Preocupación por el aumento de la automedicación en la cuarentena

El dato se desprende de un informe elaborado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Luego de más de 60 días de confinamiento por la pandemia de coronavirus, un estudio realizado por el Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), dependiente de la Universidad de Buenos Aires (UBA), encendió las luces de alarma por el aumento del consumo de alcohol y de medicamentos no recetados para lidiar con el malestar emocional durante la cuarentena.

El observatorio había hecho un primer estudio en los últimos días de marzo, a través de una encuesta online, que reunió una muestra de 2631 casos. Ahora, un segundo sondeo realizado entre el 8 y el 12 de mayo bajo la misma modalidad arrojó que, en ese lapso de tiempo, el consumo de alcohol creció de 8,1 a 11,5% y que la automedicación subió de 10,53% a 13,54%. En tanto, la cantidad de personas que no sufrieron ningún tipo de malestar emocional o psicológico disminuyó de 38,5% a sólo 31,58%.

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El uso de fármacos vinculados al estado psicológico aumentó de 54,38 a 72,3%, mientras que los tratamientos relacionados a condiciones médicas se redujeron de 73,89 a 66,91%.

De acuerdo a la investigación, los nervios, el ánimo, la relajación, la ansiedad y los trastornos del sueño se incrementaron y se convirtieron en motivo de la ingesta de medicamentos. Las categorías más sensibles son los medicamentos destinados a aliviar la ansiedad (cuya demanda trepó del 18,47 al 23,03%) y para poder dormir (que pasó del 17,45 al 22,45%).

"La cuarentena es una medida excepcional que impacta sobre la conducta. Inhibe el acceso a conductas saludables, que funcionan como factores protectores, tales como el deporte, las salidas, la recreación, o la sexualidad. Cuando se inhiben todos esos factores o conductas saludables, para lidiar con el malestar, las personas se inclinan a conductas no saludables a las cuales sí tienen acceso, como el alcohol, el cigarrillo, el sedentarismo, o la mala alimentación. Se le está pidiendo a la población que modifique su conducta muy rápidamente y eso es muy estresante", señaló Martín Etchevers, secretario de Investigación de la Facultad de Psicología de la UBA y coordinador del estudio comparativo sobre el impacto psicológico de la cuarentena.

"(El alcohol y los medicamentos) son las dos drogas que actúan de manera inmediata. Ambas cosas regulan el malestar, pero por muy poco tiempo. Hacen bien en el momento, pero después agrandan la sintomatología y hacen que se mantenga el malestar o que se agrave, porque afecta el autoestima, aparece la culpa o te vas deprimiendo. Son conductas que aplican las personas para no sentirse mal. La medicación es buena, pero la automedicación es mala porque no está guiada, ni controlada, ni supervisada", advirtió Etchevers en una nota con La Nación.

De acuerdo al sondeo, quienes tenían síntomas psicológicos preexistentes, vieron subir el riesgo de sufrir un trastorno mental de 4,86% a 7,2%.

En tanto, los médicos y el personal sanitario que están en la primera línea de la lucha contra la pandemia, fueron identificados como un grupo especialmente expuesto al estrés y al desgaste emocional.

A su vez, las personas con un nivel socioeconómico medio o bajo también fueron calificadas como más propensas a sufrir malestares psicológicos, por las condiciones adversas que enfrentan (incertidumbre laboral, habitacional y económica) y porque no cuentan con los recursos suficientes para acceder a un tratamiento psicológico. Cerca del 38% de los encuestados consideró que debería estar recibiendo asistencia psicológica, pero que no puede hacerlo, en su mayoría, debido a problemas económicos.

También se registró una mayor vulnerabilidad en la población joven ya que se ve más afectada que la integrada por adultos mayores o de mediana edad. "Los jóvenes son quienes más están sufriendo el aislamiento. En la tercera edad el cambio de rutina abrupto es menor, mientras que en los jóvenes es mucho mayor", sostuvo Etchevers.

El estudio mostró también hallazgos consistentes con la literatura científica que reporta mayores niveles de prevalencia global de síntomas psicológica en mujeres que en hombres. Una de las explicaciones habituales de esta diferencia se centra en que las mujeres reciben mayor estrés considerando la cantidad de tareas que desempeñan y la presión social que reciben así como la discriminación y violencia de la cual son objeto.

Además del consumo de alcohol y medicamentos, la cuarentena también desató una suba de los trastornos del sueño, la insatisfacción respecto a la vida sexual, y la aparición de pensamientos suicidas.

"A mayor tiempo de cuarentena, mayor sintomatología. Cuando los síntomas se prolongan en el tiempo y no se tratan, hay más probabilidad de desarrollar un trastorno mental", postuló Etchevers.

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