Hernán Galíndez, arquero de Huracán, habló con Juan Pablo Varsky y contó los detalles de cómo se dio su fuerte cambio de alimentación.
En tiempos donde la alimentación y el rendimiento deportivo van de la mano, el arquero ecuatoriano Hernán Galíndez se convirtió en un ejemplo viviente de transformación. En una sincera entrevista con Juan Pablo Varsky, el actual guardameta de Huracán reveló el profundo proceso de cambio que atravesó durante los últimos años, dejando atrás una rutina poco saludable y abrazando una vida enfocada en el cuidado personal y profesional.
"Empecé a cuidar mucho en la pandemia. Como no tenía nada para hacer, me empecé a cuidar, empecé a entrenar mucho. Y un día me encontré con la Selección, que ya ahí fue una obligación. Cambié muchísimo, tenía hábitos que eran horribles", confesó Galíndez, dejando en claro que el quiebre en su rutina ocurrió durante el aislamiento obligatorio, en pleno auge del COVID-19.
Hernán Galindez contó su peor momento a la hora de alimentarse
El arquero, que supo defender los colores de Ecuador en el Mundial de Qatar, no dudó en dar detalles de sus antiguos hábitos alimenticios: "En Ecuador había una marca que se llamaba Las Medialunas del Abuelo. No tenía nunca medialunas, tenía empanadas nomás. Entonces yo terminaba de jugar un partido y me iba a pasar por ahí y me compraban seis empanadas y tres o cuatro latas de gaseosa. Y me iba a jugar a la play y comía eso".
Este consumo desmedido se reflejó en la balanza: "Hubo un día... la balanza: 103,7, me acuerdo", rememoró. Sin embargo, reconoció que, a pesar del sobrepeso, nunca sufrió una lesión grave: "Sí, gracias a Dios, con ese peso nunca tuve una lesión. Pero sí recuerdo que, no sé, había un día que hacíamos centros, saltaba y me dolían las rodillas, la espalda, no me podía mover".
Los problemas que le traía como arquero estar pasado de peso
Ese estado físico y la aparición de nuevas exigencias al ingresar en la órbita de la selección ecuatoriana lo empujaron a replantear sus prioridades. El cambio fue drástico. Hoy, el arquero está entre los 89 y 90 kilos, gracias a una rutina estricta y la eliminación total de ciertos alimentos: "Eliminé absolutamente de la harina. Pasta prácticamente no como casi nunca, muy raro. Ni siquiera los días de partido, evito las pastas siempre. Cambié la forma de desayunar. Sí, eliminé la harina al 100%".
El desayuno, que solía incluir pan y otros productos típicos, ahora es completamente distinto. “Huevo y avena. O las tostadas de arroz. Pero extraño como loco, extraño muchísimo. A mí me mata lo salado, el pan me vuelve loco”, confesó con honestidad. Y agregó una reflexión que deja entrever todo lo que sacrificó para estar donde está: “Fue una época dura, cuando tenía para comprar comida, no me compraba ropa. Estaba entregado a eso, pero bueno, también sirve de aprendizaje”.
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