"Soy libre, feminista y no me interesa lo que digan"
Paula Bistagnino
Especial
Dice que siempre le gustó actuar. Desde que era una nena iba con su papá, Alejandro Awada, a donde él tuviera que filmar o ensayar y se quedaba merodeando por ahí, incluso cuando se iba de gira. Y ya a los 8 años empezó a estudiar teatro y desde entonces no paró. “Mi papá siempre me acompañó en mis decisiones pero jamás me dijo lo que tenía que hacer ni me impuso nada. Si tenía que estudiar o no, si tenía que estudiar con tal o no. Fui siempre muy libre en eso y en otras cosas. Jamás me dijeron lo que tenía que hacer”, dice Naiara Awada, que sabe que su apellido ya la planta en un lugar distinto al de cualquier otro actor. Porque es “la hija de” y ahora también, con bastante más polémica por este lado, la sobrina de Juliana Awada.
Soy súper feminista y no tengo ningún mambo. Estuve bailando todo el verano en una fiesta gay y ahora bailo en las fiestas Club 69”.
¿Cómo fue la entrada al medio?
Estudiaba teatro con Nora Moseinco, que fue una de mis maestras (el otro fue Julio Chávez) e iba a todos los castings que ella iba pegando en la pared en la escuela. Y de un montón que no quedé, quedé en Dulce de leche, la película de Mariano Galperín. Tenía 16 años y estaba como loca. Fue lo primero que hice en cine, y ahí arranqué. Ahí confirmé que era eso lo que me gustaba: comprobar que era lo que yo quería. Sobre todo cine... Es esto lo que me gusta.
¿Cómo se lleva la frustración de los castings en los que te rechazan o el teléfono que no suena?
Hay mucha frustración. De cada 40 castings, quedás en uno o en dos, o en tres. Hasta el año pasado sufrí y me frustré más de lo que trabajé. Y en 2016 fue la confirmación de que puedo vivir de esto. Hasta 2015 era terrible: llegaba llorando a mi casa desesperada. Sabía que me gustaba pero no sabía si iba a poder vivir de esto.
¿Tu papá te lo había advertido?
Sí, mi papá siempre me decía: está esta parte, pero también está esto otro, eh. Y uno nunca sabe cómo va a ser, cuánto va a durar... Él me lo advirtió porque de alguna manera fue él que me encendió el bicho y se siente un poco responsable de meterme en este camino.
¿Pesa el apellido?
Siempre está el tema de “ser el hijo de” pero yo lo llevo con orgullo... Al lado del placer que a mí me da actuar, me resbala lo que opinen. Y quienes me conocen saben el esfuerzo que yo hice para lograr cada cosa. Así que el resto, que se curta.
¿Cuánto te tentó del papel hacer un desnudo?
No, nada. Eso fue lo que me frenó. Y hasta que no supe que era un plano general y de lejos, de medio cuerpo, me calmé y me animé. Pero no me resultó fácil. No tengo problemas con mi cuerpo: soy feminista, súper feminista, amo mi cuerpo, soy libre, muy libre, no tengo ningún mambo, pero no me pongo en bolas porque sí. De hecho bailo en un boliche: estuve bailando todo el verano en una fiesta gay y ahora bailo en las fiestas Club 69... Es mi manera de militar el feminismo: hacer lo que quiero. Mostrar mi cuerpo cuando quiero y como quiero, ser libre con mi cuerpo y en mi vida, en el sexo... Soy así, soy libre, aunque por eso soy un dolor de cabeza para mi familia.
¿Te condiciona que tu tía sea la esposa del Presidente?
No me condiciona pero sí me rompe las bolas... Desde entonces empezaron los llamados, los pedidos de bajar el perfil... La verdad es que a mí no me importa y yo voy a hacer lo que quiero. Intento no involucrarlos pero es imposible porque es mi familia.
¿Quién te llama para decirte que bajes el perfil?
No, ella no. Son más bien mi abuela, mi papá... Sobre todo porque a mi papá le pasó lo que le pasó.
Pero igual hablás de política cuando hace falta, como tu papá, y eso hizo que te digan que sos kirchnerista...
No tengo una ideología política marcada, a mí me interesa que el país esté bien. Me molesta mucho que me digan “la sobrina K” y además me parece despectivo. Y todo el quilombo que se armó fue porque yo hablé del país... Me preocupa mi país y punto. Lo de la ideología K o no K lo ponen otros.
¿Qué es lo que no te gusta del país de Mauricio Macri?
No quiero hablar de lo que no me gusta, sino de lo que me gustaría: quiero que se termine la pobreza y la inseguridad, que todo el mundo tenga trabajo, que se termine la violencia y la agresión por pensar distinto, y la inseguridad que es consecuencia de todo esto... Me parece gravísimo el tema educativo porque sin educación no somos nada. Y lo digo yo, que estuve por dejar la escuela 300 veces: sin educación no podés hablar frente a cámara, ni con tu mamá, ni defenderte, ni nada... Quiero eso y me encantaría que este gobierno lo logre. Cuando me dicen que quiero que le vaya mal a Mauricio, ¡no! Quiero que le vaya genial, quiero este país que te digo.
¿Todo esto perjudicó la relación con tu tía?
No, no, está todo bien y esto se genera desde los medios.
¿Cuánto te bancás terminar siempre hablando de esto?
Me lo banco porque me lo tengo que bancar, pero sí, estoy esperando el momento de que sólo pueda hablar de mí, de mi trabajo, de lo que hago. Mientras tanto, la remo y le hago frente. Ya está, es quien soy también.
Protagonismo
Es probable que el protagonismo repentino de Naiara siga a lo largo de 2017. Estará de estreno casi todo el año: recientemente, en Hipersomnia y, antes de la serie Nafta Súper, en Corralón de Eduardo Pinto, con Luciano Cáceres y Brenda Gandini. También, BB&B, con Rodrigo Guirao Díaz, y una serie de 13 capítulos para HBO, La pulsera, con Romina Ricci. Ahora filma una película de Nicanor Loreti con Sofía Gala.
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