Dirigida como la original por Antoine Fuqua, la película se centra en Robert McCall, un hombre aparentemente común, viudo y solitario que trabaja como conductor de un servicio tipo Uber, pero que en verdad es un ex agente de la CIA que se dedica a ayudar a propios y extraños contra los excesos y abusos de la vida contemporánea. Claro que para ello es capaz de adoptar los métodos más extremos.

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McCall charla con los vecinos o los pasajeros del remís que maneja, se entera de conflictos que necesitan de su intervención y actúa en consecuencia. Puede llegar incluso a emular a un pastor que incentiva la lectura para sacar a los jóvenes de la calle y de construir un vínculo similar al de padre e hijo con uno de sus protegidos, con quien luchará contra las pandillas en un contexto desolador. Ideal para quienes se deleiten con duelos a los tiros en medio de un huracán que azota a una zona costera.

Ficción: “Hay cosas que desearías hacer y no puedes, por eso vamos al cine”, dijo el protagonista.

Aunque aclaró que no está de acuerdo con la lógica del ojo por ojo con la que se manejan los personajes de la realización, Washington sostuvo: “En el caso de esta película, los malos, las personas a las que persigo, han decidido que están seguros de lo que quieren hacer pese a que está mal”.

“Lo que tenemos que hacer es respetarnos unos a otros, porque si sólo defendemos lo nuestro sería un caos”, remarcó el actor de 63 años. Y añadió: “Creo que lo importante de esta película es que sea entretenida, no es un documental ni una película sobre la corrupción en sí misma. La gente no está ahí para que la eduquemos en lo que está ocurriendo en la sociedad. Viene a entretenerse”.

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