Una historia local en un film sobre femicidios
Pablo Montanaro
NEUQUÉN
En Argentina, cada 30 horas una mujer muere víctima de femicidio. Esa frecuencia, de una realidad lamentable, es el título que eligió la directora de cine Alejandra Perdomo para el documental en el que aborda la problemática de la violencia de género y que se proyectará mañana y el miércoles a las 20 en el Cine Teatro Español de esta ciudad.
Cada 30 horas muestra el dolor transformado en lucha de tres madres, el relato de dos víctimas que piden justicia y la labor de profesionales y militantes contra la violencia de género que bregan incansablemente para generar un cambio social y cultural, que en los últimos años se vio reflejando en las calles de todo el país reclamando #NiUnaMenos.
“Si bien nunca padecí violencia física, todas las mujeres estamos atravesadas por otro tipo de violencia como, por ejemplo, el temor que nos da viajar en un transporte público en hora pico. Pero un femicidio es la violencia más extrema. Y en ese sentido me atrapó el tema tratando de entender el fenómeno de la violencia”, señala Perdomo a LM Neuquén en relación con el interés que despertó en ella el tema para llevar adelante este documental.
El caso Wanda Taddei, la joven que murió en 2010 como consecuencia de las quemaduras que le provocó su esposo, Eduardo Vázquez, baterista de la banda Callejeros, fue el disparador para que la cineasta hiciera foco en su nuevo trabajo cinematográfico. “El caso de Wanda Taddei creo que nos despertó como sociedad porque nos generó una fuerte conmoción y se dieron algunos ingredientes que generó que la prensa cubriera este caso”, afirma. Y explica: “En un principio se creyó que había sido un accidente, no se hablaba de femicidio y terminó siendo lo que fue en realidad, un asesinato. En eso tuvieron mucho que ver los padres de la joven, que lograron que la Justicia reabriera la causa”.
Uno de los objetivos que persiguió Perdomo en la realización de este documental es dar cuenta de una mirada social. “La película trata de romper esos moldes y esquemas por los cuales fuimos criados, una educación machista desde la familia, desde la escuela y desde todos los ámbitos que uno va atravesando a lo largo de su vida. Creo que recién ahora se está empezando a hablar de la perspectiva de género. Pero en la Argentina como también en América Latina estamos en pañales. Va a llevar mucho tiempo revertir esta realidad y no será con una campaña televisiva que se podrá lograr”, describe.
El caso de Neuquén
Una de las historias que reconstruye Perdomo es la de Gabriela Quidel, una joven neuquina de 24 años que estaba en pareja desde su adolescencia con Eduardo Huenufil y que vivía en la Toma 2 de Mayo con sus dos hijos. La joven fue varias veces golpeada por Huenufil, a quien denunció en infinidad de ocasiones en la Justicia pero que nunca obtuvo protección frente a sus reclamos. Hasta que el 10 de septiembre de 2013, él la agredió en plena calle con un cuchillo. Gabriela, con sus hijos en brazos, intentó escapar buscando ayuda. Finalmente agarró un cuchillo para defenderse y lo apuñaló. El hombre murió en el acto.
Gabriela fue a juicio acusada de homicidio agravado por el vínculo. Luego de una larga lucha enarbolada por su abogada defensora, Ivana Dal Bianco, la mujer fue sobreseída porque había actuado en legítima defensa de ella y de sus hijos.
Perdomo cuenta que se enteró por los medios de comunicación de la historia de Gabriela Quidel. “Me pareció muy interesante porque primero la Justicia no intervino nunca a pesar de las denuncias por violencia que presentaba contra su pareja, a quien nunca detuvieron y además violaba todas las medidas de restricción que tenía para acercarse. Y en un acto de defensa propia, la Justicia procede a detenerla y llevarla a juicio”.
Destaca el papel de la abogada Dal Bianco, quien “lo dice claramente en el documental: ‘Más allá de este caso en particular, representar a Gabriela Quidel es representar a todas las mujeres vulneradas’”.
Agrega que el caso de Quidel “sentó jurisprudencia, porque a veces la Justicia evalúa el acto nada más, el acto final y no todo el proceso de violencia que sufrió la víctima, que defendió su vida y la de sus dos hijos”.
Por último, Perdomo sostiene tras el documental algo fundamental que aprendió: “Nunca hay que juzgar a la víctima”.
Los mitos
Una ayuda para no juzgar a la víctima
Integrantes del Servicio de Prevención de Violencia Familiar, dependiente del Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la provincia, ofrecen su testimonio en el documental de Perdomo en relación con el caso de Gabriela Quidel, quien mató a su pareja en 2013 cuando él intentaba agredirla con un cuchillo. Para Alejandra Perdomo, el rol de estos equipos de prevención es importante porque la mujer que sufre violencia “se siente muy sola, le cuesta hablar de algo que es muy íntimo, de su vida privada y además porque hay una mirada social que la juzga en una primera instancia. Por lo general, desde la ignorancia se dice que una mujer no se va de la casa porque le gusta que le peguen. A nadie le gusta que le peguen. Existen un montón de factores psicológicos, de educación que llevan a esa situación. No hay que juzgar a la víctima y sí ayudarla a salir”.
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