Un alumno la golpeó y perdió la visión de un ojo

La docente recibió en el aula una trompada de un chico de 13 años.

Entre Ríos

La docente Julieta Petrolo, a través de una conmovedora carta, intentó contar el horror que vivió luego de ser violentamente golpeada por un alumno de quinto grado de la Escuela Primaria Número 109 Carlos Daniel Vila, de La Paz, en la provincia de Entre Ríos.

El 25 de abril, la maestra estaba haciendo una suplencia a raíz de un ACV que había sufrido la docente titular. Según relató, ingresó al aula, se presentó y cuando se dio vuelta para escribir en el pizarrón, un estudiante de unos 13 años comenzó a golpear ferozmente a un compañero más chico en medio de la clase.

“Este nene, de avanzada edad, tira contra el piso a un chico de 10 años. Era más chico. Los separé como haría cualquiera. En ese momento se dio vuelta, me empezó a mirar y me golpeó”. Un solo golpe recibió la maestra, pero fue suficiente para ocasionarle un gran daño: cuatro vértebras comprometidas, una distensión de hombro que no le permite mover el brazo y el 90% la vista del ojo izquierdo perdido.

“No hablé con los papás del alumno porque desde ese día no fui más al colegio. El chico sigue igual, nadie hizo nada. No lo puedo manejar todavía. Sigo teniendo miedo”. Julieta Petrolo La docente agredida hizo un crudo relato en Facebook.

“Choqué contra la pared y ahí fue donde se desató todo. El tema de la vista fue que al distender el hombro movió la cervical, movió los nervios de cerebro y me afectó la vista”, detalló la víctima, quien tuvo que viajar hasta la ciudad de Paraná para reclamarle a la ART, ya que no se quiere hacer cargo del tratamiento.

“Estoy vendiendo ropa usada porque no puedo cubrir el tratamiento médico porque la ART no se hace cargo de nada y más en el caso mío porque yo soy suplente. Me dicen que ‘no corresponde’”, denunció la mujer. Entre lágrimas, la maestra no duda en asegurar que por este episodio perdió su vocación y que tiene miedo de entrar al colegio.

“Me sentí una bolsa de boxeo porque uno no se puede defender. No sólo porque es un niño sino porque uno no tiene que atacar al débil. Los compañeros se asustaron y le pidieron que parara. Él se sentó y agarró el libro como si nada”, agregó Julieta, y dijo que se siente abandonada por el Estado y que la carta que publicó en Facebook no fue para buscar reconocimiento sino porque “no daba más” por la angustia. Remarcó que aún siente miedo y que desde la familia del agresor nadie se acercó para ver su estado de salud y menos para ofrecerle disculpas.

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