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La Mañana kombucha

Una kombucha neuquina inspirada en la naturaleza

La marca nació en Neuquén con tres sabores, una identidad visual singular y la intención de ofrecer una alternativa a las gaseosas y los jugos azucarados.

Durante mucho tiempo, la kombucha perteneció al universo de las cocinas domésticas: un frasco grande, una tela sujetada con una banda elástica y una especie de disco gelatinoso flotando en una infusión ambarina. Para algunos era una bebida saludable; para otros, un pequeño misterio transmitido entre conocidos junto con una porción de ese cultivo vivo que permite iniciar una nueva elaboración.

El escenario cambió. La kombucha salió de las casas, ganó espacio en dietéticas, cafeterías y restaurantes, y se convirtió en una categoría comercial en crecimiento en distintas partes del mundo. En Neuquén, ese movimiento tiene una expresión local: Blüte, una marca creada por Mariano Cocco y Lucas Arens, licenciado en Nutrición y conocedor del proceso de fermentación.

Los socios observaron lo que ocurría en mercados como Estados Unidos y Europa, donde la bebida ya estaba instalada, y también su avance en Buenos Aires. En la Patagonia, sin embargo, todavía había un espacio poco explorado. La oportunidad no consistía solamente en fabricar kombucha, sino en construir una marca neuquina capaz de hablar desde el territorio sin recurrir al repertorio visual más previsible de montañas, lagos y paisajes.

Manzana y canela, una combinación genial en una kombucha fresca y natural

Manzana y canela, una combinación genial en una kombucha fresca y natural

la Kombucha y el té


Blüte comenzó con tres variedades: Manzana y Canela, Limón y Jengibre, y Frambuesa y Pimienta Rosa. Las combinaciones permiten entender rápidamente su búsqueda. Hay sabores reconocibles, pero también una intención gastronómica: especias, acidez, aromas y un leve picor que alejan a la bebida de la lógica lineal de una gaseosa.

La kombucha se elabora a partir de una infusión de té endulzado. Allí interviene el SCOBY, sigla en inglés utilizada para denominar una comunidad simbiótica de bacterias y levaduras. Durante la fermentación, estos microorganismos consumen buena parte del azúcar y transforman la infusión.

El resultado es una bebida fresca, ligeramente ácida y naturalmente vinculada con el mundo de los fermentos. Puede presentar burbujas y una complejidad aromática que depende tanto del té utilizado como de los ingredientes incorporados posteriormente.

El azúcar, en este caso, no cumple solamente la función de endulzar: es el alimento que hace posible la fermentación. Por eso, comparar la cantidad utilizada al comienzo del proceso con el azúcar residual de la bebida terminada puede llevar a conclusiones equivocadas. Una parte es metabolizada por las bacterias y las levaduras.

La elaboración parece sencilla cuando se enumeran sus componentes, pero producirla de manera regular exige control. Cada receta necesita sucesivas pruebas hasta encontrar una fórmula que pueda repetirse sin perder identidad. Las temperaturas, los tiempos, las proporciones y las materias primas modifican el resultado. No alcanza con obtener una tanda rica: el desafío de una marca es lograr que la lata abierta hoy se parezca a la que el consumidor eligió la semana anterior.

Esa estandarización ocupó una parte importante del desarrollo de Blüte. Los sabores debían distinguirse con claridad, pero sin tapar el carácter fermentado de la bebida. En Limón y Jengibre aparece el golpe fresco del cítrico y el picor final de la raíz. Frambuesa y Pimienta Rosa resulta más amable para una primera aproximación. Manzana y Canela trabaja sobre una asociación conocida, aunque trasladada a una bebida fría, ácida y con gas.

Una bebida para la mesa

Uno de los aspectos más interesantes de la kombucha es el lugar que puede ocupar durante una comida. La oferta sin alcohol de muchos restaurantes todavía se limita al agua, la gaseosa o el jugo. Quien no quiere tomar vino o cerveza suele quedar al margen de buena parte de la experiencia gastronómica.

Blüte busca intervenir en ese espacio. No pretende imitar una bebida alcohólica, pero sí ofrecer algo con aromas, acidez, textura y un sabor que evoluciona en la boca. Es una alternativa para quien maneja, para quien redujo el consumo de alcohol o, sencillamente, para quien quiere tomar otra cosa sin resignarse a una bebida excesivamente dulce.

La recomendación es servirla muy fría. Puede tomarse directamente de la lata o en un vaso con hielo. La variedad de Limón y Jengibre tiene un perfil apropiado para acompañar pescados, preparaciones frescas e incluso un asado, donde la acidez ayuda a limpiar el paladar entre bocados. Frambuesa y Pimienta Rosa funciona como puerta de entrada para quienes todavía miran la palabra «kombucha» con cierta desconfianza.

También puede utilizarse en coctelería. Sus burbujas, su dulzor contenido y su acidez permiten sumarla a tragos con alcohol o convertirla en la base de cócteles de baja graduación. No se trata solamente de reemplazar la soda: una kombucha ya lleva consigo sabores capaces de modificar la estructura de una mezcla.

Según la información nutricional difundida por la marca, cada porción aporta 15 calorías y no contiene grasas ni sodio. La participación de un licenciado en Nutrición atraviesa esa formulación y la intención de ofrecer una opción cotidiana frente a las gaseosas azucaradas. De todos modos, como ocurre con cualquier alimento fermentado, conviene evitar las promesas grandilocuentes. Su principal argumento sigue estando en el vaso: es refrescante, tiene poco azúcar residual y propone una experiencia diferente.

A partir de un té fermentado, nace una bebida pro biótica, rica y natural

A partir de un té fermentado, nace una bebida pro biótica, rica y natural

Una lata que evita los lugares comunes

El nombre Blüte significa «florecer» en alemán. Esa idea también atraviesa una identidad visual inspirada en las publicaciones y composiciones del art nouveau. Las latas se apartan deliberadamente de la estética habitual de muchos productos asociados con la alimentación saludable, dominada por verdes, hojas y mensajes de pureza.

La elección del aluminio no fue solamente visual. La lata impide el paso de la luz, es liviana y reciclable, y simplifica la distribución. En una bebida sensible a las condiciones de conservación, el envase forma parte del producto y no actúa como un mero soporte publicitario.

La marca ya piensa, además, en una versión de kombucha con gasificación natural inspirada en el universo de los vinos pétillant naturel, conocidos como pet-nat. Esa edición se presentaría en botellas de vidrio tipo Borgoña y profundizaría el vínculo entre la fermentación y la mesa.

En materia de sabores también hay proyectos en desarrollo: Pomelo e Hinojo, una kombucha elaborada con café y posibles ediciones estacionales. Las ideas muestran una dirección interesante, aunque el verdadero trabajo estará en convertirlas en bebidas equilibradas. En este terreno, la originalidad de una combinación sirve de poco si después cuesta terminar el vaso.

De Neuquén hacia la cordillera

Blüte se encuentra en alrededor de 30 puntos de venta de Neuquén capital. La red incluye dietéticas, cafés de especialidad, restaurantes como Marga y el hotel Hilton. También comercializa sus productos a través de Instagram y cuenta con una página web que incorpora contenidos sobre salud, gastronomía y emprendedurismo local.

El objetivo es convertirse en una referencia patagónica dentro de la categoría. Eso implica salir de la capital provincial y avanzar hacia localidades cordilleranas, restaurantes, comercios especializados y puntos de consumo vinculados con la montaña.

La aspiración tiene lógica. La Patagonia construyó durante décadas una identidad alrededor del vino, la cerveza artesanal, los destilados y los productos regionales. Una kombucha elaborada en Neuquén puede incorporarse a ese paisaje sin necesidad de disfrazarse de tradición ancestral ni exagerar sus beneficios.

Blüte aparece en un momento en el que beber sin alcohol empieza a dejar de entenderse como una renuncia. Hay consumidores que buscan moderación, pero no quieren resignar sabor ni ritual. Quieren abrir una lata, servirla en un vaso y encontrar algo más que dulzor.

En ese punto está la apuesta de la marca neuquina: llevar una bebida antiguamente confinada a un frasco doméstico hacia la mesa contemporánea. Con fermentación, burbujas y una identidad propia, Blüte intenta demostrar que la alternativa a una copa de vino o a una gaseosa también puede tener espesor gastronómico.

info: @blute.patagonia

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