Natalia Oreiro reveló qué cambió en su vida desde que fue mamá
Hace 11 años, la vida de Natalia Oreiro cambió para siempre con la llegada de Atahualpa, su único hijo. La actriz nunca dejó de lado su carrera, sin embargo, lógicamente como cualquier padre, su hijo pasó a ser el centro de su mundo. Ahora, en una entrevista con Revista Gente, la uruguaya reveló cómo cambió todo la llegada de su hijo.
“Hoy la vida es la felicidad de mi hijo y su bienestar. A partir de que fui mamá estoy en proceso de soltar, pero me cuesta, me convertí en otra persona. Con miedos que no conocía y prioridades absolutamente distintas”, explicó antes de agregar: “Adoro mi actividad y al mismo tiempo amo hacer cosas que no tienen que ver con lo que ustedes conocen; delirios, para mucha gente, que a mí me divierten. Sin embargo, ahora lo primero siempre es Ata. El plan lo incluye a él”.
“Me consultás por la muerte y uno de alguna manera acepta las pérdidas cercanas si se relacionan con el deterioro de la vida. Lo que pasa es que cuando fui mamá empecé a temer viajar, dejé de practicar circo y trapecio, todo relacionado con que, si me llegaba a pasar algo, no iba a poder estar cerca de Ata”, explicó.
“Entonces, que le pase algo a él o me pase algo a mí es el miedo más cercano que le tengo a la muerte. Como debe sucederle a la gran mayoría de las mamás. Siempre intenté ser libre en un montón de cosas, y desde su llegada cambié una barbaridad. Debo trabajar fuertemente en volver a ser tan libre como siempre fui, porque mi miedo sobre todo genera una sensación mala en mi hijo: no está bueno tener una mamá miedosa”, admitió Natalia Oreiro.
Finalmente, la actriz también describió a Atahualpa, ya que cumplió 11 años.: “Es un niño luminoso y simple, que a su simpleza la acompaña con hermosas reflexiones. Tiene paz, claridad. No como yo cuando era chica: siempre extrovertida, movediza, mis padres (Mabel y Carlos) no podían ir a ningún lado conmigo porque tiraba y rompía todo, al revés que mi hermana (Adriana). Ata es un pequeño budita, de gran vida interior. No le importa tanto la mirada del otro o si le dicen algo. Además, siento que, ante todo, es un chico feliz”.
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