe. Sebastián, desde su rol, acompañó cada paso.

Finalmente, el 28 de agosto, la Sala del Tribunal de Impugnación Provincial, con las firmas de las juezas Patricia Lupica Cristo y Liliana Deiub y el juez Andrés Repetto, resolvió por unanimidad.

La resolución es contundente y quedará como jurisprudencia. En su Sentencia 58/2026, el Tribunal resolvió:

  • Declarar admisible la impugnación de la fiscalía.
  • Hacer lugar al recurso y declarar la Nulidad de la sentencia que había impuesto los 20 años.
  • Imponer a Juan Pedro Cides la pena de Prisión Perpetua, más accesorias legales, declarando inconstitucional para este caso el artículo 14 inc 1 del Código Penal y el 56 bis de la Ley 24.660, es decir, sin posibilidad de libertad condicional.

Los jueces remarcaron algo clave: la declaración de inconstitucionalidad debe usarse como último recurso, y la ley es clara. Para la alevosía, corresponde perpetua.

Consultada por LM Neuquén, la fiscal Pizzipaulo fue breve y contundente: "Es un fallo esperado y que respeta las normas vigentes. Nosotros impugnamos porque la sentencia de 20 años era una pena que la ley no prevé. El Código es claro en estos casos. El Tribunal, por unanimidad, revocó esa decisión y aplicó la pena que corresponde. Es un precedente importante".

El alivio

Para la familia Ramírez, es un alivio que llena el corazón y el alma. Como relató el propio Sebastián en contacto con este diario, hubo muchísimas batallas internas que nunca salieron en las noticias: recalificación, audiencias, escritos, batallas con defensores.

"La Justicia no actúa sola. Actúa cuando una familia y los ciudadanos no la dejan mirar para otro lado", dijo. "Nosotros hicimos que esta causa fuera imposible de ignorar - la gente desde las marchas y las redes, y yo desde adentro, como querellante".

A su vez destacó el trabajo y profesionalismo de la fiscal Laura Pizzipaulo y todo su equipo, que con compromiso defendieron lo justo, yendo por una sentencia ejemplar conforme a la ley, y trabajando ambos en conjunto en su rol como querellante particular en representación de Franco en toda la causa. También remarcó la labor del Tribunal de Impugnación: “Resolvió con racionalidad y compromiso con la ley”, afirmó.

Y cerró con la promesa cumplida, la que le hizo a su hermano en el primer día de dolor: "Franco, hermano: te extrañamos todos los días. Te prometí justicia y hoy puedo decirte que la cumplimos".

Franco era, según lo recuerdan, de esos tipos que siempre están. Un compañero de fierro. Cuando alguien lo necesitaba, ahí estaba él, más presente que nunca. Un gran padre, que estuvo desde siempre y en todo con su hija.

Su causa, ahora, deja de ser solo un expediente de Loncopué. Es una sentencia ejemplar, alineada con el criterio más reciente de la Corte Suprema, que podrá ser citada para que otras familias no tengan que pelear tanto para conseguir justicia real. -

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