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Un lenguaje mordaz y divertido

El dramaturgo Fernando Ávila llega mañana a las 21.30 a Teatro El Viento con “El Circo de los Mendicantes”, donde a través de mendigos invita a reflexionar sobre su rol en la sociedad.

Neuquén > Fernando Ávila nuevamente visita la ciudad con su obra de títeres “El Circo de los Mendicantes”, que mañana subirá a escena a las 21.30 en Teatro El Viento (Juan B. Justo 648). Con esta puesta, el director y dramaturgo, a través de mendigos,  instala su impronta irónica y cínica al exteriorizar a la miseria como parte de la “diversión”.
Nacido en esta provincia, Ávila, quien en 2008 continuó su carrera en Buenos Aires, decidió tomar el circo como un espacio de entretenimiento y llevar sus personajes, los indigentes que se encuentran en las grandes concentraciones urbanas, a la sala. “Es un teatro que usa objetos y muñecos para llevar adelante la historia y aparece un actor en escena, que soy yo. La obra la estrenamos en Buenos Aires. Hicimos funciones en cárceles, escuelas y teatros”, comentó el director. 
“Fue usar la lente del entrenamiento y el humor, tomar una temática cotidiana como la mendicidad o despojo y a partir de ahí construir un puente para ver qué roles ocupamos las personas en cada lugar”, agregó el dramaturgo.
Por “El Circo de los Mendicantes” transitarán personajes numerosos y desiguales, como  un loco, un ciego, una mujer que incluye el pedido de una moneda como una letanía, un hincha de fútbol. Lo único que tienen en común es que son individuos desgarrados y en algunos casos recompuestos.
Cabe resaltar que cada “protagonista” es  presentado por Tersites, un anfitrión-verdugo, que les da paso para que puedan quitarse el peso de sus historias a cambio de un poco de atención.
“Los personajes, son rápidamente identificados por todas las personas que viven en cualquier ciudad, ya que la mendicidad (desafortunadamente) forma parte de la realidad social que habitamos”, detalló Ávila que anoche hacía su primera presentación en la sala neuquina.
Ávila detalló que cuando desarrollaba su puesta en la calle mucha gente se vio impresionada por su espectáculo y hasta lo quiso agredir.
“Cada uno de los muñecos tiene una dramaturgia propia y son pequeñas secuencias y monólogos para llegar al público, porque se generaba una ruptura muy grande con lo que sucedía en la calle, que era una cosa más directa. En la calle se armaba como un corredor de mendigos y la gente los ignoraba hasta que recababa que eran títeres, entonces se asustaba y fue eso lo que me llevó a trabajar para que no suceda ese intercambio con el cual venía trabajando”, explicó el neuquino.
Arraigado al teatro independiente, una forma que es la mejor que encuentra, Ávila prefiere y reivindica su labor antes de “depender de algún organismo”. De hecho, decidió no registrar las obras en Argentores.
“Hacer eso implica reservar los derechos de la obra, por eso todo el material que tenemos lo dejamos a disposición de todas las personas. Tratamos de llegar a todos los ámbitos posibles. No sólo a una sala sino a cárceles, hospitales y psiquiátricos en los que es el armado de nuestra gira o proyectos. Esto lo hacemos siempre desde el lugar de la independencia porque ni siquiera solicitamos subsidios”, afirmó el director integrante del grupo Teatro de Tersites.

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