El piloto fue retratado en un auto que tiene detrás una increíble historia: un largo proceso de restauración y un cuidado celoso desde que salió del taller.
La imagen sorprendió por el contraste: un piloto de la nueva generación, Franco Colapinto, posando para una producción de revista, pero con un clásico bien argentino al lado. El gancho no fue un utilitario de moda ni un deportivo importado: fue un Torino que, para muchos, es sinónimo de historia y orgullo fierrero.
En esa sesión, realizada en el elegante Palacio Sans Soucí de San Fernando, el auto terminó robándose parte de la escena. No solo por el diseño, sino por el nivel de detalle: un Torino 380 impecable, de esos que parecen recién salidos de época, ideal para una tapa que buscaba mezclar cultura pop con ADN nacional.
Detrás de ese “condimento especial” hay un nombre fuerte de la industria: Pablo Sibilla, presidente y CEO de Renault Argentina. En el ambiente lo conocen por su perfil ejecutivo, pero también por un costado mucho más pasional: es de esos que se entusiasman como un pibe cuando se habla del Torino.
El propio Sibilla contó que su vínculo con el modelo viene de lejos, marcado por un recuerdo familiar y, sobre todo, por el audio que identifica al auto sin necesidad de mirarlo. “Es muy particular, ¡inconfundible!, ningún otro vehículo nacional tiene ese sonido”, dijo sobre el Torino, dejando en claro que lo suyo no es pose: es fanatismo de verdad.
Con ese trasfondo, se entiende por qué el auto terminó en una producción tan visible como la de Rolling Stone. No fue “un clásico puesto para decorar”: fue un Torino con historia reciente, comprado y restaurado con una obsesión casi artesanal, como se hacen las cosas cuando de verdad se quiere conservar una pieza de época.
Torino de tapa: el 380 de Pablo Sibilla que acompañó a Franco Colapinto
La clave es simple: el dueño del auto es Pablo Sibilla, y el modelo es un Torino 380 que él mismo buscó durante años hasta dar con “el indicado”. Para la producción, esa coupé no apareció de casualidad: llegó porque Sibilla la tiene lista para lucirse tal como salió, sin renovaciones modernas que le cambien el espíritu.
En tiempos donde todo se acelera y se reemplaza rápido, esta historia va a contramano: un empresario que decide invertir tiempo, paciencia y conocimiento para rescatar un símbolo. Y un piloto joven que, en plena vorágine mediática, queda retratado junto a un Torino que representa otra época de la industria y del automovilismo argentino.
Torino 380: el “Santo Grial” de los fanáticos
Sibilla fue directo cuando explicó qué versión quería: “Los 380 y 380W son como el Santo Grial del Torino. ”No lo dijo por exagerar: dentro del mundo Torino, esas variantes concentran deseo por diseño, rareza y prestigio, y suelen ser las más buscadas por coleccionistas", sostuvo el ejecutivo.
Además, destacó un rasgo que enamora a los puristas: el diseño de Pininfarina y una estética diferente al resto de la familia. Incluso se detuvo en algo que hoy parece de otra era: una plancha con terminaciones que remiten a lo artesanal. En esa mirada, el Torino no es solo fierro: es una pieza cultural.
Ese “glamour” también explica por qué calza perfecto en una tapa. Para mucha gente, el Torino es un resumen de una época donde los autos se pensaban para durar, para viajar, para lucir, y donde la identidad nacional también pasaba por lo que se fabricaba y se soñaba puertas adentro.
La restauración obsesiva: hasta el último tornillo del Torino
Lo más impresionante no es solo el resultado, sino el método. La restauración llevó un año y ocho meses y fue total: “Se lo peló hasta la chapa”, contó Sibilla, decidido a que el Torino quedara lo más original posible. Hubo tapizados nuevos, techo, tablero de instrumentos y hasta una cacería de piezas que parecen imposibles en estos tiempos.
En esa búsqueda aparecen personajes clave del mundo clásico: Eduardo Leotta como responsable general de la restauración, especialistas en pintura e interior, y una red de contactos que consiguió repuestos guardados durante décadas. De hecho, Sibilla mencionó un parabrisas original que estuvo en stock cerca de 45 años, un dato que pinta de cuerpo entero el nivel de detalle con el que encaró el proyecto.
Y si hacía falta una frase para explicar el ritmo de ese trabajo, quedó una que resume todo: “La ansiedad y la restauración no van de la mano”. No es menor: el Torino no se “arregló”, se reconstruyó con paciencia, como se hace con lo valioso.
Un Torino que sale solo con sol
Con semejante trabajo encima, el uso también es casi ceremonial. Sibilla explicó que el Torino se mueve con reglas claras: nada de lluvia, nada de tormentas de viento y, en lo posible, nada de ruta.
La lógica es sencilla: cuando un auto se restaura así, pasa a ser un objeto de cuidado constante. No es para “hacerlo sufrir”, sino para preservarlo. En el fondo, es una forma clásica de entender el coleccionismo: mantener el Torino como testimonio, para que siga contando su historia sin que el presente lo desgaste.
La cesión del Torino para la producción de la revista Rolling Stone es también parte del vínculo que tiene Renault Argentina y el propio Sibilla con Colapinto: desde su contratación en Alpine, el piloto fue la cara publicitaria de la marca francesa en el país. Y en este caso, el CEO de la compañía se dio dos gustos.
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