A 30 años de la muerte de Gilda: toda la verdad sobre el accidente que la convirtió en mito
El choque en la Ruta 12 dejó siete muertos. La insólita reacción del camionero y el desgarrador testimonio de los músicos que sobrevivieron a la brutal tragedia.
Treinta años después de la muerte de Gilda, miles de personas todavía visitan el santuario levantado en el lugar donde perdió la vida. Los detalles sobre el accidente fatal de aquel 7 de septiembre de 1996.
Miriam Alejandra Bianchi tenía 34 años y viajaba hacia Chajarí para presentarse con su banda de cumbia. En el micro también estaban sus hijos, su madre, músicos y asistentes. Un camión se cruzó de carril en la Ruta Nacional N°12 y dejó el saldo trágico de siete muertos.
Poco después ya aparecerían las historias de milagros, las peregrinaciones y una canción interpretada como despedida anticipada. Sin embargo, el relato más difundido sobre el origen de esa grabación fue desmentido por los propios sobrevivientes.
El accidente interrumpió una carrera que recién comenzaba a superar los límites de la bailanta y convirtió a la cantante en un mito popular.
Así fue el trágico accidente donde murió Gilda: los desgarradores relatos de los músicos
El micro donde viajaba Gilda circulaba por el kilómetro 129 de la Ruta 12 cuando un camión de carga conducido por el brasileño Renato Sant’Ana mordió la banquina, invadió el carril contrario y lo chocó de frente. Ya había oscurecido y el impacto destruyó la parte delantera del vehículo en el que viajaba la banda.
Además de Gilda, murieron su madre, Isabel “Tita” Scioli; su hija Mariel; el chofer Elvio Mazzucco; y los músicos Enrique “Quique” Tolosa, Gustavo Balbini y Raúl Larrosa.
Entre los sobrevivientes estuvieron Fabricio, el hijo de ocho años de la cantante, y Juan Carlos “Toti” Giménez, su productor y pareja. Los heridos fueron trasladados a distintos centros de salud de Zárate.
“Venía durmiendo y escucho el golpe terrible. Escucho los fierros, como se retuercen y después un silencio que de repente se interrumpe por gritos desgarradores y llantos. Fue terrible. Me desperté y no entendía qué pasaba”, repasa ahora Danny de la Cruz, uno de los pasajeros que pudo sobrevivir.
Sant’Ana fue condenado casi cuatro años después a dos años y ocho meses de prisión en suspenso. También recibió siete años de inhabilitación para conducir.
Gilda había pasado ese mismo día por los estudios de América TV, donde cantó “Fuiste” y “Paisaje”. Antes de iniciar el viaje pidió que el micro se desviara por su casa de Villa Devoto para buscar a su madre y a sus dos hijos. Ya en la Panamericana, le dijo a Toti Giménez: “Dormí un rato y después tomamos mate”. Según sus compañeros, fueron sus últimas palabras.
En el colectivo viajaban 18 personas. Algunas estaban sentadas y otras dormían en las camas cuchetas. En el kilómetro 129 de la Ruta Nacional 12, un camión brasileño de carga intentó pasar a otro vehículo, se cruzó de carril y chocó de frente contra el micro.
Gilda estaba sentada, tenía a su hija encima. Mario estaba cerca de la puerta. Daniel dormía en la cucheta del lado derecho del colectivo. Ricardo, que tenía su cama habitual, esa tarde terminó en el pasillo porque su cuñado había ocupado su lugar. El cambio fue decisivo.
Fue tan fuerte el impacto que su cuñado sufrió una lesión medular. “Venía boca abajo. Se le cortó la médula en la quinta y sexta vértebras. Sobrevivió, pero quedó en silla de ruedas desde ese tiempo", contó Ricardo a Clarín.
El choque generó un efecto dominó. Inmediatamente detrás del colectivo venían dos autos: un Ford Falcon y un Fiat 147. “Había olor a quemado, como cuando calientan un fierro oxidado. Yo venía durmiendo y me despertó el impacto. Fue un choque importantísimo. Cuando me incorporé me di cuenta de que el micro terminaba donde estaba yo, en la mitad. Tenía la trompa totalmente destruida”, relata Ricardo Fuentes.
Mario había quedado atrapado entre las cuchetas: “Todo se puso oscuro. Sentí una fuerte sensación de encierro. Se había caído todo el sonido arriba mío. Pregunté qué pasó y recuerdo que Ricardo me dijo, ‘chocamos’ pero no entendía nada. Me agarró una desesperación que me dio fuerza porque no sé cómo hice pero me corrí el sonido de encima y pude salir”.
La maestra jardinera que cambió las reglas de la cumbia
Antes de convertirse en Gilda, Miriam trabajó como empleada administrativa y maestra jardinera. A los 16 años tuvo que ayudar a sostener económicamente a su familia después de que su padre sufriera dos accidentes cerebrovasculares. Se casó con Raúl Cagnin y tuvo dos hijos. Su vida cambió en 1990, cuando encontró un aviso en el que buscaban cantantes para un grupo tropical.
En esa prueba conoció a Toti Giménez, quien quedó impactado por su voz y más tarde la impulsó como solista. Miriam eligió el nombre Gilda por el personaje interpretado por Rita Hayworth y comenzó a abrirse camino dentro de un ambiente dominado por hombres.
Los productores no sabían qué hacer con ella. La consideraban demasiado flaca para la estética de la bailanta y su voz les parecía excesivamente dulce. Otras artistas apostaban por vestuarios provocativos, pero Gilda aparecía con poco maquillaje y canciones escritas desde la mirada de mujeres que abandonaban relaciones violentas o aprendían a decir que no.
Entre 1992 y 1995 publicó cuatro discos. Corazón valiente, el último editado durante su vida, alcanzó el disco de oro y luego el doble platino. Allí aparecieron “Fuiste”, “Ámame suavecito”, “Paisaje” y la canción que le dio nombre al álbum.
El éxito multiplicó las presentaciones: llegó a dar 34 shows en tres noches. Las giras le daban alergias, problemas en la voz y heridas en los pies que le ensangrentaban las medias.
La mentira detrás de “No es mi despedida”
Después del accidente, el representante Reynaldo Lío contó que había encontrado entre los restos del micro un casete con una grabación inédita de Gilda. Se decía que esa grabación tenía la voz de la cantante interpretando a capela “No es mi despedida”.
La letra hablaba de una partida inevitable y pedía que nadie llorara. La voz fue acompañada luego con arreglos musicales y el tema encabezó Entre el cielo y la tierra, el disco póstumo publicado en 1997.
Pero Toti Giménez aseguró que el casete nunca estuvo en la ruta, sino guardado en su casa de Buenos Aires. Otros integrantes de la banda que sobrevivieron respaldaron su explicación y señalaron que el supuesto hallazgo entre los restos había sido una estrategia de marketing.
La transformación de la cantante en figura religiosa ya había comenzado antes del accidente. Tras su muerte, esas creencias se multiplicaron. El lugar del choque se convirtió en un santuario popular y su música salió definitivamente de la bailanta. Gilda murió sin conocer la dimensión que alcanzarían sus canciones, pero dejó una voz que, tres décadas después, todavía atraviesa generaciones.
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