"El presente rojo, una reparación"

Entre la palabra y la pelota. Eduardo Sacheri tiene al fútbol como un elemento de su vida y lo ha convertido, magistralmente, en literatura. Para el escritor, es una excusa para explorar otros mundos. Estuvo en la Feria del Libro y habló de sus dos pasiones.

POR PABLO MONTANARO / montanarop@lmneuquen.com.ar

"Mi mirada sobre el fútbol está lejos de ser inocente, celebratoria. Cuando me dicen que soy un fanático de Independiente, me quedo pensando en la palabra fanático y es una palabra que no me gusta", dice el escritor Eduardo Sacheri, quien en sus libros ha combinado con gran habilidad literatura y fútbol. En la charla con LM Neuquén, durante su presentación en la Feria Internacional del Libro de Neuquén realizada días atrás, el autor de La pregunta de sus ojos y Esperándolo a Tito, entre otros libros, confiesa que su "enfermedad" por el Rojo "remite a esa cosa de inmadurez y de fragilidad, mi ánimo o humor depende de lo que pase con un club de fútbol".

Es que para Sacheri, el fútbol es "esa puerta de entrada hacia lo más profundo de lo que somos y eso es lo que este deporte ofrece a la literatura".

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La pasión por el fútbol es uno de los ejes centrales en la obra de Sacheri porque “nos atraviesa como seres humanos y nos atraviesa en su complejidad”. Sin embargo, como sostiene, la pasión tiene “un costado hermoso y un costado siniestro” en el sentido en que “nos gobiernan, esclavizan, dominan y condicionan”.

Precisamente, su pasión por el fútbol “fue la locomotora que arrastró todo lo demás”. La lectura de sus cuentos por Alejandro Apo en su programa Todo con afecto por Radio Continental en 1996 lo llevó a ser un autor conocido. Afirma que siempre sintió la necesidad de escribir “cosas vinculadas con mi mundo: cierto tipo de lugares, gente, trabajos, amores, cierto tipo de juego, y el fútbol aparece por ese motivo”.

Agradece que escritores como Osvaldo Soriano, Roberto Fontanarrosa, Eduardo Galeano y Mario Benedetti se hayan tomado la libertad de tener al fútbol como materia literaria. “Los que vinimos después de ellos encontramos el campo facilitado, tuvimos la fortuna de que gracias a ellos el fútbol estaba dejando de ser un tabú literario”.

Precisamente sobre Soriano, quien focalizó algunos de sus mejores relatos futboleros en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, Sacheri señala que “algunos de sus cuentos, como algunos de Fontanarrosa, son de los mejores cuentos de fútbol que se hayan escrito”. Agregó que El penal más largo del mundo de Soriano, quien vivió su infancia y adolescencia en Cipolletti, y La observación de los pájaros del creador de Inodoro Pereyra “son los dos mejores que hay”.

Sobre el cuento El penal más largo del mundo, que Soriano lo ubica en el Valle de Río Negro, Sacheri dice que “habla de lo efímero que es la gloria porque lo pone al arquero, el Gato Díaz, en lo alto y termina con el protagonista, un probable Soriano de 18 años, que un año después le mete un penal facilongo porque el Gato Díaz ya no se puede tirar”. Y agrega que Soriano le da un enfoque interesante al fútbol “donde las glorias son pequeñas y efímeras. Es una mirada estupenda”.

Por otra parte, Sacheri resalta el actual presente que vive su equipo, Independiente, encabezado por su director técnico, Ariel Holan. “Lo vivo como una reparación en el sentido que cuando estás a la intemperie y te está lloviendo en la cabeza y para de llover y sale el solcito y te vas secando y te sentís tibio”, describe. Sin embargo, es prudente ya que “la vida en general y el fútbol me enseñaron a serlo”. “Hay una serie de síntomas que parece indicar que Independiente reencontró ciertos caminos favorables y venturosos. Ojalá todo siga de esta manera más allá de lo que pase contra River en los cuartos de final de la Copa Libertadores”, finaliza.

El recuerdo de una gran hazaña

El padre de Eduardo Sacheri le transmitió la pasión por Independiente ya desde su nacimiento, en 1967. “Era la época en que el equipo se cansó de ganar copas, por eso yo realmente sentía que era hincha del mejor equipo del planeta”, dijo el autor de Papeles en el viento. Su ídolo “para toda la vida” es Bochini y a la hora de elegir un equipo se vuelca por el campeón de América y del Mundo en 1984, con aquel mediocampo integrado por Giusti, Marangoni y Bochini.

Como muchos hinchas del Rojo, considera que la final contra Talleres de Córdoba en el Torneo Nacional de 1977 -que se disputó en enero de 1978- fue “la hazaña más grande”. Independiente terminó jugando con 8 jugadores por la expulsión de Trossero, Galván y Larrosa, el resto quería dejar la cancha pero el técnico José Pastoriza les pidió: “No se vayan, jueguen, sean hombres, se puede ganar”. El partido terminó 2 a 2 e Independiente se consagró campeón por tener más goles de visitante.

“Ese partido se disputó en un contexto sociopolítico muy particular, con un gobierno militar decidido a que el campeón debía ser Talleres”, explica Sacheri. Recuerda que su padre, que en ese entonces estaba muy enfermo, “me guardó todos los recortes sobre ese partido, como anticipándose a que estábamos ante una hazaña de museo”.

“Que Messi tenga una chance más”

El escritor subraya que los jugadores de la generación de Messi “dieron hasta el Mundial de Rusia” y desea que el 10 del Barcelona perdure un tiempo más. “Ojalá Messi tenga una chance más”. No le gusta la palabra fracaso porque “si la única manera de no fracasar es ser campeones del mundo, entonces digamos que casi todas las generaciones de jugadores argentinos fracasaron porque sólo dos consiguieron el título”.

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