Cuando el MPN se le plantó a Perón: la histórica elección del 73

El 25 de mayo de aquel año el peronismo ganó los comicios en todo el país, menos en Neuquén, y acusó de traición al partido provincial, que había nacido, entre otras cosas, por la proscripción al justicialismo. Aprietes y enfrentamientos armados fueron el saldo de esos días turbulentos, previos a la consagración de Felipe Sapag como gobernador.

Por Francisco Carnese - carnesef@lmneuquen.com.ar

“Se van, se van y nunca volverán”, les gritaba a unos pocos militares apostados en Plaza de Mayo una multitud enfervorizada de la tendencia, que aguardaba el arribo del auto que conducía a Héctor Cámpora a la Casa Rosada para que asumiera como nuevo presidente de la República.

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El 25 de mayo de 1973, con “Cámpora al gobierno y Perón al poder”, el justicialismo volvía a gobernar la Argentina después de 18 años de proscripción y abría hacia adelante un breve período democrático tras la dictadura encabezada por Alejandro Agustín Lanusse. El Tío, como lo llamaba la juventud peronista, condujo los destinos del país tan solo 49 días para permitir, renuncia mediante, una nueva elección y el arribo de Juan Domingo Perón a la presidencia. Luego se agudizaría el enfrentamiento de los sectores de la izquierda y la derecha, e irrumpiría en la escena la tristemente célebre Triple A, hasta llegar al golpe de Estado del 76. Pero esa es otra historia.

Ese mismo 25 de mayo, a 1200 kilómetros de Buenos Aires, Felipe Sapag asumía su tercera gobernación de Neuquén, después de pasar una instancia de segunda vuelta electoral y fuertes presiones hacia el Movimiento Popular Neuquino de parte de un peronismo que entendía que su espacio en la provincia había sido resguardado por esta fuerza provincial, surgida al calor de la proscripción justicialista.

Pero en esa convulsionada década del 70, el MPN ya tenía otros planes. No estaba dispuesto a entregar la posta al peronismo y había construido su propio poder, una situación que derivó en duros enfrentamientos desde lo dialéctico que después se tradujeron en acciones, con aprietes e incidentes que transformaron a la provincia durante más de dos meses en un hervidero.

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La ruptura

A principios de los 60, muchos peronistas de Neuquén se sumaron a las filas del MPN, entendiendo que este partido, que representaba una especie de neoperonismo, posibilitaba seguir levantando en la provincia las banderas históricas y los principios fundantes del viejo líder proscripto, que por ese entonces purgaba su exilio en España.

Sin embargo, una década más tarde, la realidad mostraba un escenario muy distinto. En 1970, la dictadura militar que conducía Juan Carlos Onganía necesitaba descomprimir la tensa situación política que se vivía en todo el país y resolvió designar en algunas provincias a gobernadores civiles.

En Neuquén asume Felipe Sapag, lo que generó desconcierto, tanto entre los propios militares como en las fracciones del peronismo neuquino, divido por ese entonces entre los nucleados alrededor de la Unión Popular y los llamados ortodoxos.

Ambos sectores tenían sus diferencias pero algo en común: consideraban desacertado el nombramiento de Sapag y contaban ya con pocos adherentes, dado que la mayoría se había pasado a las filas del MPN.

En febrero del 70 se creó la Comisión Provisoria del Movimiento Nacional Justicialista, que realizó una convocatoria a un plenario en Cutral Co, con el objetivo de elegir representantes a nivel nacional y provincial. Allí participaron dirigentes de los sindicatos de empleados de comercio, metalúrgicos y ferroviarios, entre otros, y se designó a Buenaventura Justo Vai como secretario delegado del peronismo de Neuquén.

Justo Vai era afiliado al MPN desde 1963, renunció al partido y declaró ese día a un medio local: “Me debo únicamente a Juan Domingo Perón”. Acto seguido, se establecieron las “Bases de Conducción Política” para la ciudad de Neuquén y otras localidades de la Confluencia.

El objetivo, se explicó, era lograr “el reencuentro de la gente que en otro momento militó en un partido provincial completamente convencida de nuestro sentir como peronistas”.

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Acusaciones y aprietes

Felipe y Elías Sapag (su hermano y cofundador del MPN) sostenían el perfil “independiente” del partido. Elías planteaba que ellos eran “antiverticalistas y antipersonalistas” y se oponían a la conducción, tanto la que venía de España por parte de Perón como la de los militares de Buenos Aires.

Pero Justo Vai respondió en duros términos a esta posición adoptada por los líderes del Movimiento Popular Neuquino y dirigió una carta abierta a Felipe: “¿Acaso olvida usted que cuando fundamos el MPN, el mismo día levantamos un acta que enviamos al general Perón, en la que también estaba su firma, y por ella nos juramentamos, bajo palabra de honor y comprometiendo nuestra hombría de bien, que tan luego que el justicialismo se organizara en el país nos incorporaríamos a él, dando por terminada la existencia del MPN?”.

El conflicto se agudizó cuando el tema llegó a oídos de Perón, quien desde España lamentó “la defección de Sapag” e instó a sus partidarios a seguir “el noble ejemplo” de Justo Vai. En esas circunstancias comenzó la campaña para las elecciones del 11 de marzo de 1973, momento en el que se produjo el desembarco del “aparato peronista”, que incluyó la presencia tanto del ala sindical de derecha como de la tendencia de izquierda, representada por Montoneros.

El entonces secretario general de la CGT, José Ignacio Rucci, y Lorenzo Miguel, histórico líder de la UOM, por un lado; y Juan Manuel Abal Medida y Rodolfo Galimberti por el otro, eran las caras más visibles. El objetivo: asegurar, a como dé lugar, el triunfo del peronismo en tierras patagónicas.

Una noche previa a las elecciones se dio el primer enfrentamiento en plena calle. Mientras Abal Medina y su gente cenaban en una parrilla frente al viejo edificio de LU5 de Alberdi y Santa Fe, a pocas cuadras de ahí, en la entonces confitería Vitral, ubicada a unos 20 metros de la Catedral sobre la avenida Argentina, hacía lo propio un grupo de militantes del MPN. Los montoneros fueron al encuentro de los emepenistas y se produjo lo inevitable. En cuestión de minutos, una batalla campal se desató en la cuadra de la catedral, con piedras, cadenas y armas de fuego. La rápida intervención de la Policía evitó un mal mayor y solo se registraron algunos heridos.

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Los incidentes continuaron después, cuando Abal Medina y su grupo irrumpieron en una reunión del sindicato municipal. Además, se produjeron tiroteos a las casas particulares de los dirigentes del MPN.

En este clima beligerante se desarrollaron los comicios de marzo, donde la fórmula del Frente Justicialista de Liberación (Frejuli), conformada por Nicanor Romero y Emilano Susch, cayó derrotada con el 35% de los votos, ante un MPN que llevaba como candidatos a Felipe Sapag y a Antonio del Vas y que cosechó el 49,9% de los sufragios, aunque no le alcanzó para ganar, por lo que debió realizarse una segunda vuelta el 15 de abril.

Máxima tensión

En el transcurso de los días previos a las elecciones en segunda vuelta, la situación se tensó aún más y las miradas de los principales referentes del peronismo a nivel nacional se volvieron a posar sobre Neuquén para tratar de revertir un escenario muy adverso. Era la única provincia del país que les había sido esquiva, con el agravante de que quienes habían triunfado eran, en muchos casos, viejos compañeros de ruta.

El propio Cámpora desembarcó en territorio neuquino y advirtió que si Felipe Sapag se consagraba gobernador, no lo iba a recibir en la Casa Rosada.

Galimberti afirmaba que el MPN les había “robado la bandera peronista”, mientras que Rucci reconocía por lo bajo que la batalla estaba perdida.

Al mismo tiempo, otros episodios de violencia acompañaron la previa y el pos de esa jornada electoral, no ya en la capital sino en el interior de la provincia.

El PJ organizó un importante acto en Zapala y en el cierre de ese encuentro, una gruesa columna de militantes se dirigió camino a la casa de la familia Sapag, en Avellaneda 570. Quienes fueron protagonistas de esa jornada aseguraron que, de haberse concretado el objetivo que perseguían los manifestantes, se habría desencadenado un enfrentamiento armado, algo que no sucedió porque la Policía, advertida del hecho, logró desviar la movilización.

En el norte, una vez terminado el escrutinio, también se produjeron hechos de violencia, como en Buta Ranquil, donde se impugnaron y recurrieron mesas.

Pero la suerte ya estaba echada. La noche del 15 de abril de 1973, los números marcaron una aplastante victoria del Movimiento Popular Neuquino, que obtuvo el 60,5% de los votos, contra el 39,5% del Frejuli.

Algunos analistas, para explicar lo abultado del resultado, apuntaron que al caudal propio del partido provincial se sumó una importante cantidad de votos del radicalismo y de gente que no simpatizaba por ningún espacio político. Lo cierto es que a partir de esas jornadas turbulentas, donde el peronismo intentó recuperar lo que entendía que era suyo, el MPN se transformó en una fuerza política invencible, que terminaría imponiéndose hasta la actualidad en todas las elecciones a gobernador. Quizá la lectura más acertada la dio un dirigente del PJ de la época: “La base del peronismo, acá en Neuquén, era la base del MPN, eso nosotros lo entendimos después”.

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Fuentes consultadas:

Notas periodísticas de los medios de la época.

Dirigentes del MPN y del PJ de la época.

“Los contradictores en la política neuquina, el clivaje de 1973”, de Orieta Favaro y Graciela Iuorno, investigadoras de la UNCo.

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