Cómo evitar ser una víctima de intoxicación con monóxido de carbono

El monóxido de carbono no tiene olor ni color. Se trata de un veneno imperceptible. ¿Cómo se puede prevenir la intoxicación?

Las muertes silenciosas producto de la inhalación de monóxido de carbono volvieron a conmover a Neuquén tras el fallecimiento de un hombre de 49 años y su mascota, en un edificio céntrico de la ciudad. Las autoridades insisten con las medidas de prevención ya que se trata de un gas venenoso imperceptible, que no tiene olor ni color, pero que provoca graves daños.

Las intoxicaciones por esta sustancia son una preocupación para la salud pública por su elevado nivel de secuelas y mortalidad. Se estima que cada año fallecen 4,3 millones de personas en el mundo por contaminación del aire en los hogares, siendo el CO uno de los principales contaminantes del aire interior.

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En Argentina, según las estadísticas del Ministerio de Salud de la Nación, durante el año 2017 se reportaron 976 de personas intoxicadas con monóxido de carbono (CO), de las cuales 200 fallecieron.

Desde la Sociedad Argentina de Pediatría afirmaron que los niños y las embarazadas, además de los adultos mayores y todas aquellas personas con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, constituyen las poblaciones más vulnerables a los efectos de las intoxicaciones con monóxido de carbono e instan a extremar los cuidados, ya que durante los meses de frío suele producirse la mayor cantidad de casos, por mal funcionamiento de los artefactos que producen monóxido de carbono asociado a la falta de ventilación de los ambientes a causa de las bajas temperaturas.

El asesino silencioso

“El monóxido de carbono es un gas incoloro, que no tiene olor, no irrita y que se dispersa fácilmente en el aire; estas características hacen que la intoxicación no sea percibida por la persona expuesta, por eso se lo llama ‘el asesino silencioso’. En nuestro país, las fuentes más frecuentes de producción de CO son las estufas y los calefones, también los braseros a carbón o leña, las salamandras, las hornallas de la cocina, faroles y lámparas a gas (como las utilizadas en los campamentos), aunque también pueden ser fuentes productoras de CO aquellas máquinas pequeñas a combustible como los grupos electrógenos, cortadoras de césped, pulidoras de piso o lavadoras a presión, gases del caño de escape de vehículos, incendios, generadores eléctricos a gasolina y removedores de pintura”, ejemplificó Marisa Gaioli, médica pediatra, Prosecretaria de la Comisión de Salud Infantil y Ambiente de la Sociedad Argentina de Pediatría.

Entre todas las poblaciones vulnerables se destaca el caso de las embarazadas, ya que además del peligro que implica la intoxicación para ellas mismas, el riesgo es todavía mucho mayor para el feto, debido, entre otras circunstancias fisiológicas, a que expuestos a la misma fuente y concentración de monóxido de carbono, la concentración de CO hallada en sangre es entre 10 y 15 veces mayor en el feto que en la madre. Además, el tiempo de desintoxicación que necesita el feto es mucho mayor: la vida media de CO en sangre es aproximadamente 5 veces más prolongada que la materna.

Los adultos mayores, aquellos con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, así como las personas con anemia marcada, son más vulnerables a la exposición porque presentan bajas cantidades de oxígeno disponible en las células (hipoxia) y menor volumen de oxígeno en los tejidos.

Elda Cargnel, médica pediatra, toxicóloga, miembro de la Comisión de Salud Infantil y Ambiente de la SAP, destacó que “dentro de la población infantil, los lactantes son muy vulnerables a la exposición al CO por presentar una tasa de ventilación 3 veces mayor que los adultos, tasa que se mantiene al doble en los menores de 6 años. Esto hace que el volumen de aire contaminado inspirado por los niños sea mucho mayor que el que incorporan los adultos”.

¿Qué síntomas hay que tener en cuenta?

  • Dolor de cabeza o pecho.

  • Náuseas o vómitos.

  • Mareos, acompañados de cansancio.

  • Letargo o confusión.

  • Alteraciones visuales.

  • Desmayo o pérdida de conocimiento.

  • Convulsiones.

  • Accidente cerebro cardiovascular.

¿Cómo prevenir la intoxicación?

  • Dejar una ventilación permanente en cada ambiente. Es fundamental mantener siempre abierta una ventana o puerta en los ambientes calefaccionados, incluso cuando hace frío.

  • Abrir al menos 2 veces al día durante 30 minutos las puertas y ventanas de la vivienda.

  • Observar que la llama de gas sea siempre de color azul. La llama amarilla o anaranjada es signo de mala combustión y generación de monóxido.

  • No dormir nunca con estos artefactos encendidos.

  • No instalar calefones en el baño, ni en espacios cerrados o mal ventilados.

  • En baños, dormitorios y ambientes cerrados solamente instalar artefactos con salida al exterior (de tiro balanceado).

  • Controlar anualmente las instalaciones y el buen funcionamiento de los artefactos de la casa y sus ventilaciones por gasistas matriculados.

  • Pueden instalarse detectores de monóxido de carbono en las casas.

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