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La Mañana

Una mujer sin tiempo

A un año de la muerte de María Elena Walsh, la creadora del "Reino del Revés" y "Manuelita, ¿dónde estás?" sigue presente en su extensa obra literaria, que atravesó generaciones completas.

En "Como la cigarra", libro recientemente editado por Emecé, el autor Sergio Pujol plasma la relevancia histórica de las canciones de María Elena Walsh.
 
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Moderna y conservadora, intelectual y popular, crítica y hasta contradictoria, la escritora, poeta y compositora María Elena Walsh moría un día como hoy, hace un año, luego de padecer una enfermedad crónica que la mantuvo internada durante varios meses en una clínica porteña. Con una obra que trascendió generaciones como la Alicia de Lewis Carroll o el Pinocho de Carlo Collodi, la creadora de “Como la cigarra” o “Manuelita, ¿dónde vas?” ha sido y será la máxima exponente de la literatura infantil de nuestro país y un hada de carne y hueso para varias generaciones de niños argentinos.
Su obra, que trasciende los moldes de época en los que se movió y que después de una larga búsqueda rompió esquemas de género casi sin proponérselo, la convierte en una artista sin fecha de vencimiento.
 
El legado

Su creación, tan abarcativa como compleja, compuesta por obras para chicos pero también para grandes, con canciones folklóricas que la colocaron dentro del Movimiento Nuevo Cancionero (un movimiento de folklore de la década del '60 impulsado, entre otros, por Mercedes Sosa), guiones de películas, libros de poesía y algunas colaboraciones en el diario La Nación, la deja como un objeto de estudio emblemático para los historiadores.
Tal es el caso del platense Sergio Pujol (“Discépolo, una biografía argentina”, “Rock y dictadura. Crónica de una generación”, “En nombre del folklore. Biografía de Atahualpa Yupanqui”, entre otros) que, luego de 18 años de haber escrito un trabajo -nunca públicado- a pedido de una editorial en el que narraba las diez horas de conversación que mantuvo con Walsh en su departamento de Palermo, decidió volver a desandar ese camino. Lo hizo para marcar un surco más grande que abarque su obra completa pero sobre todo profundizar en su vida personal, en sus relaciones amorosas lésbicas nunca confesadas de manera pública con la compositora norteña Leda Valladares, con la directora de cine María Herminia Avellaneda y la fotógrafa Sara Facio.
Es por eso que el libro “Como la cigarra” fue lanzado a finales del año pasado como forma de reivindicar la historia de esta gran juglar argentina. ¿Qué tiene de distinta esta edición? “Por empezar, ella ya no está. Y eso lo cambia todo. Excepto la costumbre de admirarla”, comentó su autor, quien también es investigador de Conicet y docente en la Universidad Nacional de La Plata.
 “Creo que la gente sigue haciéndoles escuchar sus canciones a sus hijos porque lo consideran como un tesoro familiar”, destacó el autor que construye una María Elena Walsh “promesa” desde su infancia con aquella publicación de “Otoño Imperdonable”, que fuera muy bien recibido hasta por Jorge Luis Borges y Pablo Neruda y que le brindara la invitación de Juan Ramón Jiménez, autor de "Platero y yo", para realizar en Estados Unidos una especie de capacitación.
 
¿El fin?

Sin dudas, la literatura y la música argentina no fueron las mismas después de María Elena Walsh. Pero, como suele suceder con artistas de su calibre, su obra trascenderá hasta su muerte, y muchos serán los seguidores que, marcados en la infancia, continuarán transmitiendo una herencia indirecta.
Es por eso que, luego de aquel 10 de enero de 2011, en el que falleció a los 80 años tras una prolongada internación, el país entero se levantó a despedirla. Entre esos testigos de su partida se encontraban la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y el secretario general Oscar Parilli, lo que también dimensiona el significado de su partida.
Sus restos, velados en la sede central de Sociedad Argentina de Autores y Compositores (Sadaic) e inhumados en el Cementerio de la Chacarita, contaron con el precioso homenaje de Eduardo Falú, que le dedicó unas palabras de despedida. Asimismo, aquel día pudo verse en la página oficial del Club Ferro Carril Oeste –club preferido de Walsh- que hizo un reconocimiento a su fanática en uno de sus artículos online.
Si bien María Elena estaba enferma desde varias décadas atrás debido a un cáncer que la había retirado de la escena y obligado a refugiarse en su literatura, todo el mundo sabía que ella estaba allí, en Palermo, siendo testigo de los acontecimientos y siendo partícipe de su amor con la fotógrafa Sara Facio, que la acompañó hasta sus últimos días.

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