El clima en Neuquén

icon
18° Temp
59% Hum
La Mañana River

26 de junio, el yin y el yang en la historia de River: de la segunda Copa al descenso histórico

Hoy se cumplen aniversarios de dos hitos que marcaron para siempre al pueblo Millonario. De la gloria de Francescoli y Ramón a la campaña más dolorosa.

El 26 de junio representa para River lo que las máscaras de la comedia y el drama significan para el teatro. Es pasar del calor al frío, de la verdad a la mentira, del gozo al dolor… de ganar la Copa Libertadores a irse al descenso. Hace 25 años, el club volvía a levantar un trofeo que hoy pareciera estar bastante más al alcance de la mano pero que en el siglo pasado no era de lo más habitual; hace 10 años, en cambio, caía en el abismo deportivo más profundo, en una tristeza tan monumental como su estadio, testigo de ambas ocasiones históricas y opuestas, testigo del llanto emocionado provocado por la felicidad y de las lágrimas propias del desconsuelo.

Ningún hincha de River pensó, mientras Francescoli levantaba la copa y el equipo daba la vuelta olímpica, que 15 años después todo sería negro como aquella noche helada y festiva en Núñez. Lo único que se sostuvo inalterable fue el frío. Porque era inimaginable en el horizonte de un club de este tamaño la posibilidad de pasar por una situación como el descenso. Del mismo modo, nadie se hizo tiempo en 2011 para pensar en el recuerdo de la gloria copera que había sido disfrutada ese mismo día pero años atrás. Ese, definitivamente, fue un día de duelo.

Eran épocas muy distintas, sin dudas. En 1996, el club venía disfrutando de una década dulce, con varios títulos locales aunque con algunas frustraciones internacionales, por lo que necesitaba un título fuera del país. Ramón Díaz había vuelto de Europa para calzarse la 9, volver a ser goleador y ser campeón a comienzos de los 90 antes de irse de nuevo - a Japón, donde terminó su carrera como futbolista-, para estar de regreso en 1995, cuando inmediatamente tomó el equipo que había dejado Carlos Babington. La verdad es que nadie daba dos pesos por Ramón como técnico. “Se bajó del avión con los pantalones cortos para seguir jugando y cuando llegó al club le pusieron el buzo para que dirija al equipo”, describió unos años después el Beto Alonso, uno de los máximos ídolos riverplatense y uno de los que miraba con más desconfianza al ex goleador.

Embed

Hablando de goleadores y cracks, eso se resumía en Enzo Francescoli, que fue cerebro, alma y, en buena parte, ejecutor de los inicios de la era Ramón Díaz. Si hasta un día le frenó y modificó un cambio que estaba haciendo el riojano, quien sacaba a Ortega de la cancha -habían expulsado al arquero Bonano y el DT eligió al Burrito como el jugador de campo para salir- pero al final Enzo intervino y decidió, desde adentro de la cancha, que saliera Monserrat. Luego dijeron que fue un malentendido, que el técnico no sabía que el Diablo Monserrat tenía una molestia, bla, bla… Lo que pasó fue tan evidente como que ese River brillaba en su juego y en su eficacia.

La anécdota del cambio ocurrió unos meses después de que se jugase la final contra América de Cali del 26 de junio y la ganara el equipo argentino 2-0 con un doblete de Crespo que quedó en la historia. Entre esos 11, esa noche estuvo Matías Almeyda, una de las figuras juveniles del River de Ramón y una de las figuras experimentadas, 15 años después, en el River que sufría el mayor tropiezo de su historia. Un día como hoy en 2011, casualidades del destino, Almeyda no jugó el partido revancha contra Belgrano, porque en la ida en Córdoba había sido amonestado y con esa tarjeta llegado a la quinta amarilla, por lo que fue suspendido por un partido. Sanción, por cierto, que nunca llegó a cumplir como futbolista porque, una vez consumado el descenso de River, el mediocampista confirmó que se retiraba del fútbol y unas horas después asumió el compromiso de dirigir al club en el fútbol del Ascenso, alcanzando el retorno a la A 12 meses después.

image.png

River tocó fondo en aquella Promoción que lo llevó a la B Nacional y que terminó en un escándalo con graves incidentes en el estadio, incluido un feroz “apriete” de un grupo de barrabravas al árbitro Sergio Pezzotta en el entretiempo. Esas dos finales fueron fieles demostraciones de que el fútbol tiene tanto de psicológico como de técnica y táctica. Se puede jugar bien o ser mejor que el rival, pero si la cabeza tira para abajo, no hay caso. A ese equipo dirigido por Juan José López le ocurrió eso. Porque durante el torneo había hecho una campaña como para clasificar a una copa internacional pero los promedios lo tenían maniatado. Y esa tabla paralizó a todos: jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y, por supuesto, hinchas.

¿Cómo llegó River a ese precipicio del que terminó cayendo? Arrancó con un pésimo torneo del Cholo Simeone -que después de ser campeón en el Clausura 2008 terminó último en el Apertura del mismo año- siguió con otras malas campañas de Pipo Gorosito, de Leonardo Astrada y de Ángel Cappa. En el medio, otro cambio, en la conducción política de la institución: José María Aguilar dejó su cargo de presidente y en su lugar fue elegido, por una diferencia de votos muy estrecha, nada menos que Daniel Passarella. Campeón como jugador y como DT, su impronta parecía que podría encaminar el rumbo del barco, pero el Titanic riverplatense ya le apuntaba derecho al iceberg y el timón giraba en falso.

image.png

Cuando después de Cappa asumió Jota Jota muchos supusieron que detrás de la figura del ex mediocampista, quien estaba a cargo de la coordinación de las divisiones inferiores, estaría la figura del Kaiser. Un títere, digamos. Sin embargo, experiencia como entrenador no le faltaba, precisamente a Juan José López. Alguna vez, él mismo admitió que Passarella opinaba de fútbol y del equipo, pero lo analizó desde un lado noble y como algo obvio. “Si cualquier dirigente se quiere meter a hablar de fútbol con el técnico, imaginate Passarella. Claro que hablábamos del equipo y él daba su mirada. Y yo lo escuchaba: ¡cómo no lo voy a escuchar!”.

A ese equipo de River no le sobraba nada pero podría haber salido más airoso si no lo hubiesen encadenado sus propios nervios. Como una rueda enterrada en la arena, cuando quería acelerar, se hundía más. Un partido en el que falló goles insólitos, contra Lanús, de local, en la última fecha del torneo, lo puso en la Promoción. Nadie creía, aun así, que podría pasar lo que pasó. En realidad, todos, propios y extraños, lo negaban. Hasta los de Boca, por más que lo desearan. Pero pasó. Y aunque la igualdad de puntos y goles entre ambos partidos beneficiaba a River, porque el equipo de la categoría superior tenía lo que se llamaba “ventaja deportiva”, la baraja vino mal repartida desde el duelo en Córdoba, donde el 0-2 estuvo lejos de ser “el peor resultado” -como suele decirse en el fútbol- para Belgrano.

Embed

Los más veteranos que habían sufrido los 18 años sin campeonatos, entre 1957 y 1975, creían que con eso era suficiente, que no habría “castigo” peor, pero a River lo esperaba un golpe de nocaut. Había arrancado ganando el partido a los cinco minutos, con gol de Pavone. La sensación era que se iba a comer crudo a Belgrano, pero a River se lo comieron sus propios fantasmas, sus nervios, sus miedos, sus presiones. Los minutos pasaron y pasaron, pero el segundo gol nunca llegó. Sí llegó, ya en el segundo tiempo, el empate de Belgrano y después un penal errado por Pavone, como para cerrar el partido y abrir una herida muy difícil de cicatrizar. El descenso era un hecho y Juan José López, habiendo logrado bajo su gestión el 52% de los puntos en disputa, no pudo salvar a River de irse a la B Nacional.

Alejandro Dolina, en su cuento “El recuerdo y el olvido en el barrio de Flores”, plantea que lo que se olvida, muere, y retrata cómo sus personajes de fábula, Los Hombres Sensibles, luchan ideológica e incansablemente contra una suerte de secta llamada Los Amigos del Olvido cuya máxima es que “todo recuerdo es triste”. Este doble aniversario de River impone una tercera variante, más selectiva y oportunista, para sus hinchas, quienes prefieren elegir qué recordar y qué olvidar. Y aunque de los errores siempre se aprenda, la imagen de Francescoli con la Copa Libertadores en alto, las corridas de Crespo gritando sus goles o la sonrisa pícara de Ramón Díaz, resultan una selección mucho más saludable para éste y todos los 26 de junio.

Te puede interesar...

Leé más

Noticias relacionadas