LM Neuquén y LU5 tuvieron en Diego Sarco a su corresponsal que vivió en carne propia el Mundial de 2022.
*Por Diego Sarco, enviado especial a Qatar.
Anoche me acosté escuchando radio y después del himno de las 00 pusieron el relato del penal de Montiel que nos dio la copa. En ese momento se me vinieron miles de imágenes de lo que pude vivir desde Qatar.
Pero para mí el Mundial había empezado en el aeropuerto de Neuquén, que sería el primero de seis que iba a visitar para llegar a Doha. Para abaratar costo hice escala en Córdoba, Asunción, Madrid, Lisboa, París y Beirut antes de pisar tierras árabes. El hincha argentino llegó con la misma ilusión que los jugadores por lo que había demostrado en el juego el equipo de Scaloni.
Quedamos helados e incrédulos cuando perdimos en el debut con Arabia Saudita. En ese momento pensé que mi mundial podría durar tan sólo 5 días, porque si perdíamos con México nos volvíamos. En realidad yo me quedaba porque el pasaje de vuelta lo tenía para después de cuartos de final. Pero con qué ánimo podría sobrevivir tanto tiempo después de semejante frustración.
El partido frente a México fue una tortura, todo empezó en la previa con miles de mexicanos confiados que nos dejaban afuera. El estadio Lusail con capacidad para 90 mil personas fue testigo de una remontada que nos llevaría a la final.
Por suerte mi mundial seguía y se venía otra final con Polonia. Yo estaba alojado en el Barhat Al Janoub, el barrio de los argentinos, un lugar que tomamos como propio, juntándonos a comer un asado improvisando parrillas con carros de supermercados, haciendo banderazos que motivaban a seguir con esa ilusión. Éramos familia. Nos ayudábamos con yerba, algún comestible, todo era comunitario. El covid y el virus del camello estaban dando vueltas así que la provisión de medicamentos también estuvo ahí entre los argentinos, nos cuidábamos entre todos. Eso fue fundamental, estar cerca de cada compatriota en un país con una cultura totalmente distinta.
Después de pasar a Australia se venía Países Bajos en cuartos de final. La cosa no era fácil, pero hubo un momento de inflexión en la previa. En el mismo estadio nos enteramos que Brasil había quedado afuera con Croacia. Sabíamos que si pasábamos a Países Bajos se allanaba el camino a la final porque no nos cruzábamos con el candidato.
Mi viaje terminaba ahí, me tenía que volver. Quedaban dos partidos. Yo estaba haciendo una cobertura para Lu5 y LM Neuquén. Me ofrecieron seguir allá. Pero soy muy cabulero, si me quedaba no íbamos a salir campeones. Así que me volví. Otra vez las mismas escalas para volver a Neuquén.
La semi con Croacia me encontró en Córdoba, me fui hasta Río Tercero, mi ciudad natal, a ver el partido con mi padrino y su familia, asado y fernet de por medio.
Para el 18 de diciembre ya estaba en Neuquén, vi ese partido solo en casa. Mi señora e hija habían ido a ver todo el mundial a la casa de mi hermano. Ese domingo les dije que vayan, yo me quedaba solo, no quería romper ninguna cábala. Me quedé con mis dos perras y la tortuga que apodé Mbapé. Ese domingo lloré de alegría como cada argentino. Fue un desahogo enorme. Una felicidad que nunca voy a olvidar. Todos fuimos Montiel.
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