Gabo Ferro, el cantautor desafiante
Por Lucas Benjamin
Buenos Aires > Militante en sus canciones, el cantautor porteño Gabo Ferro no cierra sus ojos ante el contexto social del que forma parte y apela al mundo de la máxima subjetividad para prestarle atención a los problemas más contemporáneos.
Participe del registro “documental” de la música, el artista independiente no se deja llevar por los lineamientos del mercado y transita con gran intensidad su vigorosa autogestión que lo ha llevado a editar hasta el momento siete discos como solista.
Con el amor como bandera de la plena libertad, el cancionista también pone sus energías en la escritura de ensayos históricos, ámbito donde ya publicó dos libros y en el cual se apresta a presentar un tercer trabajo: "200 años de Monstruos y Maravillas Argentinas", una especie de manual que saldrá publicado por editorial Planeta y que será presentado en la próxima Feria del Libro.
Actualmente, tras participar en el Festival Cage junto con la pianista Haydée Schvartz, el poeta prepara nuevas canciones que planea editar en el 2013 y a la vez se encuentra abocado a la escritura de una cuarta publicación, esta vez referida a la figura de Juan Manuel de Rosas.
Repasando un poco tu historia uno se topa con Porco, una banda de hardcore de la que formaste parte, ¿Qué rescatas de aquella experiencia?
Porco fue un gesto histórico maravilloso. Los discos decían mucho de la época. Era el momento de estéticas que auditivamente eran muy fuertes y estéticamente muy dictatoriales. La banda tenía un poco de todo eso. Terminó como una estrella, explotó y ahí quedó. Creo que fue hecho de la mejor manera que podíamos hacerlo y fue coherente con el tiempo y el espacio en el que era dicho. Eso me deja muy conforme.
Luego de ese final empezaste a estudiar Historia, ¿Cuál fue la motivación si es que la hubo?
No hubo ninguna motivación pero si tenía ganas de hacer algo que fuera el silencio. Quería ponerme en algo que fuera para mí un reto, algo que me permitiese entender mi propia historia y la propia historia de ese fracaso. La Historia me sirvió para entender que no era la música, sino su contexto, lo que me estaba lastimando y ahí fue naturalmente que nos empezamos a reencontrar con las canciones.
Tus primeros discos fueron editados a través de un sello creado por Ariel Minimal, ¿Cuánto tuvo que ver él en el inicio de tu etapa como solista?
Los discos fueron producidos por mí, pero como yo no tenía un sello hablé con Ariel y le pedí que los discos salgan por Azione. Todo Pez y Ariel, principalmente, fueron para mi inspiración y compañía. El azar quiso que me encontrara con él y Fosforo García en una feria de Discos Independientes cuando en otro piso del mismo edificio yo estaba en un congreso de Historia. Ellos me regalaron sus discos y empecé a componer. Me veía con Ariel, le mostré canciones y él naturalmente las quiso tocar. Ariel fue un pilar enorme y es alguien a quien admiro.
El primer álbum lo compusiste en apenas diez días pero en los discos siguientes fuiste un poco más disciplinado, ¿Qué valoras de ambas formas de trabajo?
El primer disco fue un reencuentro con la música, fue como un reencuentro entre dos amantes con mucha pasión. En el segundo álbum hubo más de veinte músicos tocando y el tercero fue como una síntesis de todo lo anterior: una banda acotada y un ensayo preparado donde se toca y después se mezcla. A mí me gusta eso que yo llamo “documental”, esa cosa incidental, los silencios, el error; es algo que no busco pero cuando sucede lo celebro, sobre todo cuando escuchas discos súper digitales, donde te das cuenta que todo se arregla en el monitor del estudio.
En tu último CD haces referencia a muchos sentimientos negativos, como el terror y la muerte, ¿Consideras que es el momento de naturalizar como sociedad ciertas cuestiones que en otras culturas son más comunes?
Pasó algo históricamente y es que cuando llegaron los ’80 había que divertirse sino eras “un mala onda”. Ahora creo que ese momento ya pasó y es tiempo de que volvamos a traer ese tipo de temas y tocarlos de la mejor manera posible. Me da mucha risa la gente que dice que hay canciones que son un bajón, cuando esas personas van al cine y de repente ven una película donde el guerrero vuelve de las Cruzadas, juega al ajedrez con la muerte y les parece copado.
Creo que también hay que adquirir la cultura de cómo acercarnos a la música. Yo se que una de las cosas que a mí me interesan es entretener pero no lo quiero hacer poniendo una loopera, sino que me parece que se puede tener una linda melodía que hasta puede ser un reto para la canción misma, porque cuando muchos de nosotros tira una letra que esta mas o menos buena, pone en un marco de blanco sobre negro la “pelotudización” de ciertas letras que son mainstream y que se repitan ad infinitum. Yo no siento culpa por cantar lo que canto, al contrario, me encanta.
En tu obra hay un hilo conductor que es la idea de ir en contra de lo preconcebido, ¿Crees que ha ido perdiendo vigor todo lo sostenido por la tradición y las estructuras, por ejemplo, lo referido a las cuestiones de género y raza?
Me parece que están cada vez más firmes pero sucede que cuanto más firmes se encuentran, más fuerte es la reacción. Creo que la canción a veces desatiende un poco esas cosas, generalmente el músico se refiere siempre a los mismos temas o habla sobre los temas que tienen que ver con la estética sonora del género, por ejemplo, si es rock barrial, se hablará de la esquina y la birra, si es metal, será sobre hadas y magos.
También sucede que hay un lugar muy acotado para la ficción, el “yo” sigue siendo el nombre y apellido del que enuncia, yo rompo con todo eso; esto en cuanto a lo micro. Con respecto a lo macro, creo que las cuestiones de raza, clase o género también se desatienden bastante, porque dentro de la canción a veces la gente no tiene ganas de escuchar ciertas cosas o no le parecen pertinentes, pero yo creo que si, por eso lo hago y lo disfruto.
Afirmas en una canción que “el amor no se hace”, ¿Cómo te parece que se debería vivir ese sentimiento?
Deberíamos pensarlo desde cero, al menos esa cuestión de que en nuestro idioma un verbo como “hacer”, que se vincula tanto con la cuestión capitalista, lo estemos conectando con el amor. ¿Por qué una persona tiene que enamorarse de tal persona, de la misma edad, del mismo barrio, del mismo género?. El amor debería ser un espacio para libertad absoluta y el imperio de la subjetividad, es decir, donde uno no reciba moldes prefabricados de cómo debe comportarse en ese campo. El amor es un lugar para la libertad más completa y esto no quiere decir amor libre.
Hay también cierta cosa de decirlo para la militancia, de salir del closet y por ahí hay gente que eso lo quiere mantener para la intimidad. Había como una urgencia en un momento por la militancia de género. Con respecto a esto siempre traigo a colación un chiste donde va un hijo y le dice al padre que cree que es gay, entonces el papá le pregunta: ¿Tenés un piso en Barrio Norte, tenés un BMW, tenés cuenta en el banco?”, a lo que el chico le contesta que no; entonces sos puto, no sos gay; le dice el padre. Es decir, el hombre que proyecta su eros en alguien de su mismo género, no tiene un nombre para ser definido que no sea el término médico: homosexual, o el insulto: puto. Gay es un término de clase y este chiste lo define muy bien: gay es urbano, primer mundo, tarjeta dorada, mucho turismo y acá la verdad que cuando ves a dos chicos que van a la bailanta de la mano, la pasan bastante mal, tienen que esconderse y eso no es gay, eso es otra cosa y no tiene un nombre.
Sos un referente de la escena independiente y de la autogestión, ¿Qué es lo que te ha permitido esa forma de trabajar?
La autogestión tiene muchas caras: en cuanto a la producción del disco me permite elegir que temas van, quien los produce, que instrumentación van a tener, si van con estribillo o no, que tapa pongo. En cuanto a los shows me brinda tocar donde quiera, elegir cuantos temas voy a hacer, si elijo sin banda, con banda, elijo a que medios voy, a quien le doy entrevista. Hay gente que odia la independencia o no la puede sostener porque no saben qué hacer con su propia libertad. La libertad es un lugar de mucha angustia, porque si vos no te moves no pasa nada.
Después de un importante recorrido, ¿Hay algo que aún creas que tus canciones no han logrado comunicar?
Por supuesto, algo que me gustaría sería poder comunicar las cosas con mucho más humor, trabajo con mucho humor asociado a la ironía pero tengo ganas de hacer un disco mucho más alegre. Tengo facilidad para trabajar con los materiales de la tristeza, del terror, es decir, el material negro, pero no se aún trabajar con los materiales de la felicidad.
Editaste también dos libros, ¿Qué es lo que más te apasiona del mundo de la escritura?
Me gusta que sea lo opuesto a mi trabajo como músico y escritor de letras de canciones. Mientras que con la música todo es la fantasía y no hay límites, en un ensayo histórico tenes que ser minucioso como un relojero, todo tiene que ser demostrado, ser muy eficaz y muy hábil. Se manejan otros materiales, donde tenes una ruta marcada y eso a mí me gusta mucho.
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