Flor Peña habló acerca de lo incómoda que se siente "ser famosa" y explotó contra la gente
La actriz habló acerca del costado negativo de la fama y la exposición mediática y cómo esto repercute en su día a día.
La entrevista de Flor Peña con Nilda Sarli en el ciclo Mil vidas reveló por el lado más incómodo de la exposición mediática. La actriz, con una trayectoria de más de tres décadas en el mundo del espectáculo, compartió abiertamente las dificultades personales que le genera la fama y el desgaste de vivir bajo la mirada constante del público y la prensa.
Para Peña, la exposición no es solo una consecuencia inevitable de su profesión, sino también una carga emocional significativa. “Para mí la fama es una mochila un poco compleja. Yo soy muy fóbica, tengo fobia social, me cuesta un montón”, reveló al describir una tensión interna que se agudiza en cada interacción pública. “Yo hago mucho esfuerzo por ser una persona amable y amorosa cuando se acercan las personas, y ni hablar cuando se acercan los cronistas. No me es fácil, yo trabajo muy duro sobre eso para ser amable y respetar el trabajo de los demás”.
La pérdida del anonimato se convierte en un auténtico obstáculo para el bienestar personal de la actriz. “A nosotros a veces nos critican porque nos vamos al exterior. Yo me voy afuera básicamente porque puedo hacer cosas que no hago acá. Si me voy de viaje a Mendoza, me tengo que bancar que la gente me pida fotos, se sienta con derecho a tocarme, a abrazarme”.
“A veces tengo ganas de ser anónima, necesito ser anónima. Necesito poder no tener el pelo peinado y que nadie me saque una foto y la suba a las redes y me critiquen. Y si soy alta, si soy flaca, si soy baja...”, explicó. La intérprete admitió que incluso actividades simples, como sentarse a leer en un café o salir a caminar, se ven limitadas por la mirada pública: “Me siento a leer un libro en un café, eso no lo puedo hacer. Salir a caminar está prohibido en Argentina”.
Flor Peña y la "industria del invento"
La conversación avanzó hacia uno de los aspectos más controversiales de la exposición mediática: la industria del chimento y la “industria del invento”, como lo graficó. “Nada me parece más horrible que ser famoso”, sentenció, al diferenciar entre la fama como consecuencia del trabajo y la fama como meta vacía. “Tampoco me gusta mucho esta industria que hay del chimento y del invento”, afirmó Flor Peña.
La exposición, detalló, no solo afecta al personaje público, sino que puede tener consecuencias profundas en lo personal. Cada palabra, gesto o acción se convierte en motivo de análisis, crítica y opinión en los medios: “Todo golpea, porque cualquier cosa que vos digas o hagas es motivo de que alguien en la tele lo analice, lo critique, lo opine”.
La presión mediática y la sobreexposición no se limitan al ámbito profesional de Peña. La actriz relató cómo la exposición pública repercute en su entorno familiar, en especial en sus hijos. “Ahora vienen mis hijos, sobre todo Juan. Entonces hablamos mucho sobre eso. Obviamente, él es chico y algunos errores comete, pero yo también creo que uno aprende cuando se equivoca”, explicó, al poner el foco en la importancia de enseñar herramientas para navegar en un mundo vigilado.
En las conversaciones con sus hijos, Flor se esfuerza por transmitirles una visión crítica sobre la fama y la superficialidad de la exposición digital. “Le enseño mucho a mis hijos, sobre todo a Juan, al del medio, que no hay nada en la fama. No hay ningún objetivo a cumplir, no hay nada ni productivo ni interesante ni creativo en la fama. La fama no sé qué es, pero la fama debería ser una consecuencia de un trabajo”. “Ser influencer no es nada. Ser influencer es algo que... Sí, que es hoy. Y que no sé si cuanto más te va a llenar”, opinó.
La actriz destacó que la presión de la mirada ajena y la evaluación constante afectan su estado de ánimo y su desenvolvimiento cotidiano: “La fama me da mucha timidez. Yo, por ejemplo, vengo caminando por la calle y si la gente me está mirando mucho y yo siento la mirada, me empiezo a achicar, me inhibe”. Esta tensión interna se manifiesta también en situaciones cotidianas, como la entrada a un gimnasio: “Le pedí a mi profesor que me espere afuera cada vez que tengo que entrar, que me da mucha vergüenza entrar sola al gimnasio”.
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