La obsesión de Boca por la Copa Libertadores, el deseo de levantarla por 7ª vez en la historia, volvió a quedar trunco en la instancia de semifinales.
La edición del 2019 había terminado para el club porteño en la misma instancia, aunque todavía con mayor repercusión ya que el verdugo había sido River, otra vez.
En la edición pasada fueron resultados diferentes a los del ida y vuelta con Santos. En el Monumental, el equipo dirigido entonces por Gustavo Alfaro arrancó perdiendo 2 a 0. En la revancha, en La Bombonera, logró triunfar, pero le faltó un gol para estirar la definición hasta los penales.
Reestructuración y elecciones mediantes, Boca cambió de presidente, Riquelme tomó los hilos del fútbol y Miguel Ángel Russo condujo al equipo. Quedó lejos en el rendimiento ante un rival brasilero y habrá replanteos.
2ª final consecutiva única y otro campeón brasileño. Como en 2019, cuando Flamengo le ganó a River en Lima, otro equipo brasileño dará la vuelta olímpica y en su propia tierra, ya que la definición se jugará en Brasil.
Una final 100% brasileña
Del deseo por volver a vivir una final superclásica entre River y Boca por la Copa Libertadores de América, a un Santos y Palmeiras en el Marcaná de Río de Janeiro que traerá consecuencias en la Argentina.
Los verdugos de los gigantes del país chocarán el sábado 30 a las 17 en el mismo escenario donde se definieron los Mundiales de 1950 y 2014.
Por primera vez en los últimos tres años no habrá un protagonista nacional en la final. Con la modalidad única que se instaló por parte de Conmebol desde 2019, otra vez el mejor será brasilero. Flamengo, en la capital peruana de Lima ante el Millonario, se había consagrado antes de la pandemia.
La única duda que ahora queda planteada es si en el vecino país se permitirá el ingreso, aunque restringido, de público de ambas parcialidades en las tribunas. Será una decisión de las autoridades del país organizador y también de las deportivas.
Ayer, en la previa y en la salida de los equipos para disputar la revancha semifinal, se vivió con asombro la aglomeración de simpatizantes del Peixa en cercanías al estadio, incluso arrojando pirotecnia para hacerse sentir.
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