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La Mañana Selección Argentina

La historia del futbolista neozelandés citado a la Selección Argentina

Nació en Nueva Zelanda, hijo de argentinos, llegó hace poco al país sin hablar español y es parte de las formativas de Vélez.

El protagonista de esta historia nació en Auckland, Nueva Zelanda, tiene ciudadanía italiana, pero eligió representar a la Argentina. Se trata de Joaquín Reinoso, delantero de 15 años que juega en la octava división de Vélez Sarsfield y que tiene una trayectoria inusual a tan corta edad.

Fue criado por sus padres argentinos en Nueva Zelanda, empezó a practicar fútbol y dejó su país sin dominar el idioma español y fue convocado a la selección albiceleste, con lo que cumplió uno de sus sueños. “Primero me convocaron de la selección de Nueva Zelanda para jugar el clasificatorio al Mundial Sub 17 y acepté, pero cinco días antes me llegó la citación de Argentina. Era una decisión difícil, pero mi corazón es argentino y siempre soñé con jugar con esa camiseta. Llamé al entrenador y le pedí disculpas, pero yo quería jugar para Argentina", contó en una entrevista con Infobae.

"Crecí mirando al Barcelona y Manchester City, Messi es mi ídolo, admiro a Neymar porque me gusta gambetear y me encanta el estilo de Di María”, agregó. El jugador, categoría 2011, es hijo de Vanesa y Lautaro, quienes habían emigrado a Nueva Zelanda desde Argentina en busca de nuevos desafíos laborales. La historia familiar tiene un punto de quiebre con la tragedia de Cromañón en diciembre de 2004. “Fue un momento que me cambió la vida y la idea de jugar al fútbol. Me afectó en la parte psicológica y me dediqué a estudiar”, describió el padre de Joaquín, quien había llegado a la cuarta división de Platense antes de colgar los botines.

Una vez instalados en Auckland, Lautaro consiguió trabajo en el King’s School, uno de los colegios más prestigiosos de la ciudad, donde Joaquín estudió durante cinco años. Fuera del aula, el chico practicó atletismo, natación, hockey, tenis y golf, destacándose en todas las disciplinas. Sorpresivamente, el fútbol llegó más tarde de lo esperado, aunque sin presión familiar. “Mi idea no era empujarlo mucho porque yo había jugado en inferiores. Quería que hiciera muchos deportes y que luego decidiera él”, explicó su padre.

Su paso por España

La decisión de dar un paso concreto tomó forma cuando Joaquín Reinoso tenía alrededor de 10 años y ya estaba consolidado en la academia neozelandesa, con participación destacada junto a su equipo en un torneo en Japón. Fue ahí donde Lautaro se contactó con un amigo que trabajaba en las infantiles del Calamar y le preguntó si su hijo podía entrenar dos semanas con los chicos de su categoría durante unas vacaciones en Buenos Aires. La respuesta de su contacto fue positiva: “Me agarró y me dijo: ‘Laucha, tu hijo anda muy bien. No está para jugar acá en un Platense’. Eso me quedó grabado”.

Tras el retorno a Nueva Zelanda, Joaquín tuvo otra oportunidad de desarrollo en España, le consiguieron una prueba en el Valencia y hasta jugó un torneo. “Lo querían, pero no nos pudimos quedar porque no teníamos en ese momento el pasaporte italiano”, recordó su madre, Vanesa. Joaquín ya estaba para dar el salto, pero debía encontrar el club para su formación. Tuvo la chance de irse a Inglaterra, pero la idea tampoco prosperó y quedó la opción que cambiaría su vida: armar la valija y probar suerte en Argentina.

Antes del viaje, hubo una conversación entre padre e hijo que marcaría el rumbo. “Le dije: ‘Si vos querés ser profesional, tenemos que irnos de acá. Hay que dar un paso y medirse con jugadores que te ayuden a mejorar’”, recordó Lautaro. El problema en Nueva Zelanda era que Joaquín competía contra chicos más grandes para encontrar un mínimo desafío, pero no contra jugadores futbolísticamente superiores.

Faltaba el contacto en Argentina para darle esa oportunidad y apareció Federico Domínguez, reconocido ex futbolista, quien vio las condiciones de Reinoso y le facilitó una prueba en Vélez. Consciente de que un solo día no era suficiente para testear a un chico que recién se familiarizaba con el idioma y la dinámica del fútbol argentino, Domínguez pidió que la evaluación se extendiera entre 10 y 15 días.

Su llegada a Vélez y la citación a la Selección

Domínguez, que por ese entonces representaba al futbolista (hoy trabaja con Insua Group), le había recomendado a la familia Reinoso el club de Liniers por encima de otros gigantes, ya que conoce desde las entrañas cómo se trabaja en La Fábrica. Joaquín recuerda ese momento con precisión: “Lo primero era probarme en Vélez, después venía River o Boca. Este club te da más oportunidades para llegar a Primera. Hay chicos que estaban en sexta el año pasado y ahora están en primera. Acá me tratan muy bien y estoy contento”, desarrolló el delantero que es una pieza clave en la octava división y ya adoptó el mate como una nueva costumbre argentina.

La barrera que tuvo Joaquín en su nueva aventura fue el idioma. Llegó a la Argentina sin hablar español con fluidez. Esto le impidió conseguir una vacante en el colegio de Vélez y tuvo que comenzar en una escuela pública, donde fue el mejor alumno. Ahora, estudia de manera virtual y reconoce que es mejor, ya que le permite una flexibilidad de horarios que son compatibles con su carrera de futbolista. “Al principio era muy difícil, con el idioma y todo. Sabía entender y escuchar, pero me costaba hablar. Y en el fútbol tenés que hablar para pedir la pelota”, remarcó.

También reconoció que debió transformarse como jugador: “Acá en Argentina son maduros, tienen más hambre para ganar. Yo jugaba diferente, con más calma, con más tranquilidad. Tuve que cambiar eso y hacerme más agresivo, un poquito más egoísta. Me ayudó mucho y estoy acá por eso”. El perfil técnico de Joaquín Reinoso combina atributos poco frecuentes a su edad. Mide más de 1,80 metros, es zurdo, pero maneja las dos piernas con fluidez y puede desempeñarse como extremo por cualquiera de los dos costados del campo. Incluso jugó de enganche en algunos partidos. “Soy un jugador rápido y explosivo. Soy alto, entonces uso mucho mi velocidad; además, encaro mucho y siempre me gustan los duelos”. Y bromeó: “Tengo cositas de Di María, ja”.

En septiembre de 2026, Joaquín recibió dos convocatorias casi simultáneas: la de la Selección de Nueva Zelanda para el torneo clasificatorio al Mundial Sub 17 y la de la selección argentina en la categoría Sub 15, para la Liga Evolución CONMEBOL en Paraguay. Ya tenía pasaje comprado para Auckland. “Viajaba en dos o tres días. Era todo muy cercano”, aclaró su padre. Sin embargo, su hijo cambió la decisión para representar a la Albiceleste y cumplir su sueño: “Fue difícil, pero allá me entendieron. Cuando llegó la convocatoria la llamé a mi mamá y se puso a llorar de emoción”.

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