Un Ironman neuquino que desafía a los mejores triatletas del mundo en Sudáfrica

Carlos Etcheverry es un ingeniero que mezcla la rutina de la industria petrolera con los duros entrenamientos para correr triatlones. Participará el fin de semana de una cita histórica. el Mundial de Ironman que por primera vez pisará suelo africano.

A cien años del nacimiento de Nelson Mandela, en la bahía que lleva su nombre en Port Elizabeth, miles de atletas de todo el mundo se darán cita este fin de semana en un triatlón histórico: la primera carrera por el Mundial de Iroman en suelo africano. Y allí, en el punto de partida, a orillas del mar y con la mente y el cuerpo preparados para afrontar un desafío de 70.3 millas y más de 5 horas, estará el neuquino Carlos Etcheverry, cumpliendo un sueño difícil de imaginar cuando empezó a correr hace apenas un puñado de años.

“La noche anterior a la carrera, ni los profesionales duermen bien, por los nervios. A veces ponen redes en el agua porque puede haber tiburones, tengo que averiguar si va a pasar eso ahora”, cuenta con toda tranquilidad antes de partir hacia el continente africano para encarar los 1900 metros de natación, 90 kilómetros de bicicleta y 21 kilómetros de pedestrismo. Y cumplir un sueño.

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Cada Ironman encierra miles de historia originales. Y la de este ingeniero de 54 años nacido en Zapala tiene sus particularidades. Con tres décadas de experiencia en reconocidas empresas petroleras, cambió el fútbol y el básquet que practicó de muy joven en Neuquén (integró las filas de Independiente) por el running. Pero todo cambió de verdad cuando un amigo lo tentó a participar en un triatlón. “Mirá que es largo”, le avisó. La advertencia no lo asustó, ni tener que sumar la natación y el ciclismo a su rutina.

“Arranqué y no paré nunca más. Era un desafío. Pensar que yo sí podía hacerlo. Hoy entreno seis días a la semana, dos días de cada disciplina, y descanso uno. Es un deporte más solitario que salir a correr. Los que se levantan a las seis y media de la mañana para entrenar, como lo hago yo, por el trabajo, no son muchos”, relata.

En la primera carrera en la que participó no le fue nada mal, gracias a un físico resistente que le permitió desarrollarse en el deporte. “Como iban pasando los años y mejoraba, me propuse hacer algo más en serio. Y justo en una carrera conocí a Mario de Elias. Después él empezó a entrenar gente vía internet y me pone día a día lo que tengo que hacer en los entrenamientos”, cuenta Etcheverry, que le dedica un par de horas por día a ponerse a tono para tamaña exigencia y durante el verano entrena en su lugar preferido, la cordillera.

En plena temporada, usa su estadía al mando del hotel Alto Traful para entrenar en uno de los lugares paradisíacos de Neuquén: “Hay atletas que van a competir solo a lugares donde hace mucho calor o mucho frío. A mí me va bien en lugares de montaña, por eso voy a las de Bariloche o me va bien como me pasó en Canadá”.

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“Los entrenamientos en realidad son cinco: nadar, andar en bici, correr, descansar y comer bien. Si no hacés bien todo eso, no se puede. Hay que tener muchas ganas. No hay edad para arrancar, eso es bueno, pero hay sacrificios. Y por eso te tiene que acompañar la familia, a la que le sacas horas que no les podés robar al trabajo o al sueño. A veces me dicen algo, pero me ven bien de salud, entusiasmado, y no me dicen nada. Ahora arreglo con mi señora: ella elije los lugares para que yo vaya a correr los triatlones y ahí vamos los dos” admite. Y comparte su experiencia: “La primera recomendación que yo daría es que hay que amar el entrenamiento. Porque entrenás cientos de horas para correr solo cinco. Tenés que disfrutarlo, sino es complicado y hay que hacer otro tipo de deporte. Hay que saber organizarse, manejar los tiempos cuando trabajás largas jornadas”.

Con esa contracción a seguir la rutina, Etcheverry consiguió sus objetivos en el último año. Y va por nuevos. “El año pasado hice 11 carreras, este año el objetivo era subir al podio y lo hice dos veces. Ahora justo se dio en Canadá que logré la marca y clasifiqué para el Mundial de Sudáfrica. Hay que estar entre los mejores y tener un poquito de suerte. El Iroman completo, de 140 millas, es en Hawai. El año que viene cambio de categoría, paso con los viejitos de 55-60 años y ya empiezo a entrenar para ver si puedo estar en Hawai. Lo he hecho en 11 horas, haciendo en diez horas y cuarto, podría clasificar”.

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La ingeniería y el yoga

Con una rutina bien diferente en el mundo del petróleo, Etcheverry sabe que su profesión le dio herramientas útiles cada vez que se lanza a una carrera. “Hay un software para planificar y comparar tiempos. Yo arranco a una velocidad, y ya sé en cuánto voy a terminar la carrera, no le erro por más de uno o dos minutos. Pero en lo que más me ayuda la estructura mental de un ingeniero es en ser constante. Haber trabajo en empresas exigentes en la industria del petróleo te ayuda, es algo natural. Hay un hábito. La experiencia laboral y de vida que tuve me ayudó mucho. También haberme casado a los 20 años, a los 22 años ya tenía dos nenas, trabajaba y estudiaba”, cuenta como parte de sus secretos para haber superado el esfuerzo de la actividad.

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Que también tiene sus recompensas: “Me cambió la salud, te sentís siempre bien, nunca estás cansado. Cuando estás nadando más de una hora tenés que pensar en algo, y a mí me ayuda a resolver problemas, te surgen ideas, te ayuda a la salud, la disciplina. Y algo que mí me ayudó mucho es algo que hacen todos los número uno del mundo: el yoga. Bajás las pulsaciones cardíacas, mejorás la elongación, tenés mayor velocidad y menos lesiones”.

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