La gran bestia Bolt se despidió con gloria

El multicampeón jamaiquino tuvo un adiós olímpico con su 9ª medalla de oro (3ª en Río). Se retira el más grande. Su historia.

Río de Janeiro.- Sesenta mil personas llenaron el estadio João Havelange las tres noches en las que Usain Bolt disputó finales en Río de Janeiro. De haber sido consultados, el 99% hubiera afirmado que pagó la entrada para ver al jamaiquino. Nunca un atleta generó tanto como él.

En su última vez en un Juego Olímpico, se quedó con su novena medalla dorada, la tercera en la posta 4x100, con un sprint final impresionante. Japón dio la nota al adjudicarse la de plata y Estados Unidos ni siquiera pudo lograr el bronce (terminó tercero pero fue descalificado y Canadá se subió al podio).

Su inmenso carisma, que ayuda y mucho a su estatus de leyenda, es apenas comparable con su talento deportivo. Las tres medallas doradas que sistemáticamente ganó en Beijing 2008, Londres 2012 y este año en Río, lo colocan como un fuera de serie sin precedentes.

Usain St. Leo Bolt nació el 21 de agosto de 1986 en el pequeño pueblo parroquia de Trelawny. Desde chico se destacó en las actividades deportivas y aunque le gustaba jugar al fútbol y al críquet, al ver su velocidad sus entrenadores le recomendaron dedicarse de lleno al atletismo. Su gran explosión llegó en el año 2002, cuando con sólo 15 años ganó la prueba de 200 metros en el Mundial Junior celebrado en su país natal. Según él mismo esa fue la última vez que se puso nervioso antes de una carrera.

Ya no necesito probar nada más. Soy el más grande. Quiero estar entre Muhammad Alí y Pelé, en ese grupo”. Usain Bolt. Un ego correspondido

Su primera oportunidad olímpica pasó casi desapercibida para el mundo del atletismo. En Atenas 2004, Bolt llegó como una de las grandes promesas jóvenes y una lesión previa le impidió rendir en plenitud. Con un tiempo arriba de 21 segundos, no pudo acceder a la final de los 200. Esa sería la única carrera que perdió en un Juego Olímpico. Su despegue definitivo, tras un buen rendimiento en el Mundial de Osaka 2007, llegó en Beijing 2008. Con 21 años, deslumbró a todos en los 100m con una marca de 9,69 segundos. Lo que sorprendió no fue el tiempo sino la decisión del velocista de relajarse en los últimos metros y festejar la anticipada victoria, un sello que ya le pertenece. Sin embargo, en la prueba de los 200 se enfocó hasta el final y rompió el récord mundial y olímpico, algo que también lograría junto a sus compatriotas en la posta de 4x100. Aunque su pico de rendimiento se dio en el Mundial de Berlín en 2009 cuando estableció los récords históricos en 100 y 200 metros, el fenómeno continuó hasta la actualidad y tanto en Londres 2012 (hizo el récord olímpico en los 100m) como en Río pudo repetir el triplete dorado. Sólo grandes como Carl Lewis y Paavo Nurmi obtuvieron 9 medallas de oro en atletismo y ninguno tan infalible como el jamaiquino. La única carrera que perdió en esta era fue en el Mundial de Daegu en 2011 pero por una salida en falso.

Independientemente de los récords, su éxito excede lo deportivo. El público no llena los estadios para ver atletismo, los llena para ver a Usain Bolt.

Se convirtió en un producto bien logrado

Javier Carriqueo. Dos veces olímpico en Beijing y Londres

Bolt se convirtió en un producto bien logrado. Percibió un lado marquetinero que nadie vio. Antes, los récords se hacían en torneos de atletismo de poca valía, y él vio que en los Juegos Olímpicos tomaban otra dimensión. Fue también una especie de salvavidas porque la época de los grandes atletas de los 90 había pasado y tampoco había una estrella que fuera una especie de tirón para el público. Bolt es sinónimo del atletismo. Lo llevó a otro plano de exposición mediática. Lo sacó del apartado deportivo y lo llevó a las noticias. Por su carisma, logró llenar estadios, algo que no logró ningún otro atleta. Lo conocí en el 2008 porque el edificio de Jamaica estaba al lado del nuestro, y es como se muestra ante las cámaras. Ya en Londres no estuvo en la Villa. Ha llevado los récords a límites que no se creían y por eso marcará un tiempo.

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