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"La pandemia ha sido grata para algunos, para otros, el fin"

Gabriel Rolón. Diván virtual. El psicólogo presenta hoy "El amor y las pasiones", donde intenta traspasar la pantalla para comunicar emociones.

En plena pandemia, Gabriel Rolón y la escritora y psicoanalista Cynthia Wila -su pareja- trasladaron el diván a la pantalla virtual. Con la idea de edificar un espacio de pensamiento, Gabriel Rolón y Wila se encuentran presentando “El amor y las pasiones”, un espectáculo que a las 19:30 irá vía streamig por Platealive. Para participar de la charla la reserva de tickets se puede realizar en el sitio de Plateanet.com.

—En medio de la pandemia y de cada situación que nos toca vivir ¿cuál es el desafío de Rolón con “El amor y las pasiones”?

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La idea es construir un espacio de pensamiento. Y qué mejor para pensar que focalizarse en esos temas que el pensamiento nunca terminará de abarcar: el amor y la muerte. Esta vez se trata de poner la mirada sobre el amor y la pasión. El desafío principal lo presenta la modalidad de dar la charla por streaming. Lograr que nuestra palabra “traspase” la pantalla para comunicar ideas y emociones. En el teatro, el público me guía con sus risas o su silencio. Aquí debo imaginarlo. Cynthia es alguien que me obliga con sus preguntas o sus argumentos a buscar formas y conceptos diferentes. Ese es ya un desafío para mí.

—¿Qué has notado en las personas ante las relaciones o el sexo virtual?

La sexualidad humana es amplia y su principal motor es la fantasía. La virtualidad permite que esa fantasía se juegue y surja el erotismo. Es un hecho que el sexo virtual se viene utilizando desde mucho antes de la pandemia. Recuerdo a una paciente que me confesó sus nervios porque después de seis meses de relación iba a conocer a su novio. Durante todo ese tiempo habían sostenido una relación virtual. Incluso ella afirmaba que tenían “muy buen sexo”. Y jamás se habían visto en persona. Creo que cualquier forma consensuada y adulta de vivir la sexualidad puede ser válida. Sin embargo, hay algo que la virtualidad no podrá reemplazar nunca: el cuerpo.

Estar solo o en pareja en cuarentena ha sido difícil ¿pensás que eso produjo más divorcios que nacimientos?

No sé. Más que un tema de creencia debe ser algo estadístico. Estoy seguro de que cuando esto termine alguien nos va a dar la respuesta exacta. Pero es cierto que ha sido un momento difícil para la convivencia. Pensemos que muchas veces nos cuesta convivir con nosotros mismos. ¿Cuántas veces alguien dice que “no se aguanta más”? Imaginemos entonces lo difícil que puede resultar estar todo el día, todos los días, durante meses, con alguien más. El aislamiento puso a prueba nuestra tolerancia, nuestra capacidad de comprensión, el manejo de las emociones y la flexibilidad con que nos relacionamos con los demás. Lo mismo ocurre con ellos hacia nosotros. Porque por esto pasamos todos. Muchos comprendieron que no estaban con las personas que creían estar, para mal. Otros, en cambio, conocieron aspectos nobles de sus parejas, o recuperaron emociones que creían perdidas. La pandemia ha develado quienes somos ante situaciones límites. Para algunos fue una grata sorpresa, una emoción, para otros, el comienzo del fin.

Que alguien tenga la facultad y la nobleza de mantenerse cerca de nuestro sueño es ya un motivo como para estar enamorado”.

Más allá de las responsabilidades que se puedan tener ¿la búsqueda continua de placer en la pareja es fundamental para mantener un equilibrio?

Ponés el dedo en un punto muy importante: el placer. El placer es la mejor herramienta con que contamos para disminuir la angustia y bajar la ansiedad. El placer nos devuelve la calma, la sensación de transitar la vida sin tanto peso. ¿Qué liga a una pareja? Sueños comunes, proyectos y una historia compartida. Una historia que, seguramente, se inició de la mano del deseo y el placer. Sin embargo, es posible que con el tiempo esas proyectos o esa historia hayan ocupado la relación mientras el placer se retiraba. Así nos encontramos con algunas parejas y nos preguntamos por qué esas personas siguen juntas. Si se pelean todo el tiempo, si ya no se desean, es decir, si el placer ha desaparecido del vínculo. Resignarse a una relación displacentera es condenarse a un destino oscuro. De todos modos no es tan sencillo como buscar el placer. Se busca aquello que puede ser encontrado. Y el placer no es algo que perdimos de vista, es una sensación, a veces una emoción. En ocasiones no queda más remedio que aceptar que es una visita que se fue de la pareja para siempre.

—¿El amor nos completa o es una ilusión?

Nada nos completa. El ser humano debe aceptar la vida en falta. Siempre habrá una distancia entre lo anhelado y lo obtenido. Nadie puede tenerlo todo, y nadie puede dar todo lo que otro necesita. El amor es una ilusión. La ilusión de que la completud es posible, un engaño que nos hace creer que hemos encontrado alguien que puede cubrir todas nuestras ausencias. Tarde o temprano comprenderemos que no era así. Allí empieza el desafío grande, el reto de amar en falta, de construir un vínculo sano y firme a pesar de comprender que no puede darnos todo. Pablo Milanés lo dijo de un modo maravilloso: “No es perfecta, más se acerca a lo que yo simplemente soñé”. Y que alguien tenga la facultad y la nobleza de mantenerse cerca de nuestro sueño es ya un motivo como para estar enamorado. Aceptar la falta será un trabajo que deberemos realizar.

—¿Cuándo es más factible la felicidad en una pareja?

La felicidad es un concepto esquivo. No a todos nos hacen felices las mismas cosas. Es más, por lo general lo que hace feliz a alguien entristece a otro. Pensemos en la simpleza de un partido de fútbol. Boca le gana a River. Miles de personas gritan de felicidad, otros tantos muerden su rabia y su tristeza. De la misma forma, cada pareja y cada uno de los miembros de esa pareja debe encontrar, si pueden, qué los hace felices en esa relación. Algunas se apoyan en la confianza, otras en el compañerismo, unas en la pasión. Incluso hay parejas que parecieran encontrar una morbosa felicidad en el dolor. Parejas masoquistas que no quieren separarse a pesar de que ni el placer, ni el respeto, ni siquiera la amistad las recorre. ¿Podemos llamar a eso felicidad? Quizás sí. De donde se desprende que no toda felicidad es sana. El ser humano es muy complejo. Esa complejidad es nuestro cielo y nuestro infierno.

—¿Cuándo una pasión es buena o es mala?

Cuando la pasión nos empuja hacia lo que deseamos, hacia la construcción de un vínculo o una vocación. Cuando nos sostiene en los momentos en los que las fuerzas disminuyen y la voluntad se debilita, diría que es una pasión sana. En cambio, cuando nos arrastra por caminos de destrucción, es enferma. A veces alguien cae apasionadamente en las drogas, el juego o la violencia. No toda pasión merece ser vivida, y como se trata de una fuerza difícil de resistir debemos conocer bien cuáles son nuestras pasiones y estar alertas. Apoyarnos en ellas para no ceder un sueño, o evitarlas cuando nos empujan al dolor.

—¿Hay personas que están en pareja simplemente porque estar solos o sin pareja les parece terrible?

Me da pena. Porque lo único que hay en la soledad somos nosotros mismos. Entonces, tenerle miedo a la soledad implica no estar conforme con quien uno es. Hace un rato hablamos de la felicidad. Creo que la felicidad aparece cuando tenemos la posibilidad de mirar hacia adentro sin sentir vergüenza. Cuando eso ocurre, cuando nos consideramos dignos, la soledad no duele tanto. De hecho, en la vida todos estamos solos. Otra de las virtudes del amor es que, por un rato, nos permite olvidar eso. Pero tarde o temprano la soledad va a encontrarnos. Por eso no creo que hay que huir de ella. Se trata de vivir la soledad sin tristeza. Quien logra hacerlo, quien no necesita a otro para que lo salve de la soledad, es alguien muy bien preparado para construir una pareja. Porque ya no elige por necesidad, sino por deseo.

¿Creés que existe la persona que muere por amor?

Desgraciadamente, sí. Se llaman suicidas o melancólicos. Unos, ante la pérdida de la persona amada, renuncian a la vida física. Los otros, a la vida deseante. Por suerte no es el caso de la mayoría. Si no se está muy enfermo, de amor no muere nadie. Para eso está el duelo. Para salir del dolor por lo perdido y regresar al mundo del deseo.

—Durante el aislamiento hubo aumento de la violencia de género ¿qué observación podés hacer?

La violencia de género es una tragedia. Y una aberración. Nada justifica ese acto miserable. El aislamiento ha incrementado la ansiedad y la angustia de todos. Cada uno de nosotros lo ha resuelto a su manera. Algunos bien, otros de la peor manera. Personas que descargan su ansiedad con agresiones y actos que lastiman. Siempre han sido así. Nadie se convirtió en violento a causa de la pandemia. Sólo que, como hemos dicho, esta situación nos ha develado. Los que ya ejercían la violencia lo hicieron más. Quienes la demostraban de modo solapado pasaron a mostrarla de manera efectiva. El resto hemos hecho lo mejor que pudimos.

—La pandemia ha puesto a prueba a todo el mundo ¿cómo creés que vamos a quedar respecto a la salud mental?

Es imposible para el psicoanálisis hacer una lectura sociológica tan clara. Cada uno saldrá de esta experiencia a su modo. Habrá quienes hayan encontrado una fortaleza que desconocían, otros se habrán quebrado emocionalmente. Unos se sacudirán el polvo y volverán a intentar sus sueños. A otros se les hará más difícil. En lo personal, anhelo que entendamos que todos habremos perdido algo y, como dijimos recién, nos animemos a duelar lo perdido para seguir viviendo con dignidad. Esta pandemia ya nos ha robado demasiado. No dejemos que nos quite el deseo de vivir.

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