Secretos y contradicciones de un ícono de la cultura popular
La vida del cuartetero Rodrigo Bueno llegó a la pantalla grande desatando polémicas, identificaciones, nostalgias y elogios por parte de la crítica especializada, que destacó la labor de la directora Lorena Muñoz en el desafío de bajar la figura del mítico cantante a la de una persona de carne y hueso.
Rodrigo (Rodrigo Romero), muy joven y pelilargo, sólo desea cantar. En este comienzo todo es ilusión y hay hasta cierta cuota de inocencia. La biopic rápidamente avanza hacia dos puntos de quiebre inmediatos en su vida: uno es el primer viaje a Buenos Aires y el otro es la trágica muerte de su padre (Daniel Aráoz) mientras canta en un escenario.
Lo que en un principio parecía color de rosa vira hacia el costado más desenfrenado y dramático donde se escarba en los conflictos y contradicciones emocionales del artista cordobés, mientras todos los secretos a voces se hacen presentes.
Florencia Peña en el rol de Betty Olave, Fernán Mirás con el traje del representante del Potro y Jimena Barón en la piel de Marixa Balli completan el elenco de una realización cargada de emociones que descolla en los momentos musicales.
“Rodrigo tenía una vida muy mediatizada, por eso nos decidimos por una película intimista. Entrevistamos a todo el mundo, incluidos los músicos. Ellos actúan en la película, e incluso convencimos a Ramiro (el hijo del cantante) para que haga un papel”, contó Muñoz.
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