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La particular historia del arquero de Japón, Zion Suzuki

El guardametas fue una de las figuras del equipo asiático en el Mundial 2026, donde quedó eliminado con Brasil.

La historia de Zion Suzuki no empieza ni termina con su convocatoria a la selección absoluta de Japón. Cada vez que se acerca un Mundial, el álbum de figuritas desata sorpresas, y la de este joven guardameta no es la excepción. Quienes topan con su estampa de arquero se encuentran con rasgos orientales y una piel oscura que despierta preguntas al instante. Y es que Japón es una de las tres naciones que podrían haberlo reclamado como propio.

De hecho, el país nipón no vio nacer a Suzuki. Gran parte del próximo certamen mundialista se disputará justo en el lugar donde él vino al mundo: Estados Unidos. Un 21 de agosto de 2002, en Newark, Nueva Jersey, llegó al mundo fruto del amor entre un padre estadounidense de raíces ghanesas y una madre japonesa. Poco después de su nacimiento, la familia decidió cruzar el Pacífico y establecerse en Japón, donde el pequeño Zion creció empapándose de la cultura que terminaría por definir su identidad.

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Ya con los guantes puestos, y ante la posibilidad de defender los colores de Ghana, Estados Unidos o Japón, no dudó: eligió al país que lo formó como persona. Pero su decisión, tomada desde el corazón, no estuvo exenta de consecuencias.

Aunque la sociedad japonesa suele ser reconocida mundialmente por su orden, disciplina y cortesía, en el terreno doméstico aún arrastra una asignatura pendiente: el trato hacia los hafu —los mestizos— en un entorno mayoritariamente homogéneo. Zion lo padeció en carne propia.

La hostilidad que sufrió en las redes

Las redes sociales se convirtieron en un campo minado. Los ataques se intensificaron tras el partido contra Irak (2-1) en la Copa Asiática 2024, donde un error suyo terminó en una derrota inesperada. El seleccionador, Hajime Moriyasu, no tardó en salir al frente: "Me da vergüenza y preocupación que haya sido discriminado por su raza. Me aseguraré de que esto no lo distraiga. Es inaceptable. Los derechos humanos están por encima de todo, vivimos en un mundo diverso y el fútbol debería ser un puente, no una trinchera".

No es un caso aislado. Deportistas como Naomi Osaka o Rui Hachimura —con padres haitiano y beninés, respectivamente— han sufrido episodios parecidos. La tenista confesó alguna vez: "Esa chica negra, ¿se supone que es japonesa? Así sentía que me veían". El jugador de baloncesto secundó: "Dicen que no hay racismo en Japón, pero sí lo hay, y se nota en comentarios cotidianos. No se trata solo de exponerlos, sino de abrir el debate público". Suzuki, en cambio, optó por el silencio y el trabajo constante como respuesta.

Su carrera despegó en Saitama, la ciudad donde se instaló su familia. Con solo 11 años, ingresó a las divisiones inferiores del Urawa Red Diamonds, y desde entonces pulió una de sus mayores virtudes: la capacidad de jugar con los pies, forjada en aquellos años en los que salía del arco para desempeñarse como volante. A los 18 firmó su primer contrato profesional, el más joven en la historia del club, y debutó en marzo de 2021. Aunque sus minutos fueron escasos, alcanzó títulos como la Copa de Japón, la Supercopa local y la Champions League asiática. El salto a Europa era cuestión de tiempo.

El interés del Manchester United no prosperó, pero el destino lo llevó al Sint-Truiden belga gracias a DMM, un gigante del comercio electrónico con sede en Japón, es propietario del club y vio en Suzuki una apuesta de futuro inmediata. Llegó cedido y pronto fue adquirido. Apenas un año después, el Parma italiano se hizo con sus servicios, y hoy es el club dueño de su pase.

Su presencia en la selección

En la selección mayor lleva casi 30 partidos y su presencia impone por varios motivos. Más allá de su juventud —23 años—, destaca por su envergadura: 1,90 metros, una altura poco común entre los arqueros nativos de Japón. Parece ser la apuesta de los Samuráis Azules para construir una nueva etapa y dejar atrás la era de Eiji Kawashima, presente en cuatro Mundiales (Sudáfrica 2010, Brasil 2014, Rusia 2018 y Catar 2022, ya como suplente). Suzuki le gana en estatura y, además, llegó su primera Copa del Mundo con cuatro años menos que su predecesor.

Antes de Kawashima, los guardametas nipones apenas superaban el 1,80. En 2022, Shuichi Gonda (1,87) fue titular y Daniel Schmidt (cerca de 2 metros) fue su relevo, con un caso similar al de Suzuki —nacido en EE.UU. con padre alemán y madre japonesa—, pero su piel blanca no generó polémica alguna.

El joven arquero del Parma además se convirtió en el primer japonés en jugar en la Serie A italiana. Un hito que corona su meteórico ascenso y lo consolida como la gran promesa del arco nipón.

Más allá de la derrota con Brasil por 2 a 1, fue la figura de su equipo en el certamen.

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