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La historia de Agostina: una guerrera contra el COVID

La joven de 15 años, oriunda de Chos Malal, atravesó momentos muy difíciles luego de contagiarse de COVID. Conocé su historia.

Muchas veces en la vida escuchamos decir que Dios le da las peores batallas a sus mejores guerreros, así como que también hay ángeles en esta tierra que traen como misión demostrar con hechos cómo batallar contra la adversidad.

Esta es la historia de una guerrera llamada Agostina Castro, una joven chosmalense de 15 años con síndrome de Down. Actualmente ella está en la clínica pediátrica San Lucas terminando su recuperación después de pasar 33 días en coma farmacológico e intubada. Lleva ya despierta 12 días.

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“Está con traqueotomía ya que estuvo mucho tiempo intubada por la boca para que no se le produzca un daño mayor le hicieron la traqueo. Además nos dijeron que era menos traumático para ella al momento de despertar”, contó su hermana, Flavia Castro, en diálogo con LM Neuquén.

Atravesada por el COVID

Agostina ingresó al hospital local por COVID, el cual le produjo una neumonía bilateral severa. “Arrancó con los síntomas y como desaturaba la llevamos al hospital, donde nos dijeron que como el virus estaba haciendo efecto en su cuerpito era normal”, dijo Flavia.

“Luego de ir varias veces al hospital y por recomendación de su pediatra, la llevé a la guardia COVID, llegamos y le hicieron soporte de oxígeno, el cual cada vez aumentaban más. Yo la acompañaba porque ambas estábamos con COVID. Hasta ese momento no me habían dicho la gravedad en la que se encontraba”, agregó.

“Solo una de las pediatras que me atendió me dijo que ella por su diagnóstico entraba para poder hacerle suero equino, ahí me puse a leer sobre el el tema y me di cuenta de su gravedad”. Flavia recordó que las horas transcurrían y no le decían en qué momento le podían pasar el suero. “Luego me dicen que a ella no le pueden hacer el tratamiento por ser menor de edad y desde ese momento se empezó a poner muy mal”.

La joven contó que en esos días su padre también atravesaba una neumonía por COVID y su madre debía guardar el aislamiento preventivo. “Ese mismo día por la noche un doctor me dijo que Agostina estaba grave con peligro vital, ella seguía con máscara de oxígeno y cada vez aumentaban más los litros que le pasaban. A continuación decidieron ponerle un humidificador que daba más oxígeno que la máscara y además tenía flujo de aire. Ella no lo soportó, ya que sus pulmoncitos no funcionaban por sí solos. Ahí me dicen que la única opción era la intubación”.

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Una dura despedida

Fue uno de los momentos más duros que tuvo que atravesar la familia. “Solo pudimos pasar mi mamá y yo, que estaba con ella antes de la intubación. Mi papá y mi otra hermana se despidieron de ella por videollamada”, recuerda Flavia con angustia. “Sabía que era la única opción para que Agostina continúe con vida, sentía que se iba apagando. Me dijeron que ese fin de semana habían llegado los médicos terapistas y había un lugar y respirador”, contó.

Flavia relató que en Chos Malal “no hay terapia intensiva, pero como estábamos en el pico de la ola, con la provincia colapsada, con más de 70 personas esperando una cama para terapia intensiva, se acondicionó un sector del hospital para poner en funcionamiento una, dónde nos dijeron que tenían todo y justo habían llegado los profesionales desde Santa Fe y Buenos Aires”.

Reconoció que “el único médico que se puso al hombro el sector de COVID fue el doctor César Castro. Solo sabía intubar, pero no el manejo en sí de un paciente crítico. Eso para los médicos, enfermeros y kinesiólogos lleva una preparación en terapia, cosa que en Chos Malal no tenemos, es decir que está todo pero falta quien lo haga funcionar”

En esos momentos Agostina fue intubada, no había lugar para derivación y además su estado de gravedad no daba tiempo a una. Ella estuvo una semana crítica, con una pequeña mejoría en el medio. “Luego volvió a recaer y cada vez era más desalentador escuchar los partes médicos, así que iniciamos una cadena de oración”, subrayó.

El momento más duro de la batalla

“Los días 26 y 27 de junio, luego de su internación, su estado era de máxima gravedad y los médicos nos decían que nos preparemos para lo peor e incluso nos dejaron pasar a todos a verla, en ese momento pasó mi papá que no la veía desde el sábado 5 de junio", contó Flavia.

A los días se concreta el cambio de terapistas. Con el personal nuevo llega el doctor Exequiel Martínez. “Nos dice en el parte que ese día él le había colocado un drenaje porque en realidad Agostina tenía líquido y no neumonía. Ahí empezó su recuperación, logran bajar el respirador al 60 por ciento, se estabiliza y deciden hacerle la traqueotomía. Luego la despertaron con el respirador al 40 por ciento”.

“Fue una emoción inexplicable saber que respondía bien al tratamiento y pudo más tarde recobrar un poco de movilidad en su cuerpito. Estábamos todos muy felices por sus avances”, señaló Flavia.

Un vuelo sanitario a Neuquén

Con los días se empezó a descomprimir el sector de internación del hospital local. “El jueves de la semana pasada nos dijeron que si Agostina no podía dejar el respirador la tenían que derivar, a ella igualmente la conectaban a la noche. Y trataban de dejarla sin el respirador en el día. La derivaron no por su estado de gravedad sino porque nos quedamos sin profesionales que pudieran culminar con su tratamiento. En ese momento sentí mucha bronca y miedo, seguramente las familias de los otros dos pacientes sentían lo mismo. Agostina ya no corría riesgo vital para el traslado, pero el señor que estaba en la misma habitación que ella sí”, contó cruzada por la emoción.

Además dijo que “Agostina vino sin respirador en el vuelo sanitario, y desde ese momento no la han vuelto a conectar. Ahora solo está con la traqueo y un soporte de oxígeno de un litro hasta que sus músculos estén de nuevo en buen funcionamiento. En este momento está en terapia intermedia ya sin medicamentos y haciendo más que nada el tratamiento kinesiológico. Están evaluando lo de la traqueo y hoy le harán un estudio para ver en qué situación está para que vuelva a comer por boca ya que se alimenta por sonda nasogástrica. De medicamentos ya no le dan nada. Ayer ya le retiraron todo”, señaló con más alivio.

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“El norte neuquino necesita un sector de terapia”

Flavia, en nombre de ella y de toda la familia de Agostina, valorizó enormemente el trabajo a destajo realizado con profesionalismo por parte del sector terapia del hospital de Chos Malal.

“Mi hermanita no estaría acá hoy conmigo sin ese sector. Además considero que el norte neuquino necesita uno, el hospital de Chos Malal es el lugar donde llegan los pacientes de todo el norte de la provincia y no puede ser que la terapia más cercana esté a casi 300 kilómetros que es Zapala”.

Asimismo reconoció el buen trato y la calidez de todo el personal del hospital Gregorio Álvarez. “Eternamente agradecida con cada uno de ellos, por cuidar y darnos la oportunidad de tener con nosotros a mi hermanita. Al ser de luz más especial del mundo”.

Los primeros años de Agostina

Agostina fue al jardín 48, luego comenzó la escuela primaria en la escuela 15 “Desideria Landestoy”. A la par, en contraturno, asistió los primeros años a la escuela especial "El portal".

“Con el tiempo y como eran muchas las actividades y en la escuela especial se tendía a aburrir solo asistía a la escuela 15, donde hoy cursa sexto grado”, contó Flavia. Agregó que “Agostina es una niña bastante amorosa y tranquila, le gusta bailar incluso hasta antes de la pandemia hacía zumba en la academia de Ruca Antu”.

Agostina es nacida en Chos Malal, la hija menor del matrimonio de Juan Castro y Esther Pincheira, sus dos hermanas son Flavia y Fátima.

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