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La Mañana Córdoba

Adiós a un gigante: murió Carlos Alonso, el último gran maestro del arte argentino

El legendario pintor mendocino falleció a los 97 años. Ilustró el Quijote, denunció los horrores de la dictadura con su obra y se despidió trabajando hasta el último de sus días.

Carlos Alonso murió este lunes a la madrugada en su casa de Unquillo, Córdoba, a los 97 años. Así lo informó su familia, que lo despedirá en una ceremonia íntima: "Su obra y su legado permanecerán siempre".

Nacido en Tunuyán, Mendoza, en 1929, fue uno de los pintores más destacados que dio la Argentina en el siglo XX y el último de una generación que incluyó a Antonio Berni, Juan Carlos Castagnino y su maestro más querido, Lino Enrique Spilimbergo. Pocas semanas antes de morir había escrito: "Sigo creyendo en el arte y, sobre todo, en su memoria insobornable, no sentimental, pero que es capaz de fijar las heridas que la realidad deja en nosotros".

Su infancia transcurrió en la chacra de sus abuelos. Desde los cinco años se pasaba horas dibujando tirado de panza en el suelo. El dibujo académico lo aburría: dibujaba en todas las clases menos en la de dibujo. A los 15 comenzó sus estudios en la Academia de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Cuyo.

En 1950 viajó a Tucumán para sumarse al grupo de Spilimbergo en la universidad de esa provincia, una experiencia que marcaría toda su vida. "La universidad de Tucumán era una especie de isla donde se respiraba otro clima. Lo fundamental que transmitía Spilimbergo era el ejercicio de la libertad del artista", recordó años después.

Alonso irrumpió en el panorama artístico de los años 60 con vigor inusitado. En 1952 ganó una beca para Francia y España. En 1957 se consagró al obtener el primer puesto en el concurso de la editorial Emecé para ilustrar la segunda parte del Don Quijote de la Mancha —la primera parte la había ilustrado Salvador Dalí— y en 1959 hizo lo mismo con el Martín Fierro. En 1963, en la Unión Soviética, se editaron postales del Quijote eligiendo cuatro ilustradores: Gustave Doré, Honoré Daumier, Pablo Picasso y Carlos Alonso.

Carlos Alonso: la dictadura, el exilio, la hija desaparecida y el regreso a Córdoba

Su obra tiene una segunda gran vertiente, tan importante como la ilustración de clásicos: la denuncia política y social. En 1965 comenzó la simbiosis entre la vaca y el hombre como metáfora de la violencia sobre el cuerpo en Argentina, que se consolidó con sus ilustraciones de El matadero de Echeverría y la serie Lección de anatomía, variaciones sobre Rembrandt que tienen como trasfondo la ejecución del Che Guevara. En 1976, un mes después del golpe, presentó la muestra El ganado y lo perdido. Hubo una amenaza de bomba y se desalojó la galería. Debió partir al exilio junto a su esposa Teresa y su hijo Pablo, recién nacido.

En 1977 llegó el golpe más doloroso de su vida: la desaparición de su hija Paloma durante la dictadura. "Quedé desconectado de la realidad... A pesar de salvar la vida, quedé sin patria, sin fuentes", dijo. En 1981 regresó a la Argentina y se instaló en la provincia de Córdoba, donde vivió hasta su muerte.

De regreso, su actividad no aflojó. Participó de la Bienal de La Habana de 1984 y ganó el Premio Orozco, Rivera y Siqueiros. Pintó los murales de la cúpula de Galerías Pacífico en 1994 y los paneles centrales del Teatro del Libertador General San Martín en Córdoba. En 2019, el Museo Nacional de Bellas Artes le dedicó una gran retrospectiva: hacía casi treinta años que no se realizaba una revisión completa de su obra. En 2024, a pocos metros de su casa en Unquillo, inauguró El retrato en el Museo de Arte Contemporáneo Unquillo (MACU), con unas 80 obras elegidas por él mismo. El museo registró récord de visitas.

Para su último cumpleaños, en febrero de 2026, publicó un poema: "El tiempo no pasa en vano. Deja marcas, surcos, canas. Canas que el viento mueve. Aprendí a mirar más hondo. A mantenerme firme. A seguir trabajando. Para seguir de pie. Atentos. Con las ideas vivas." Se fue con las ideas vivas.

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