El Presidente se aisló en un círculo que casi lo voltea
Alberto Fernández se puso solo contra las cuerdas. Todas las operaciones del mercado que padece no serían posibles sin que su elenco de gestión las hubiese posibilitado. El gobierno es un tembladeral, mientras el Presidente permanece encerrado en la residencia de Olivos sin dar noticias de su accionar para capear la crisis más que las que filtra a través de sus operadores mediáticos.
Fernández decidió hace rato gobernar sólo con su círculo íntimo inmensamente pequeño, más allá de ser el presidente del Frente de Todos. Mientras, sus socios, la vicepresidente Cristina Fernández y el jefe de Diputados, Sergio Massa, empezaban a tirar piedras para llamarle la atención. Cada uno a su modo: Cristina con fuertes discursos públicos y Massa a través de sus hilos con los poderosos auspiciantes de su carrera política.
“Escucho a todos pero las decisiones las tomo yo”, se envalentonaba Alberto Fernández cuando comenzaban las críticas por el encierro.
“El presidente soy yo”, tuvo que aclarar más de una vez. No debía, pero lo hizo. Y ahora, con una crisis que hasta podría llevarse puesto el gobierno, ha preferido refugiarse en la Quinta de Olivos y dejar que hablen todos los demás de lo que hace y lo que omite.
Mientras tanto, el país recibió un castigo fuerte de los mercados con alzas trepidantes en las modalidades del dólar no reguladas y caída de las acciones argentinos en Estados Unidos en torno al siete por ciento, es decir, las empresas de acá que cotizan en Wall Street valen siete por ciento menos que el lunes. También cayó la cotización de los bonos argentinos en dólares.
El Banco Central hizo maniobras desesperadas para atemperar el golpe.
La fase final de la crisis presente se desencadenó el sábado, cuando Martín Guzmán publicó en Twitter la renuncia al Ministerio de Economía. Lo hizo mientras Cristina Fernández se paraba enfrente de la gestión económica en un discurso en el acto por el aniversario de la muerte de Perón en Ensenada.
El Presidente no tenía un reemplazante para Guzmán, aunque el ex ministro le había adelantado que no seguiría si no acrecentaba su poder dentro del gobierno. Alberto Fernández hizo la plancha hasta que la ola lo pasó por encima. Entonces, empezó a dar manotazos para tratar de no ahogarse.
El país asistió a un desconcierto formidable desde el sábado en la tarde hasta el domingo en la noche. La designación de Silvina Batakis ordenó algo hacia adentro del Frente de Todos. La apoyaron muchos goberandores y la vicepresidenta. Hasta ahora, Massa aparece afuera de la nueva línea, a pesar de haber sido uno de los que más tiempo pasó con el Presidente después del portazo de Guzmán.
Los medios especularon con un superministerio a cargo del ex intendente de Tigre, quien además pondría a su tropa en las carteras claves. Era el trampolín para la candidatura presidencial de Massa el año que viene. Los especuladores no repararon en la inconveniencia que esa jugada representaba para el Presidente como para la vicepresidenta. No pasó.
Al final, el Presidente optó por reemplazar al jefe del Palacio de Hacienda y poco más. Batakis fue recibida por una cachetada de los mercados. Tiene entre las urgencias una renegociación con el Club de París, además del armado de una estrategia para negociar con el Fondo Monetario Internacional, que prefería a Guzmán antes que a cualquier otro en Economía.
El ex ministro fue el segundo albertista que dio un portazo dejando dinamita del lado de adentro, lista para explotar. Antes había ensayado una salida similar Matías Kulfas, quien se enojó con la vicepresidenta y se fue denunciando corrupción en el gobierno. Después se desdijo en la Justica. Kulfas golpeó la construcción del gasoducto de Vaca Muerta con una denuncia de direccionamiento de la licitación de la compra de los caños a favor del Grupo Techint, del poderoso Paolo Rocca.
El presidente Alberto Fernández ha quedado en situación de máxima debilidad, en buena medida por obra de los pocos albertistas con los que eligió aislarse a gobernar, lejos de las ideas de los socios del Frente de Todos. Desde la salida de Guzmán, el Presidente no habló en público. El shock en buena medida es autoinflingido.
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