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"Fua, el Diego", la mística eterna que revive a Maradona

El más famoso entre los famosos vivió como quiso durante muchos años y como pudo muchos otro. El pueblo lo mantiene vivo en su mejor faceta.

Es curiosa la evocación que representa la muerte de Diego Maradona, su ausencia o, en realidad, la falta de ella, porque en este último año estuvo tanto o más presente que en algunos años anteriores. Sus tiempos en Dubai o en Sinaloa fueron en ocasiones largos paréntesis en su relación con la gente y la agenda de los medios.

Pero la vuelta al campo, con su arribo a Gimnasia como técnico, lo había puesto de nuevo en el eje. Y en el mejor de sus ejes, el del fútbol, por más que muchos desconfiaran de su apego al trabajo responsable y vieran a aquella asunción como un golpe de marketing más que de fútbol. Sin embargo, y sobre todo, se convirtió en un conmovedor homenaje itinerante.

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En una gira que Diego -tal vez- sufría cuando empezaba el partido y el equipo no se acomodaba en la cancha y en los resultados como él quería, pero que gozó desde lo más profundo de su ser antes y después. Ese ser llamado Maradona, que hace 20 años -en su partido despedida en la Bombonera- suplicaba como un chico que el amor que la gente le demostraba “no se termine nunca”. Y así fue y será para siempre.

Diego Armando Maradona murió el 25 de noviembre de 2020, aunque para los ojos de la mayoría empezó a morirse el 30 de octubre de ese mismo año, cuando el primer atardecer con 60 años lo encontró caminando muy mal el campo de juego de una cancha de Gimnasia casi vacía por la pandemia, tan vacíos como quedamos todos viendo semejante imagen de decrepitud. Ese día había arrancado regado de mensajes de amor y agradecimiento en las redes sociales y los medios comunicación, llenos de videos con sus goles inmortales, que chocaron de frente con la realidad de un Diego en declive, al que hasta le tenían que acomodar el barbijo porque no tenía fuerzas ni para hacer eso por su cuenta. Una de las personas más famosas y aclamadas del universo, naufragaba en su más profunda soledad.

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Pero como era más fácil decirlo que aceptarlo, la muerte como un hecho concreto, esa que se conoció en el mediodía argentino del 25 de noviembre, fue un impacto mundial tan contundente como sorpresivo. Aunque al analizarlo con frialdad todos los caminos conducían al mismo e inexorable final, esa aura maradoneana de highlander, de resurrección infinita, de Dios terrenal que se sobreponía a todo, podía hacer creer que siempre habría una gambeta más para eludir a la muerte.

Hace un par de días, un informe en Telenoche recreó lo que ocurrió en Punta del Este, en enero del 2000, cuando Maradona hizo una de esas grandes gambetas. Había estado al borde de la muerte por una falla cardíaca producto de una combinación de alcohol, drogas y derivados, un descontrol en su máxima expresión. Un hecho del que el propio Maradona, milagrosamente ya recuperado, se encargó de usar con sentido del humor diciendo frases como “te lo digo con el corazón o con lo que queda de él”. En ese informe, uno de los que habla es el doctor Jorge Romero, el responsable de haberlo rescatado de la muerte, el que en aquel momento hacía menos de un mes se había recibido de médico y con 28 años llevaba apenas cuatro días en la guardia de un pequeño policlínico de Punta del Este desde el que salió rumbo a la chacra en la que agonizaba Maradona a bordo de su auto: un viejo Mehari (de Citroën) que no destacaba por su velocidad pero sí por el apodo que tenía, “La Tota”. La vida de Maradona fue salvada por un médico que recorrió 23 kilómetros lo más rápido que pudo en un coche apodado como su mamá… ¿Una paradoja del destino? “Fuá, el Diego”.

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El doctor Jorge Romero que salvó de la muerte a Maradona

El doctor Jorge Romero que salvó de la muerte a Maradona

El 5 de diciembre del año pasado, entre los llantos, homenajes, nostalgias, y todo el impacto mundial por el duelo, se vio una foto del cielo en la que unas nubes parecían replicar la famosa foto de Maradona besando la copa del mundo en México. Empezó como un meme que se convirtió en una virtual santificación: “Fuá, el Diego”, resultó una expresión que se multiplicó ante cualquier rareza, de ésas que no tienen más pruebas que el creer o reventar, vinculada a Diego. En cierto modo, fue una forma de mantener endiosado y milagroso a quien tristemente se había convertido en mortal.

También se multiplicaron los murales cuales altares callejeros, tanto en la Argentina como en otras partes del mundo, como en Napoli, donde los ríos de lágrimas fueron tan caudalosos como en nuestro país, donde los dirigentes del club al que Maradona convirtió en potencia, rápidos de reflejos cambiaron el nombre del estadio napolitano: de San Paolo a Diego Armando Maradona. De un santo a otro.

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Tras la muerte, le pusieron estadio Diego Maradona.

Tras la muerte, le pusieron estadio Diego Maradona.

“Victoria me lo resumió en una frase: ‘La dignidad con la que amaste y seguís amando a Maradona hace que para vos no pueda haber un día triste para recordarlo. Los 25 de noviembre para vos van a ser días de festejo, porque es el día del nacimiento de tu hijo”. El que habla es Walter Rotundo y Victoria es su pareja, que en estas horas, mientras el reloj nos recuerde que hace un año se murió Maradona, estará dando a luz a su hijo varón, que se llamará “Diego Amado”. Walter tiene un par de tatuajes que simbolizan su fanatismo por el Diez, aunque tiene algo que está grabado mucho más que en la piel: es el papá de las mellizas Mara y Dona, pequeñas celebridades por la ocurrencia de sus padres en llamarlas así, aunque para Rotundo no pasa por la fama sino por el simbolismo. “Sus nombres son una forma de agradecerle a Diego”, explica.

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El amor que la muerte del Diego jamás podrá borrar.

El amor que la muerte del Diego jamás podrá borrar.

Por eso, cuenta que no lloró cuando se enteró de la muerte de su ídolo, quizá porque de algún modo se la vio venir y pese al dolor sintió que el cuerpo de Diego finalmente puede descansar. Sin embargo, sí no pudo contener la emoción cuando un rato después habló con sus hijas y ellas mostraron su tristeza por la muerte del hombre que había motivado sus nombres, el que unos años antes les había mandado desde Dubai unas camisetas autografiadas y dedicadas, el mismo hombre al que ni ellas ni su papá pudieron conocer. “Se iba a dar en mayo del 2020, cuando Gimnasia jugara con Arsenal, pero por la pandemia no se pudo”, cuenta Walter.

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Él no dice “Fuá, el Diego”, pero “nada me saca de la cabeza que hay una energía que nos pone estas cosas en el camino. Cuando en la ecografía nos dijeron que el sexo del bebé era varón y la fecha probable de parto sería el 25 de noviembre… No lo quiero llevarlo a lo cursi, ni a las señales del universo, pero no puedo dejar de pensar de que algo influyó en ese momento mío con Victoria cuando ella quedó embarazada para que justo se dé esa fecha, que mi hijo nazca ese día habiendo tantos otros en el año”.

Como suele ocurrir en diversos momentos épicos, y más en tiempos mediáticos y globalizados como los actuales, todos los que hayan estado para vivirlo recordarán por siempre qué hacían en el momento en que se enteraron del fallecimiento de Maradona. Y cómo lo supieron. Muchos lloraron por amor, por pasión, por agradecimiento, y otros lloraron sin siquiera saber bien por qué. En definitiva, como cuando llega al velorio ese pariente que hace mucho no ve al que están velando y los cercanos se preguntan “¿qué hace éste acá?”, la respuesta es que nadie va a pasear a un lugar así y quien está dentro del cajón significa algo también para el que hacía mucho que no lo veía. La muerte de Diego fue, en tantísimos casos, aun en los más desencantados con el personaje en que se convirtió con el paso de los años, una forma de viajar a algún punto de su propia vida. Más cercano o más lejano, pero nunca indiferente.

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El dolor tras la muerte de Diego Maradona.

El dolor tras la muerte de Diego Maradona.

El mito viviente ya no vive. El “Dios sucio y pecador, el más terrenal de los Dioses”, como lo definió Eduardo Galeano, se fue a sentar a la derecha de su padre, Don Diego, porque posiblemente a nadie más que a sus viejos querría ver a la hora de su muerte. Aquel deportista brillante, ese hombre que vivió muchas vidas y que en cada una de ellas no dejó macana sin hacer ni personas sin lastimar. Pero que también tuvo el don de cautivar con su arte y su personalidad, con su talento y su irreverencia. Fue el más famoso entre los famosos y vivió como quiso durante muchos años y como pudo muchos otros. Hasta que en un momento ya no quiso ni pudo. Era más fácil negarlo que aceptarlo y por eso nadie le soltaba la mano. Tal vez se la soltó él mismo ya cansado de ser quien era.

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El mural de Diego Maradona, tras su muerte.

El mural de Diego Maradona, tras su muerte.

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