Por perder la billetera en EE.UU., lo deportaron y terminó lejos de su familia

Mar del plata. Cuando Flavio Musmanno escuchó del otro lado teléfono una voz que le decía que habían encontrado su billetera, pensó en su buena suerte. Había llegado a Estados Unidos en el 2000 y, después de 18 años trabajando en la construcción, nunca imaginó que este hecho podría complicarle su vida. Y menos por culpa de una billetera con 40 dólares adentro.

Pero cuando arribó al lugar pactado para recuperarla, notó que algo no estaba bien. Se bajó del auto, entró a la estación de servicio donde había estado hacía apenas algunas horas y se quedó helado cuando se dio cuenta de que su vida estaba a punto de cambiar, para mal. Lo que ocurrió después fue una pesadilla: terminó esposado y trasladado de inmediato a la cárcel de Seneca, en el estado de Ohio, por su condición de ilegal.

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Flavio no tenía antecedentes criminales y era un destacado empleado de la construcción, que había llegado a Ohio después de ser ascendido a supervisor. Pero el martes 9 de octubre, tras 18 años viviendo y trabajando en Estados Unidos, Flavio debió subir al avión como deportado y dejar atrás a su familia.

Si no logra obtener un permiso especial que le permita regresar al país y reencontrarse con sus seres queridos, tendrá que aguardar 10 años para intentar volver a pisar Estados Unidos.

“Fue terrible la última semana, cuando ya sabía que me deportaban; lloré mucho, no dormí, me arrancaban de mi familia. No me dejaron ni siquiera despedirme de mi hijo: fue con un teléfono y con un vidrio de por medio. Como si fuera un delincuente”, se lamenta este hombre que hoy parece deambular por Mar del Plata. Aclara que durante la detención no fue maltratado, y que está agradecido al país que eligió con su mujer para criar a sus hijos. El trámite para regresar legalmente puede llevarle dos años y costarle unos U$S 15.000, una campaña en el sitio “gofundme” lleva reunidos U$S 3.600.

Hoy vive en un barrio de la periferia del puerto marplatense, con su mamá, que tiene 80 años, y dos hermanas. “Tengo un nudo acá, así”, y arma con sus manos una bola en la boca del estómago. “No me puedo quebrar, no me acomodo, sueño con mi hijo, con mis nietos, y con llegar al aeropuerto de Miami y ver ahí a toda mi familia esperándome. Sueño con ese abrazo”.

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