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Sobrevivieron al Covid-19 y hoy pueden salvar vidas

Científicos argentinos van en busca del plasma "rico en anticuerpos" de pacientes recuperados para ayudar a otros infectados en estado crítico.

Silvana Salinas - especial

En la vereda de enfrente todo puede suceder: no hay ni que cruzar la calle porque la pandemia ya está aquí. La carrera contrarreloj comenzó y la ciencia avanza segundo a segundo para tratar de dar respuesta o de intentar contener las consecuencias irreversibles que está dejando a su paso el temido SARS-CoV-2, el virus responsable de la enfermedad que hoy se ganó los principales titulares: Covid-19.

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En todo el mundo largó la maratón para lograr una vacuna, una droga para “curar” el coronavirus o algún tratamiento que se atreva a hacer frente a semejante nube negra.

Y es en Argentina donde más de 70 profesionales, comandados por una experta en Química Biológica, se está desarrollando hoy un proyecto esperanzador.

Tiene un fundamento histórico y científico que lo avala, y de hecho ya se han iniciado algunas pruebas en el mundo, con resultados alentadores.

Es una técnica compleja que se desarrolla solo en laboratorios y en manos de expertos, pero que puede resumirse en pocas y sencillas palabras: pacientes recuperados que pueden ayudar a sanar a quienes enferman. ¿Cómo? Más fácil aún: donando plasma sanguíneo.

Así lo explica Laura Bover, doctora en Química Biológica. Una científica argentina que trabajó durante 30 años en el Conicet y desde los primeros años de 2000 conquistó su lugar en uno de los centros más importantes del mundo en materia de investigación, educación y tratamientos del cáncer, el MD Anderson Cancer Center de la Universidad de Texas.

“Cuando una persona se infecta con un virus la primera respuesta parte del sistema inmune. Produce anticuerpos con las células de los glóbulos blancos. Se trata de moléculas que van a defender al cuerpo de aquello que lo enferma. Esos anticuerpos específicos van a atacar directamente al virus. Si bien tenemos anticuerpos para defendernos de otros padecimientos producto de las vacunas, necesitamos que nuestro sistema inmune prepare y tenga listos para usar anticuerpos para la COVID-19. Cuando un sujeto se cura, más allá de la medicación que haya recibido, desarrolló esos anticuerpos que lo ayudaron a curarse”, describe Bover.

Su plasma “rico en anticuerpos” es lo que puede salvar a otros.

¿Quiénes están detrás del proyecto?

Una red de ayuda constituida por investigadores y médicos argentinos y otros profesionales, unos pocos radicados en Estados Unidos, está dedicada a la elaboración de un protocolo de emergencia para la utilización del plasma de pacientes convalecientes.

Este grupo, autodenominado CPC-19 (Convalescent Plasma COVID19) ha basado el inicio de su trabajo, en los protocolos que generosamente hizo públicos el Dr. Arturo Casadevall, investigador de Johns Hopkins University, en Baltimore y serán usados en Argentina.

Esta red integrada por más de 70 profesionales, encabezada por la Dra. Laura Bover, Directora del laboratorio de anticuerpos monoclonales e investigadora argentina del MD Anderson Cancer Center de Houston, ya elaboró y envió con fecha 5 de abril de 2020 al ente coordinador de Dirección de Sangre y Hemoderivados del Ministerio de Salud de la Nación Argentina, a cargo de Daniel Fontana el Protocolo para colectar plasma del donante voluntario de forma segura.

También se presentó el protocolo técnico de calidad de esa donación, que debe ser rica en anticuerpos del paciente recuperado que reconozcan y bloqueen en ensayos de laboratorio al virus SARS-CoV2. Esto demostraría que puede ser usado en pacientes que aún padecen la enfermedad.

Se finaliza además el Protocolo para el paciente que recibiría, consintiendo voluntariamente, la transfusión.

La utilización de Plasma convaleciente (de pacientes recuperados) se daría en el caso de pacientes que no respondieran a las terapias aprobadas de emergencia por el Ministerio de Salud de la República Argentina. Esta terapia también de emergencia consistiría en el uso inmediato potencial o uso compasivo, de plasma de pacientes convalecientes recuperados, que hayan padecido COVID-19 (Enfermedad de Coronavirus), debida a infección con el virus SARS-CoV-2.

Cuando el organismo “ataca” al enemigo

Ante una infección con patógenos como este virus, el sistema inmune responde a la agresión iniciando una serie de eventos. Uno de los primeros pasos que ocurren, es que, parte de los glóbulos blancos del organismo, secretan anticuerpos responsables de “atacar” al enemigo, que en este caso es el Coronavirus.

Es decir, los anticuerpos presentes en el suero son producidos por el propio sistema inmune, y en el caso de los pacientes que se recuperan han sido parte importantísima en su recuperación, porque dicho plasma, está enriquecido en anticuerpos específicos contra el virus, y podría ser utilizado como terapia para el tratamiento de pacientes, particularmente de alto riesgo y/o con grado severo de la enfermedad.

Anticuerpos específicos significa que los anticuerpos que produce el sistema inmune, tienen nombre y apellido: anti-Coronavirus.

Este tratamiento no es nuevo. Algunas enfermedades infecciosas, emergentes y transformadas en epidemias o pandemias se han resuelto utilizando este tratamiento. La historia registra casos como el del virus de fiebre hemorrágica de Argentina, o el del parvovirus B19 que destruye glóbulos rojos, explican los expertos.

Qué dicen los expertos

Ricardo Ruggeri, Director Técnico de Leben Salud, explicó que los protocolos del proyecto CPC-19 especifican que los principales destinatarios son los pacientes con COVID-19 en estado severo.

“La intención del proyecto CPC-19 es generar protocolos para unificar criterios en las etapas de donación y recolección del plasma, los controles de calidad y la selección de pacientes para infundir (aplicar) el plasma al paciente receptor”, dijo el Bioingeniero y Físico Medico , uno de los máximos referentes del COI de Leben Salud, que integra el “Proyecto Plasma”.

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Ricardo Ruggeri, uno de los especialista neuquinos que participa del proyecto plasma.

Ricardo Ruggeri, uno de los especialista neuquinos que participa del proyecto plasma.

“Pero como todavía no hay una directriz, una metodología nacional para realizar el tratamiento, en algunos centros donde se ha comenzado, cada uno aplica su propio protocolo”, agregó.

En la región patagónica se está diseñando una amplia campaña de difusión e información “ya que hay muchas personas que desconocen qué es el plasma, cómo se dona. Y tienen que saber que se pueden hacer varios procedimientos y es de muy rápida recuperación para los pacientes y no tiene riesgo alguno”.

Laura Bover, doctora en Química Biológica, por su parte, manifestó que los pilares más fuertes de este proyecto son históricos, porque en muchas enfermedades infecciosas, incluida la fiebre hemorrágica argentina, que la produce el virus Junín, se utilizó este tipo de terapia. Es decir, el plasma de pacientes que se habían curado de la enfermedad, a los que llamamos pacientes convalecientes. Esto se realizó en Argentina en 1972 y el doctor Julio Maiztegui, quien inició esa terapia, logró bajar la mortalidad por fiebre hemorrágica del 30% a un 1%.

Pero no sólo en el virus Junin se ha utilizado. También en otras epidemias incluida la del ébola, la infección del virus H1N1 de influenza, incluido el MERS (síndrome respiratorio de Medio Oriente) y también en el SARS se utilizó la misma metodología, y en la mayoría de los casos los pacientes tuvieron respuestas positivas.

- ¿Se ha comenzado a utilizar esta terapia en el mundo?

- Hay reportes de emergencia, de investigadores chinos porque ellos tuvieron los primeros casos de infectados y reportaron que tuvieron respuesta de los pacientes. En Italia se obtuvo casos también pero no fue reportado científicamente. En Estados Unidos recién hace muy poco se empezó a aplicar con los primeros donantes recuperados.

- ¿Cómo surgió el “proyecto plasma” y por qué puede ser esperanzador?

- En enero fue cuando empecé a ver los casos de China y comencé a pensar ‘ojalá que estén juntando plasma de los recuperados’. Después vi que en el Hospital El Cruce aparecieron los dos primeros recuperados de Argentina y ahí comencé a contactarme e investigar. Y es esperanzador por la historia y por los trabajos que han comenzado a publicarse, si bien no son publicaciones científicas formales, en medio de una pandemia.

Red de investigación y sostén

El grupo encabezado por la doctora Bover cuenta con profesionales como el Dr. Gabriel Rabinovich, director del Laboratorio de Inmunopatología del IBYME, la doctora Inés Bravo, jefa de Medicina Translacional del Hospital El Cruce de Florencio Varela, la doctora Florencia McAllister, inmunóloga y oncóloga argentina, directora del Laboratorio de Inmunología y Respuesta Inmune del MD Anderson en Texas, el biólogo Carlos Cimmino del Instituto Nacional de Epidemiología Juan Jara, de Mar del Plata, la Dra. Viviana Rotbaum, hemoterapeuta de la Fundación Hemocentro Buenos Aires, la doctora Graciela Remondino, inmunóloga, el bioingeniero y físico médico Ricardo Ruggeri, de Leben Salud, Neuquén, y una lista de profesionales del INTA Castelar, Instituto Malbrán, IBYME, Htal. Centenario de Rosario, Children’s Hospital de Pennsylvania, Clínica Pueyrredón de Mar del Plata, clínicas de Neuquén y de Uruguay, etc.

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