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Cayó González Pino: estuvo vinculado al primer triple crimen de Cipolletti y llegó a estar 12 años prófugo

Su vida está asociada al delito, las fugas y la clandestinidad. Tras estar cinco años prófugo, lo atraparon trabajando en un taller mecánico de Plottier con identidad falsa.

POR GUILLERMO ELIA - policiales@lmneuquen.com.ar

Hugo “el Gordo” González Pino volvió a caer tras cinco años prófugo, pero esta vez no tuvo espacio en la tapa de los diarios ni minutos de aire en las radios y canales de televisión, para ello confluyeron dos factores: la pandemia y la falta de información. Su última caída fue hace un par de días, mientras trabajaba en un taller mecánico en Plottier con una falsa identidad. Tiene en su haber dos fugas y ha vivido 12 años escapando de la ley.

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González Pino no es un delincuente más en la región. Tiene un interesante prontuario donde delito, fugas y vida en la clandestinidad lo definen como un pesado.

Estuvo sospechado del crimen de una taxista en Villa Regina en la década del 90 y se lo asoció al clan narco Montecino. Pero principalmente se lo recuerda por haber sido condenado, junto con Claudio Kielmasz, por el primer triple crimen de Cipolletti en 1997, no como autores materiales, los asesinos de las tres jóvenes son el secreto mejor guardado en la historia criminal de la localidad rionegrina.

Hombre de averías

En la jerga policíaco-delictiva, un hombre de averías se utiliza para hacer referencia a un pesado que ha cometido distintos hechos, que anda jugado y al límite.

Tras ser sentenciado por el triple crimen, a González Pino le anularon la condena y recuperó la libertad en 2002. Así fue que siguió con su errante vida de hurtos, robos, estafas y defraudaciones que arrancaron allá por 1995 de acuerdo con los antecedentes judiciales y policiales.

Cayó preso en 2006 y estando en una celda de la Comisaría Quinta de Villa Regina se logró dar a la fuga. La Justicia rionegrina libró al menos tres pedidos de capturas: Cámara Segunda de Roca, Juzgado de Instrucción 2 de Roca y Juzgado de Ejecución Penal de Roca. Toda la Policía estuvo tras sus pasos.

González Pino demostró que se podía vivir en la clandestinidad pese a todas las complicaciones que ello representa, porque hay que hacer cambios en la fisonomía, conseguir algún documento trucho o robado, andar siempre con efectivo y en estado de alerta.

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Así fue la vida de González Pino durante siete años hasta que finalmente, en mayo de 2013, un viejo pesquisa de la rionegrina lo vio a bordo de un Chevrolet Chevette blanco circulando lo más pancho por Cipolletti.

Dicen que la confianza es lo que termina traicionando a los delincuentes, y en el caso de González Pino fue su talón de Aquiles.

Tras una persecución de película por Cipolletti, el hombre cayó en manos de la brigada de investigaciones de la localidad, que lo puso a disposición de la Justicia rionegrina.

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Pero González Pino no es un tipo que se adapte a vivir tras las rejas. En 2015 estaba en el penal de Roca donde cumplía condena por delitos varios, entre ellos estafas. Tenía buena conducta y había accedido al beneficio de las salidas transitorias.

El 14 de marzo de 2015 salió del penal y debía volver al anochecer, pero no regresó, su genética pudo más y se arrojó a los brazos de la vida clandestina. La Justicia y la Policía de Río Negro volvieron a foja cero y comenzaron a transitar una nueva búsqueda.

Cinco años y una pandemia después

Como se sabe, las capturas de delincuentes tan avezados no son sencillas, requieren de mucha paciencia, intervenciones telefónicas, arduas jornadas de observación sobre allegados y un estado de alerta continuo porque nunca se sabe en qué momento surgirá el dato clave que ayude a desentrañar la madeja.

Cinco años y dos meses después, en medio de una pandemia por coronavirus, con aislamiento social, preventivo y obligatorio, nadie imaginó que sería un buen momento para atraparlo.

Con la gente encerrada en sus hogares para evitar la propagación del virus y una lenta vuelta a una “nueva normalidad”, las policías de Río Negro, Neuquén y Chubut siguieron trabajando y cruzando información sobre González Pino.

El dato que manejaban los pesquisas de la rionegrina era que el conocido delincuente se movía entre estas tres provincias y producto de la pandemia estaba varado en alguna sin posibilidad de desplazarse.

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La fortuna quedó en manos de la Policía neuquina. El grupo de Recaptura obtuvo un dato clave a partir del contacto fluido que mantienen con la brigada de investigaciones de Cipolletti y el cruce de información con la Comisaría Quinta de Villa Regina y la división de investigaciones de Esquel.

El lunes todo estaba definido, un policía de la neuquina ya había confirmado que González Pino trabajaba en un taller mecánico de Plottier. Con la orden de allanamiento respectiva, el grupo de Recaptura se organizó para dar el golpe y atraparlo.

La mañana del martes, con las primeras luces del día, los policías neuquinos entraron al taller en la esquina de El Ceibo y Los Notros. Al verlos, González Pino supo que su suerte estaba echada. Apeló a un documento que no era suyo para tratar de zafar, pero fue en vano y quedó detenido.

Se lo trasladó a la sede de Delitos y fue puesto a disposición del Juzgado de Ejecución Penal 10 de Roca, a cargo de María Gadano.

En la actualidad, está alojado en una alcaldía de Neuquén, a la espera de su traslado a Roca, donde deberá continuar cumpliendo su condena.

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--Primer triple femicidio de Cipolletti

El 9 de noviembre de 1997 salieron a caminar por calle San Luis las hermanas Paula (17) y María Emilia González (24) junto a una amiga, Verónica Villar (22).

Tras una desesperada búsqueda, la mañana del 11 de noviembre un vecino y su perra Ámbar encontraron en la zona de Los Olivillos el cadáver de Verónica, por lo que dio aviso a la Comisaría 69, que desplegó la búsqueda y halló los otros dos cuerpos.

A las jóvenes las abordaron y redujeron tras amenazarlas con armas de fuego y cuchillos. Las llevaron a una casa de la zona, donde les practicaron todo tipo de atrocidades, hasta que finalmente las ultimaron de uno y hasta dos tiros en la cabeza con un revólver calibre 22 corto marca Bagual.

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A esa terrible historia está asociado González Pino, siempre se dijo que Claudio Kielmasz, que es el único condenado en la actualidad, quiso hacerle una cama a González Pino para cobrar una recompensa y terminaron cayendo los dos.

Lo cierto es que ambos fueron condenados, pero ninguno por el homicidio de las chicas. A Kielmasz lo sentenciaron a prisión perpetua por secuestro agravado y reagravado, reiterado en dos oportunidades. Y a González Pino como co-autor de secuestro agravado reiterado en dos oportunidades y le dieron 18 años.

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Pero en 2002, el Superior Tribunal de Justicia anuló la condena a González Pino y lo liberó, dejando una espina clavada en la sociedad cipoleña que pese a que Kielmasz está preso, la sospecha de que guarda un oscuro secreto protegiendo una trama que involucra a personas asociadas al poder sigue vigente, al igual que el amargo sabor a impunidad.

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