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La Mañana droga

Lo avisamos la semana pasada

La violencia extrema puede terminar no solo con un muerto, sino con varias vidas arrasadas.

La semana pasada, concluía la columna sobre el millonario negocio de la droga advirtiendo: “Lo que en el fondo habría que pensar es en los pibes que llenan esas efímeras arcas producto de la comercialización de drogas. Esos chicos que frente a la abstinencia son una bomba de tiempo. Acabar con el narco es imposible; cuidar y ayudar a los pibes todavía se puede”.

Lo cierto es que la coyuntura nos vuelve a marcar el pulso de una sociedad a la que determinados sectores le son indiferentes. En el barrio Confluencia, zona de eternas rivalidades entre bandos ligados a la droga, hubo un festejo entre adolescentes y jóvenes que minutos después de la 6 de la madrugada derivó en un riña tan absurda como la muerte que se provocó.

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La víctima, de 25 años. El presunto autor, un pibe de 14 que andaba con un cuchillo de carnicero. De nuevo las formas de convivencia nos demuestran que hay que estar, vivir y sobrevivir ahí para entender la problemática.

Esa noche abundaron el alcohol y la droga, como en casi toda fiesta de adolescentes hoy en día, sin importar el barrio ni la clase social. Lo terrible es la reacción de cero a cien que tiene el pibe que mata, intimida.

Vidas arrasadas y una sociedad indiferente porque fue en Confluencia, porque si hubiese sido en un barrio paquete, coqueto, la historia y la reacción serían otras.

El chico de 14 no va a ir preso por matar al joven de 25 años, como mucho, con suerte, se le realizará un intervención con profesionales para que reflexione sobre lo realizado, el daño, que entienda que existen normas y que la vida tiene valor.

Por último, ¿quién garantiza la vida de este chico y su debido tratamiento?

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