Con el sello Spinetta, Amel y su vuelo poético llegan a Neuquén

En la sangre. La banda que encabezan el sobrino y el hermano del Flaco tocarán en la región con el rock de la vieja escuela.

Por Luis Castillo - castillol@lmneuquen.com.ar

Desde el hogar donde Luis Alberto Spinetta comenzó a darle vida a Almendra y a escribir su historia en el rock nacional, Gonzalo Pallas fue gestando Amel. Según marca la historia, el hijo de Ana salía corriendo del colegio para ir a zapar a la casa de su abuelo junto a su otro tío: Gustavo, que tocó como baterista en Artaud (Pescado Rabioso, 1973). “Desde muy temprano mis tíos Gus y Luis (Spinetta) me han mostrado un montón de música y me han incentivado para que toque”, dirá el compositor, que recibió de manos de Luis Alberto su primera guitarra. La banda, que se completa con Francisco Zunana (guitarra), Pablo Castagneri (bajo y voces) y Lautaro Beltra Martínez (teclados), se presentará mañana en Morrigan (Elordi 39) y tiene en su haber tres placas editadas: Amel, 2853 y Las cosas pasan. “Amel son un montón de cosas. Es rock nacional con vuelo poético y melódico”, sentencia Sallas, que se ocupa de escribir un capítulo más en la historia musical “spinetteana”.

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- Hay una esencia familiar y un sonido que nos traslada inmediatamente a tu tío. ¿Cómo se define Amel a pesar de ese fuerte lazo sanguíneo?

Amel son un montón de cosa porque tiene un poco de pop, jazz, funk, rock y creo que adquirió una personalidad propia más allá de influencias y cosas lógicas debido a mi parentesco. Es rock nacional con vuelo poético y melódico que es un sello del grupo. La búsqueda musical no se queda en ningún estilo porque va mutando y tomando personalidad propia.

- Desde 2006 comenzaron a darle forma a su carrera, ¿sienten que se afianzaron o aún están en ese proceso?

Para mí es un proceso natural en el tiempo. Amel es mi primera banda, mi primer disco, canción y grabación. Salíamos del colegios y en la casa de mi abuelo estaba la batería armada, todo, y comenzábamos a zapar. Todo arrancó jugando entre música y hace años que tocamos con compañeros de colegio, salvo mi tío Gus (Gustavo Spinetta) que estuvo siempre cerca. Amel va adquiriendo una evolución natural y eso hace que vayas mejorando como músico. Creo que Las cosas pasan (último disco) tiene esa madurez.

- ¿Cómo se suma Gustavo, quien tocó la batería en Artuad (1973)?

Desde muy temprano mis tíos Gus y Luis (Spinetta) me han mostrado un montón de música y me han incentivado para que toque y he aprendido un montón. Gus es como una biblioteca musical y siempre está buscando algo nuevo. Descubrimos música juntos y tenemos los mismo gustos como el rock progresivo de los 70. No me puedo quedar en algo porque sería rebajar el caudal de la música. Vale todo y está buenísimo. Gustavo es el más viejo, pero también el más joven. Él aporta su experiencia pero tampoco es un monitor o está ahí parado medio heavy. Por suerte compartimos muchas cosas lindas con mi tío.

- Justamente, hay mucha referencia a la vieja escuela de los 70. ¿Se generó solo o se buscó esa base para amalgamar otras mixturas?

Es re natural y nunca fue buscado. Medio que las canciones mandan y después se trata de embellecer eso dando lo mejor de cada uno. Casi todos los músicos venimos de una familia de artistas y no hay una búsqueda de algo que nos estructure. La idea es no encasillarse en ningún estilo.

- ¿Como compositor dónde te parás?

Un poco la música y las letras tienen que ver con una especie de catarsis. Arranca de una búsqueda personal de muy adentro. Es ese sentimiento que sale desde las entrañas, un sentimiento de carnicería que le da alma a la música. Creo que los textos arrancan por ahí: una especie de terapia o de canal donde se dejan experiencia, amores, protestas. No hay algo establecido de decir ‘Esto es para…’.

- En el caso de Amel, al entrar a estudios, ¿llega primero la música o la letra?

No hay una estructura compositiva. Tanto Francisco (guitarra) como Pablo (bajo) traen bases o salen cosas de una zapada, que suele suceder muchas veces desde ahí. Hay varias fórmulas dentro de la banda por eso el estilo es variado. Para el último disco fuimos al estudio con cuatro temas y terminamos haciendo 14, de los que quedaron nueve. Es un disco más riffero que no pierde lo poético.

- ¿Qué música está consumiendo Amel?

Personalmente estoy copado con dos guitarristas brasileros que son Pedro Martins y Daniel Santiago. Otro es Julián Lage. Es como que estoy escuchando guitarristas por separados. La verdad que consumo de todo: desde Miles Davis a Tame Impala o Roman, que es una banda de acá. No me puedo encasillar en un estilo.

- Dante quiso despegarse un poco con IKV del sonido de su padre. ¿Cuál fue su crítica cuando escuchó la banda?

No lo veo tan así lo de Dante. Hay muchas influencias familiares más allá de los estilos. Lo quiero mucho a Dante y siempre apoyó a la banda porque le gusta mucho. En este momento cada uno está en la suya y con mil cosas. Pero en su momento nos hemos cruzado varias veces cuando sale alguna zapada familiar.

- El último disco lo grabaron en La Diosa Salvaje. ¿Hay una sensación extra en ese lugar?

La Diosa Salvaje es un lugar súper bonito por todas las secuencias que pasan. El estudio es una etapa muy especial para mí. Es como otro universo en el mundo de la música y es un aprendizaje. Ahí también grabamos nuestro primer disco.

- ¿Cómo te llevás con la crítica al tener similitudes en el timbre de voz con Luis?

No le doy mucha importancia. Hay que estar bien con uno y está todo bien (risas). No le doy cabida a esas cosas pero hay de todo. Hay una esencia, sangre, pero es todo de la propia naturaleza. Gustavo y yo nos parecemos físicamente a Luis, que para mí es más una luz que sombra.

- ¿Qué recuerdo te acompaña siempre del Flaco?

Es el día a día. Es familia, cariño, amor. Tuve la suerte de curtir con gente hermosa. Me regaló mi primera guitarra, disco. Es todo agradecimiento. Todo lo que viene de ese lado lo tomo como amor.

- ¿Cómo definirías a esa familia de artistas que también posee rasgos muy fuertes?

Es un ADN muy fuerte. Me parezco mucho a mi mamá, Ana, y en lo físico a Luis.

- ¿Estamos hablando de ‘Ana no duerme’ (clásico de Almendra)?

Sí, es muy larga la historia (risas).

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