Le ocupó el estacionamiento para discapacitados y encima le pegó porque se quejó

La discusión fue en la puerta de una escuela de Centenario. El agresor lo siguió hasta una estación de servicios y lo golpeó.

La violencia cotidiana parece no tener límites y Centenario sumó ayer un nuevo episodio. Una discusión entre dos padres que llevaban sus hijos a la escuela terminó con uno de ellos siguiendo a otro y atacándolo a golpes cuando frenó en una estación de servicio.

Ernesto Guevara es músico y oriundo de Tucumán, aunque desde hace varios años vive en Centenario. Ayer llegó al mediodía al colegio Virgen de Luján para dejar a su hijo al colegio. “Hay una reserva para discapacitados que gestionó mi señora, ya que mi hijo tiene síndrome de down. Como todos los días, ese espacio estaba ocupado”, relató Ernesto.

Según describió, una camioneta “ultra mega millonaria” ocupaba el lugar. Fue en ese momento cuando decidió dejar el auto en doble fila para poder bajar a su hijo al colegio, ya que no camina por sus propios medios. “Le toqué el vidrio y le pedí que estacionara en otro lado porque ese lugar está reservado para discapacitados. Entonces bajó el vidrio y empezó a insultarme. Yo le dije cuál era mi situación y la de mi hijo. Me siguió tratando mal y me calenté”, explicó en diálogo con LU5.

Contó que volvió a subirse a su auto, pero el hombre salió de su auto y volvió a increparlo. En ese momento, las maestras le recriminaron al hombre que había tenido el mismo problema con la madre de un alumno también discapacitado.

“Me dijo que la próxima vez me iba a cagar a trompadas. Yo le dije que no esperáramos a la próxima pero me respondió que no podía hacerme nada porque estábamos en la puerta de la escuela”, contó. En ese momento, Ernesto relató que subió a su auto y se fue del colegio, aunque notó que el hombre comenzó a seguirlo. “Yo bajé la velocidad y, en vez de ir a mi casa, paré en la estación de servicio porque había escuchado que hoy aumentaba. En ese momento, cuando me bajo del auto, este hombre se me viene al humo y me empieza a tirar manotazos”, describió. Ernesto logró esquivar los golpes y confesó que le pegó “un par de patadas” hasta que el guardia de la estación nos separó.

Ernesto se mostró arrepentido por haber reaccionado de esa forma, aunque aseguró que quería defender los derechos de su hijo y de todas las personas con discapacidad que “sufren diariamente esto” porque “nadie hace nada”. “Tuve miedo. Yo prefiero usar las manos para tocar la guitarra y no ensuciármelas con alguien así”, dijo.

“Pareciera que tenemos que ir todos al jardín de infantes de nuevo. No puede ser que un inspector de tránsito tenga que decir todo el tiempo que no se puede estacionar en los lugares prohibidos”, dijo.

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