Tatiana, la coreógrafa neuquina que sueña entre famosos y no se olvida de sus raíces

Tatiana Saavedra se mudó a Buenos Aires para cumplir su sueño. Y lo hizo. Actuó con Jimena Barón, en Aladdín y en Simona, y esta semana le estalló la fama por su aparición elogiada en el "Bailando". "El nivel de exposición es una locura: de repente la gente te saluda o te pide fotos", cuenta.

Por Paula Bistagnino - Especial

En la calle el calor y el tránsito están insoportables. Pero puertas adentro del Estudio Reina Reech, en pleno Palermo Soho, varias chicas van y vienen como en un gran camarín: rodetes, pelo tirante, calzas y tops, algunas maquilladas, parecen casi listas para salir a una pista de baile y ajenas a lo que sucede fuera un jueves a la tarde. Entre ellas aparece, mate en mano, Tatiana Saavedra: calcitas fucsias, zapatillas y el pelo suelto, sonriente.

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Todavía se divierte por todo esto que está pasando con ella desde que hace un par de días pasó –por cuarta vez- por la pista de Bailando por un sueño y Flavio Mendoza, deslumbrado, dijo: “Me encanta esa chica, divina, en cámara daba increíble, ¿de dónde es?”, en referencia a sus rasgos algo “achinados”. Y ella dijo: “Neuquina”, con la frescura con la que ahora charla con LM Neuquén en un pequeño corte entre las clases que da, las que toma, los ensayos, y los mensajes y llamados que le llegan para felicitarla y comentarle su performance en la pista de Showmatch.

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Tatiana tiene 29 años y el corazón en Cutral Co. “Cutral”, le dice ella a la ciudad en la que creció y vivió hasta los 18 años, cuando decidió irse a Buenos Aires a estudiar lo que desde muy chica ya se notaba que era su pasión: ser coreógrafa. Hija de una ama de casa y un electricista –“es el electricista del pueblo, no hay quien no lo conozca”, agrega-, es la más chica de cuatro hermanos y la única mujer. También fue la única que no siguió el mandato de una “carrera universitaria”: uno es politólogo, otro abogado y otro profesor de matemáticas, y también viven en Buenos Aires. “Tuve cero presión de mis viejos de que tenía que seguir una carrera, digamos, formal. Y si bien yo hasta tercer año del secundario decía que iba a estudiar periodismo deportivo, fue mi mamá la que me vio claramente esta vocación y me encontró la carrera de coreógrafa en lo de Reina Reech, que yo ni siquiera sabía que existía. Mi vieja y toda mi familia fueron y son fundamentales para que yo haga esto y hoy esté acá”, cuenta orgullosa. Y dice que era tan evidente que era esto lo de ella, que su mamá le dijo: ‘Vos no servís para otra cosa, Tatiana’”.

Bailar, siempre bailar

Todo empezó en la escuela: no había acto escolar, fiesta familiar, evento de cualquier clase en el que ella pudiera participar y no participara. “Mi vieja lo veía, pero no me mandó a danzas hasta que yo no le pedí ir. No quería ser ella la que me mandara”. Así fue que a los 13 años empezó a estudiar danzas españolas, que era lo que había entonces en Cutral Co, pero que además le encanta.

Antes de eso, a los 11 o 12 años y de la mano del auge del grupo Bandana, formó su primer grupo musical con amigas –a iniciativa suya- y empezó a hacer shows: “Teníamos vestuario, coreografías propias, cantábamos… Nos presentábamos en todos lados, nos conocían todos –se ríe-: yo firmaba autógrafos en el colegio”, cuenta y dice que fue la única que siguió el camino artístico.

Cuando llegó a Buenos Aires lo primero que hizo fue buscar el programa de la escuela de Reina Reech y una profesora que la formara, porque el examen era de jazz y clásico, y ella sólo tenía formación en español. Pasó el ingreso y empezó. Ya en el último año de la carrera –ella fue de la primera camada de coreógrafos de la escuela-, en 2011, se convirtió en ayudante de otros profesores y no pasó mucho hasta que ella se convirtió en docente. Además, hacía algunos eventos de marcas o shows en fiestas o lugares. Entonces ya existía y estaba posicionado Bailando por un sueño pero a ella no le interesaba. Tampoco le interesaba mucho la revista ni el musical, entonces no

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. Es más, su energía la puso en crear una compañía propia con otras compañeras-colegas a las que conoció cuando terminó la carrera y siguió formándose con Denise Montel De La Roche –coreógrafa de Lali Espósito, entre otras figuras, además de gran maestra de decenas de bailarinas-: la bautizaron Sauce y ofrecían shows. Pero además se presentaron en un concurso que ganaron y gracias a eso se fue a formar a Nueva York y después a Los Ángeles.

El “mundo Tinelli” llegó por casualidad y causalidad: en 2017, tras ser la coreógrafa de “Reina en Colores, el regreso” –su primer gran desafío y por el que dice que estará agradecida siempre-, se animó a audicionar para la comedia musical Aladdin y bailó en el Gran Rex. “Increíble, un sueño”, dice. Después, porque era la misma productora, llegó Simona e hizo el Luna Park y giras por el país: “Fuimos a Neuquén y fue hermoso, inolvidable. Un poco empecé a tener otro gustito y una cosa empezó a traer la otra: al años siguiente volvimos al Gran Rex con Aladdin y ahí conocí a Fer Dente”.

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Entre una y otra cosa, llegó el primer llamado del mundo Bailando –aunque no directamente-, que fue para para acompañar a Jimena Barón en su lanzamiento con “La Tonta”; después hizo la apertura con Simona, porque era parte del equipo de bailarinas, y bailó el ritmo con Silvina y Vanina Escudero. Y ahora fue la cuarta, con Dente y con Macarena Rinaldi, a la que ya conocía porque fueron compañeras de la carrera en lo de Reina. La llamó la coreógrafa “La Catta”, y ella plantó a Ailen Bechara, que la había llamado primero, para ir con ellos. “La verdad es que el Bailando nunca fue un lugar de llegada. Siempre lo vi como: qué bueno, porque de verdad que generó un gran interés por el baile y muchísimo laburo. Pero no lo veía para mí. Es más, las veces que fui siempre pensaba en que me daría miedo ser ‘la bailarina’, porque no sé si me interesa esa exposición, porque además tengo una carácter muy fuerte y no sé si me la bancaría: no te la remo mucho. Es como el otro día: ‘¿Sos oriental?’, me preguntaron. Y yo: ‘No, soy neuquina’. Punto. Y no dije Cutral Co, porque me llegaban a preguntar dónde es y me iba a enojar”, cuenta.

Dice que no esperaba que pasara nada el lunes cuando fue a bailar. Que lo único que quería era bailar bien y no mandarse ninguna que la dejara escrachada. Pero que ni se esperaba una intervención y menos aún lo que eso generó. “Creo que está bueno que esto pase cuando yo estoy mejor plantada. Esto que pasó es nada: dos segundos y una pregunta, y sin embargo todo lo que genera es algo que todavía me asombra. El nivel de exposición es una locura: de repente la gente te saluda o te pide fotos. Y pienso que si te agarra muy de chica o mal plantada, no debe estar bueno”. Igual, aclara que no es su meta y que hoy y ya desde hace muchos años, tiene una vida que le encanta desde que se levanta hasta que se acuesta, todos los días. “Me encanta todo lo que hago: dar clases, entrenar, bailar, coreografiar”. Entre las clases que da, tiene a muchos famosos como alumnos, y de ahí van surgiendo proyectos todo el tiempo. “No sé qué vendrá. No sé si se vendrá ir al Bailando, puede pasar. Qué se yo”.

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--> "Me encantaría abrir mi escuela en Neuquén”

Lleva más de una década fuera de Cutral Co, pero la unión con su ciudad natal es indisoluble: primero porque allá vive toda su familia –padres, tíos, primos, etc- y porque además es su lugar. “Me encanta vivir en Buenos Aires, pero yo soy de allá. Y además de mi familia, sigo en contacto con todos mis amigos, con los padres de mis amigos, que también me mandan mensajes. Soy de ahí. Por suerte tengo a mis hermanos acá, y ahora un sobrino, eso hace que mis viejos vengan a vernos mucho. Porque además ellos son muy compañeros nuestros: y vienen no solo si yo bailo en el Gran Rex, sino que vienen para todo lo de los cuatro. Igual, yo extraño el ir allá, porque a veces se complica”, explica.

Pero que espera volver este verano –además en enero cumple 30 años- y relajar: “Extraño los asados eso familiares, con todos juntos, el domingo, todos corriendo, mi abuelo en la punta, mi viejo en la parrilla… Eso, la siesta. Las juntadas con amigos…”. Y salir a bailar, cosa que en Buenos Aires casi no hace pero que en Cutral Co siempre: “Me levanto al mediodía y mi mamá me trae la comida a la cama”. Y yendo al pasado, dice que “crecer en Cutral fue lo mejor del mundo”, y recuerda especialmente las salidas con amigos, los días de la estudiantina y, por supuesto, los viajes de mochila a los 7 lagos.

En los últimos años casi todos sus viajes fueron para dar seminarios y clases en Neuquén y en Cutral Co. Así que espera que eso se multiplique. Mientras tanto sigue bailando y sueña con que algún día pueda tener su escuela en Neuquén para así poder ir muy seguido. Y asegura que se ve bailando hasta que no pueda más. Y cuando no pueda más, igual dando clases o coreografiando y marcando el ritmo con el bastón.

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