"Irme del 'Bailando' es como dejar la casa de mis padres"
Paula Bistagnino
Especial
Después de protagonizar cinco ediciones seguidas del “Bailando” y ganar el certamen el año pasado, Pedro “Peter” Alfonso decidió dar un paso al costado para enfocarse en sus nuevos proyectos. Se incorporó al elenco de la ficción de Pol-ka, Las Estrellas, sigue de gira con Abracadabra (la obra de teatro que comparte, entre otros, con el Polaco y con su casi ex compañera de baile Flor Vigna) y regresa a la pantalla grande con Cantantes en guerra, una comedia familiar que espera ser el plato cómico local en las inminentes vacaciones de invierno porteñas a partir del 13 de este mes. Comienza, sin duda, una etapa diferente para el marido de Paula Chaves y padre de Olivia, de 3 años, y de Baltazar, de 7 meses.
Acabás de tomar una decisión que supongo te costó mucho...
Sí. Desde el año pasado que vengo pensando en que este sea mi último “Bailando”. Fue algo muy meditado y estoy muy seguro de lo que estoy haciendo. Obvio que me moviliza mucho y por montones de razones. Viví demasiadas cosas en ese programa y por eso creo que me costó tanto decir adiós. Es un poco como irse de la casa de los padres a vivir solo. Pero el año pasado ensayé mucho, quizá demasiado: me agachaba a alzar a Oli y sentía la cintura y la rodilla.
¿Cómo estás ahora?
Por suerte bien, pero me doy cuenta de que después de los ensayos me duele todo. Imaginate en septiembre u octubre, que bailás cada dos días. Además, sería peor abandonar en esa época, sobre todo para mi equipo. Sentiría que dejaría a Flor (Vigna) en banda. No quise hacerlo en el verano antes de que empiece el programa porque se le hubiera dado demasiado protagonismo a la noticia. La idea fue arrancar y después ver. Iban a ser dos ritmos y ya voy por el tercero, que lo bailo esta semana.
¿Qué dirías que aprendiste en este largo paso por el programa?
Primero que nada, descubrí sentimientos que no sabía que tenía. El “Bailando” es un experimento psicológico muy fuerte. Aprendí a controlarme, especialmente de los enojos, aunque soy bastante conciliador. Me enojaba mucho, especialmente con Marcelo Polino, y después, cuando me veía en esa situación, no me gustaba nada. Pero quizá lo que más me queda es el entrenamiento y la posibilidad de superación que me dio el certamen. Ese aprendizaje de no rendirte, superarte y probarte en cosas que pensás que no podés hacer.
Tanto vos como Paula están siempre en el ojo mediático. Sin ir muy lejos, a ella la destrozaron por su vestido en los Martín Fierro, ¿cómo lo manejan?
Como podemos. No bloqueo a nadie en Twitter, trato de no engancharme con los comentarios agresivos y de quedarme con lo bueno. Es un tema que hablamos mucho con Pau. Tenés a mil personas que te dicen ‘sos un genio’ y diez que te escriben ‘dejá de robar y andá a laburar’. Al principio hacía el ejercicio catártico de escribir el tuit de respuesta y después borrarlo. Obvio que siempre lo que te dicen te afecta en tu ego, en el buen sentido. Uno pone mucho esfuerzo en lo que hace y hay gente que no toma dimensión de cómo te puede afectar. Quizás piensan que vos nunca lo vas a leer o porque lo dicen en chiste no lo sentís. Este medio te obliga a confiar en uno y a estar muy tranquilo.
Cambiando de tema, o no tanto, ¿con todo lo que hacés te queda tiempo para planes familiares?
Sí, trato de compartir bastante. Parece que hago mucho entre el teatro y la tele, pero tengo tiempo libre que es el que aprovecho para estar en familia. Si no estoy grabando o ensayando, estoy en casa. No hago otra cosa. Cuando Oli tiene un acto escolar, trato de estar. Comparto mucho con ella, que me acompaña a grabar porque le encanta. A los ensayos iba siempre porque la adora a Flor. Después somos de hacer muchos programas juntos, como ir a ver a alguna obra al teatro. Es un día a día de organización para lograr organizar rutinas compartidas.
¿Tener hijos era un objetivo de vida? Cuando mirás para atrás, ¿qué fue inesperado o no tan planificado?
La familia era algo que yo quería lograr. Jamás fui de tener noviazgos largos y picoteaba de todos lados, pero ya antes de conocer a Pau, unos años antes, tenía el deseo de formar una familia, de tener una nena. En lo laboral fue al revés, me fui sorprendiendo día a día. Por más que estudié teatro y en mi casa, de chico, siempre estaba improvisando escenas, no me animaba a ir a los castings por una cuestión de timidez. Los profesores me alentaban a que me presentara pero a mí me daba mucha vergüenza. Soy tremendo, sobre todo para romper el hielo en los lugares en los que no conozco. En el programa nuevo me pasa y en las dos galas que hice el año sentí los mismos nervios que al principio.
¿Señal de que hay deseo?
Sí, hay algo de las ganas que se impone. Se abre el telón, escucho la señal de aire para el vivo o para grabar y tengo la misma sensación de nervios y adrenalina de siempre. Tiene que ver, de algún modo, con la certeza de que estoy haciendo lo que me apasiona.
Estudié teatro y no iba a los castings por timidez. Los profesores me alentaban, pero me daba vergüenza. Soy tremendo”.
Un dúo delirante con mucha química
En Cantantes en guerra, el director Fabián Forte renueva una dupla de química ya probada en Socios por accidente (y su secuela) y reúne a otros humoristas, como Dady Brieva y Miguel Ángel Rodríguez. Pedro Alfonso se bate en un duelo descabellado y divertido con José María Listorti. Ambos, Ricardo y Diego, compiten por el éxito y en el camino tienen que transar. “Mi personaje –adelanta Alfonso- aparece más exigido a hacer cosas que no quiere hacer pero a las que los productores lo obligan, como cambiar el look o no mostrar su anillo de bodas. Aunque yo, igual que él, me hice famoso de un día para el otro, siempre sentí que tuve libertad para elegir proyectos en los que me sintiera cómodo y cuidado. Aunque la fama siempre amenaza con llevarme a otros lados”.
Te puede interesar...









