Fin de la gran obra que tuvo su primer acto en Neuquén

La eliminación de Río significó la despedida de un equipo único que brilló por primera vez aquí.

Río de Janeiro

No hubo hazaña en el último partido en un juego olímpico de la selección. “Fue un gran regalo haber estado acá”, dijo emocionado Manu Ginóbili, que no volverá a los JJ.OO. Al igual que Andrés Nocioni, quien sentenció: “Este fue mi último partido con Argentina”. Distinta fue la postura de Luis Scola, que aseguró: “Seguiré jugando para la selección”. Tres héroes del básquet que junto a Carlos Delfino brindaron ayer los últimos destellos de la denominada Generación Dorada.

No hubo milagro, pero sí toda la entrega que siempre caracterizó a un grupo que seguramente pasará a la historia como el mejor equipo de conjunto si se tiene en cuenta la calidad de los logros obtenidos desde 2001, cuando en Neuquén se quedaron con el campeonato FIBA de las Américas.

Y un año más tarde escribían el prólogo de la leyenda al ser el primer equipo en ganarle a una selección de Estados Unidos integrada con jugadores NBA. Fue en el Mundial de Indianápolis 2002 cuando lograron la plata.

El oro en Atenas (2004) con otra victoria sobre EE.UU. fue la cumbre de los dorados que siguieron dando batalla con un bronce en Pekín 2008 y un 4º puesto en Londres 2012. Carisma, entrega, y espíritu amateur son algunas de las cualidades que hicieron gigante a una generación que se terminó de despedir en Río para quedar por siempre en el “alma” de los argentinos.

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