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Daniela Cardone rompió el silencio y habló del cipoleño Carlos Gandini, padre de su hija Brenda

La ex modelo dio por terminados los viejos y dolorosos rumores que circulaban sobre ella y la crianza de la actriz.

Durante mucho tiempo, Daniela Cardone fue la protagonista de un doloroso rumor, el cual estaba relacionada con su rol de madre con su primera hija, Brenda Gandini; el cual ella misma se encargó de dar por terminado. Es que, en una entrevista íntima, la ex modelo y conductora habló de lo que ocurrió durante su embarazo con la actriz y su separación del cipoleño Carlos Gandini.

En este sentido, muchos vieron como mientras ella triunfaba en el mundo del espectáculo y la moda, su hija se criaba con su ex pareja, muy lejos de ella.

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Incluso la mismísima Brenda lo confirmó en un programa de televisión: “No viví con mi mamá hasta los 18 años que me vine a vivir con ella. Por elección, yo estaba muy feliz en el sur con mi padre y con Pato. La verdad es que siento que hoy, mirándolo a la distancia, uno hace lo que puede, hasta donde puede. Nuestros padres vivieron otra historia, otros tipos de permisos, mucho desamor. Quizás antes no tenían opción y las mujeres tenían que estar en la casa con los hijos y yo por ahí no podía entender cómo mi mamá no estaba en mi casa conmigo. Y hoy digo 'qué bueno que no estuvo en la casa conmigo e hizo lo que quiso’”, expresó la pareja de Gonzalo Heredia en PH: Podemos Hablar.

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Sin embargo, en ese momento, Gandini habló de sanación y dejó en claro que la ausencia de madre logró ser superada (incluso hizo mención al gran apoyo que recibió por parte de su padre y la pareja de él). A partir de ese punto fue que Daniela tomó la posta y decidió contar más detalles de la historia que vivió con el cipoleño.

Según recordó Cardone, se casó con él cuando tenía 19 años, época en la que vivía en Neuquén, trabajaba en Austral Líneas Aéreas y estudiaba el Profesorado de Arte Dramático en la capital neuquina (su infancia y su adolescencia se dividió entre Valcheta, sitio en el que vivía su madre y Neuquén, donde vivía su padre).

“¡Esa costumbre muy argentina de cargarse responsabilidades tan prematuramente, como si la vida se acabase ya! Pero era otra Daniela. Recién comenzaba a caminar con demasiadas idealizaciones y una energía desbocada”, contó a Infobae. Muy poco tiempo después quedó embarazada, una noticia celebrada hasta el séptimo mes, cuando ella misma confió que fue “abandonada”. Cada vez eran más frecuentes y “más inexplicables” las desapariciones de un marido “evasivo”, al punto de que Cardone pasaba días sin recibir noticias y preguntándose, una y mil veces: “¿Esto era la familia?”.

Todas sus dudas se acabaron cuando Gandini le dijo, aun embarazada: “En este estado no te quiero ni a vos ni al bebé que llevás ahí”. A partir de ahí, fue que conoció que su esposo sufría una terrible enfermedad: “Él era depresivo. Y sus depresiones resultaban fatales. Estaba muy medicado, muy. ¡Y nunca lo supe! Jamás”, reveló. “Recuerdo que mamá se enojó conmigo: ‘¡¿No te diste cuenta?! ¡¿Cómo fue que nadie de su familia fue capaz de decírtelo?!’, me reprochaba. Entonces comencé a resolver la vida como pude”.

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En este contexto, el 8 de agosto de 1984 nació Brenda Daniela. “Era tan rubia que creí que me la habían cambiado”, contó. Sin embargo, Carlos había estado presente en todo el parto, por lo cual eso no había sido una opción. “Estaba tan impresionado y panicoso que debía ser asistido cada cinco minutos”, recordó Cardone.

La felicidad de la llegada de su hija y la posible revinculación con el padre de la pequeña se terminó cuando el cipoleño le dio otra terrible noticia: “Carlos me dejó por la empleada de casa, la misma que me había ayudado con las tareas y cuidados durante todo el embarazo”, confesó y agregó que ello: “al tiempo se casaron y tuvieron un hijo”.

A partir de allí, el susto por los reiterados acosos de Gandini se convirtió en hastío. “Se me aparecía en casa y en todos lados, solo para hostigarme. Sentí que me volvería loca”, explicó Daniela. A esto se sumó a la necesidad de una mejora económica para tomar la determinación de apartarse del Sur. “Dejé a Brenda al cuidado de mamá, en Valcheta, junté mis ahorros y viajé Buenos Aires para explorar la chance de un futuro. Recuerdo que me instalé en el Hotel República con la tarjetita que me había dado Teté (Coustarot, 72) alguna vez que la atendí en el aeropuerto diciéndome: 'Vas a ir a ver a Roberto Giordano a esta dirección'”, admitió.

Mientras, fue promotora, “y ganaba lo suficiente como para alquilarme un departamentito y planear traer a mi hija conmigo”, una gran oportunidad s ele presentó: conoció a Nina Blanchard, mítica descubridora de talentos, y pronto viajó a Los Ángeles, donde fue recibida en Wilhelmina, una de las agencias más reconocidas a nivel mundial.

Pero horas después, un llamado de su madre truncaría lo que pudo haber sido “un carrerón” internacional. “¡Daniela, tenés que volver ya!”, gritaba su madre del otro lado de la línea y le agregó: “Carlos y su mamá se aparecieron en casa, se llevaron a Brenda y te iniciaron un juicio por la tenencia”.

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“Así comenzó mi calvario. Ni a una prostituta le arrebatan un hijo del modo en que lo hicieron conmigo. Debía firmar un papel para que me autorizaran verla y así, asegurarse de que no la secuestraría. Fue indignante”, recordó y continuó su relato: “Pero Gandini era un tipo de plata y su familia había comprado a la Justicia”.

Otra vez en Buenos Aires, lo que podía ganar era para letrados y la vida de Brenda para poder verla se dio entre aviones. “Brenda viajaba solita cada fin de semana, con el cartelito típico que se le cuelga a los chicos y cuidada por mis excompañeros de aerolínea. ¡Pobrecita! Sufría con las turbulencias... Será por eso que hoy le tiene terror a los aviones. Fue muy duro para las dos”, confió.

Todo eso se terminó por decisión de su propia madre. “Un día mamá me dijo: '¡Basta de abogados! Cuando la nena cumpla sus 18 va a elegir vivir con vos’. Así fue. Durante todos esos años me ocupé de crear el escenario perfecto para que se acomodase aquí. Cuando llegó tenía todo hecho”.

“Necesitaba ver a mi bebé, pero debí acostumbrarme al dolor de la distancia”, pronunció algo quebrada. Si bien durante años tuvo que soportar “versiones distorsionadas y comentarios de odio”, sobre su rol como madre con ella, ambas saben lo que vivieron. “Después de todo, mi hija sabe lo que luché por las dos y, principalmente, por su futuro”, contó.

“Hay cosas que se hablan al crecer”, aseguró Cardone, recordando las palabras de la actriz en el programa de Andy Kusnetzoff y cerró: “Nada de lo que transitamos logró resentir nuestra relación. Ninguna madre es perfecta y hoy todo está saldado entre nosotras”.

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