El Encuentro de Artesanos copó el centro de la ciudad

Durante el fin de semana la feria ofrecerá todo tipo de productos.

Por Mario Cippitelli - cippitellim@lmneuquen.com.ar

Los puestos de cada feriante están prácticamente pegados unos a otros. Apenas si hay un espacio libre por el que se improvisan angostas callejuelas que se asemejan a los mercados persas de cualquier parte del mundo. El olor a sahumerios impregna el ambiente, por más que todo se exhiba al aire libre. Se respira en cada rincón un aire bohemio, de arte y creatividad.

Pero los puestitos de vendedores no están en ninguna ciudad remota o exótica. En la ciudad de Neuquén, la Feria Nacional de Artesanos cambió la fisonomía de una parte de la Avenida Argentina y lo hará durante todo el fin de semana, tal como viene ocurriendo desde hace años.

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La arteria que divide a la ciudad entre el este y el oeste se convertirá en peatonal. Los autos dejarán el paso para que miles de personas visiten la exposición y conozcan el trabajo de los artesanos. De los de aquí y allá.

Desde distintos puntos del país llegaron productores, artistas, maestros del cuero, de la soguería o de la tela. Todos vienen con el mismo objetivo: mostrar su producción y vendérsela al público neuquino.

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Hay de todo y para todos los gustos. Están los que trabajan la madera, los que forjan los fierros hasta convertirlo en obras de arte, los orfebres que dan vida a pequeñas joyas con metales y piedras semipreciosas o simplemente crean bijouterie, con trocitos de madera, caracoles o cuerdas trenzadas. Están también quienes confeccionan prendas de vestir, aquellos que pintan y tiñen telas o los que trabajan en la alquimia de la perfumería para descubrir aromas poco conocidos, los que tallan.

Uriel vino de Córdoba, provincia donde práctica el oficio de artesano con su familia. En el puesto que se le asignó en la feria despliega un gran abanico de mates, yerberas, azucareras y morteros, todos hechos en madera de algarrobo.

Si bien en otra oportunidad ya había venido a Neuquén con su madre para vender mates, ahora lo hizo solo, con productos distintos porque “el público siempre quiere ver cosas nuevas”.

Ezequiel es un salteño parco que viajó muchos kilómetros para llegar a la capital neuquina y mostrar el arte de la soguería criolla. En su puesto exhibe artesanías de todo tipo en cuero. Hay cinturones, llaveros y un amplio abanico de artículos que viene a mostrar por primera vez a este rincón de la Patagonia. Como muchos, tiene el espíritu de viajero. “Adonde me invitan, voy”, reconoce.

El arte del macramé y el moldeado es la especialidad de José Luis, un bonaerense que viene de Benito Juárez al Encuentro Nacional de Artesanos. Asegura que todo lo aprendió en la calle, mirando cómo lo hacían otros, compartiendo conocimientos. Biromes, portasahumerios que además sirven para colgar las llaves, llamadores de ángeles confeccionados en madera, son algunos de los productos que ofrece en este lugar al que viene desde hace 7 años. “Me gusta andar por todos lados”, dice. Y cuenta que hace poco estuvo en Chaco, La Pampa, Santa Fe y otras tantas provincias compartiendo experiencias con otros emprendedores.

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Juegos

Por algunos días nada más, Carlos dejó el puesto que tiene hace años en Plaza Francia, en la Recoleta para venir a mostrar su arte: juegos didácticos en madera para los más chicos.

Hace 35 años comenzó con esta novedosa forma de hacer artesanías que tiene como único objetivo la recreación y el aprendizaje de los niños, especialmente aquellos que tienen dificultades. “Trato de desarrollar todo tipo de juegos para potenciar el desarrollo de los chicos”, cuenta entusiasmado, mientras muestra las tradicionales “tablitas mágicas” que entretuvieron a varias generaciones durante más de un siglo, encastres con formas de animales o el famoso “equilibrista” que hace piruetas sobre una barra.

Dice que la artesanía es una forma de vida que a él le permitió criar a una familia y darles la oportunidad a sus dos hijos para que estudien en la universidad.

En otro rincón de la feria, un pequeño puesto atrae a los potenciales clientes con su perfume a plantas y flores. Es el que tiene Soledad, una cipoleña que se dedica al arte de las kokedamas, una técnica oriental para cultivar cualquier tipo de vegetal. Comenta que es una suerte de bonsái, pero con algunas diferencias. Jazmines, tomates cherry, arbustos, aromáticas, crecen en una bola de musgo, sin maceta y se ofrecen como plantas ornamentales de interior o exterior para decorar ambientes o jardines. El puesto es, sin dudas, un lugar de atracción para quienes andan por la feria debido a la novedosa técnica que desarrolló Soledad y que la explica con tanta paciencia como pasión a cada uno que le hace una consulta.

Es prácticamente imposible recorrer y mirar cada uno de los centenares de puestos que se montaron en el bulevar de la Avenida Argentina, aunque la totalidad muestra similitudes en torno al concepto sobre lo que significa la artesanía.

Todos los que trabajan comparten este modo de vida. Son medio bohemios, artistas ambulantes, soñadores y trotamundos que desafían las utopías.

Son, en definitiva, hacedores con las manos que se entretienen y se ganan la vida. Y además se divierten creando. De eso se trata.

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