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Los chocolates que son sinónimo de San Martín de los Andes

Faustina Villalba contó la historia del ícono cordillerano que nació en la Segunda Guerra Mundial, a partir de una historia de amor tan dramática como inspiradora.  

Aunque en los últimos tiempos San Martín de los Andes creció exponencialmente y se llenó de comercios vinculados a la actividad turística, en el corazón de la ciudad, Mamusia se sigue brillando -con sus raíces polacas- como la chocolatería local por excelencia.

Detrás de los tentadores bombones, tabletas de chocolate, dulces caseros, helados y alfajores que se ofrecen- "sin escatimar"- en la llamativa y pintoresca "casita" blanca con flores coloridas, hay una familia construida a partir de un amor de película, con una historia dramática, pero también inspiradora.

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En medio de la Segunda Guerra Mundial Maya Ana Fularska, abuela de Faustina Villalba -gerenta de Mamusia- logró escabullirse en un tren de exterminio y escapar de un campo de trabajos forzados, en Baden-Baden, junto a dos amigas.

Tras caminar de noche hacia el sur de Alemania encontró un campamento norteamericano que reunía a los "desparramados" y ahí conoce Jose Zbignew Fularski, un joven boy scout que también venía huyendo del régimen nazi. Pese a la desesperante situación, se enamoraron a primera vista y decidieron fugarse a Italia, luego de enterarse que estaban a punto de ser deportados a sus lugares origen y donde había arrancado la pesadilla.

"Ellos llegaron a la Argentina en un barco después de escaparse del campo de concentración y la guerra. Tatus (papá en polaco) tenía 22 años y Mamusia (mamita), 20. Después de Italia, llegaron a Inglaterra donde, como refugiados, se anotaron para ir a Canadá, Estados Unidos, México, Brasil o Argentina. Como el primer barco donde podían viajar venía para acá, se subieron y llegaron a Buenos Aires donde fueron recibidos por la colectividad polaca que les enseñó el idioma y les brindó trabajo. Mi abuelo aprendió el oficio de zapatero y mi abuela fue tomada como ama de llaves por una señora, que después se mudó a Quillén y la trajo. Ahí mi abuela dijo 'yo me quedo en el sur' y mi abuelo vino. Eso sería en el año 50", calculó, en diálogo con LMNeuquén, Faustina, sin poder precisar bien la fecha.

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"Tatus, como buen boy scout, siempre estaba al servicio de todos y era muy rápido para aprender, así que comenzó a llevarle los números al campo donde vívía la mujer que contrató a mi abuela. Ellos ya tenían a mi mamá (Ana Maya), que es inglesa porque nació en el barco, antes de que llegaran a la Argentina. Mi tía, María Rosa, ya nació en Quillén", comentó antes de señalar que su familia se instaló en el pequeño pueblo de San Martín de los Andes cuando su madre y su tía empezaron la escuela primaria.

"Mi abuelo se abrió camino como contador, tenía mucha visión y era muy bueno, todo el mundo lo quería. Él llenaba esos libros con columnas, era muy prolijo y en los 70´, realmente le fue muy bien. Pero bueno, antes, paralelamente, pusieron una despensa. Mamusia, hacía muchas recetas de su país y bañaba higos en chocolate que los compartía cuando tenía invitados. También hacía trufas, esos fueron los dos primeros bombones oficiales que hizo. Y, como quien no quiere la cosa, los amigos le empezaron a pedir para regalar y así arrancó haciendo como de favor y placer. De pronto empezó a crecer, a hacer otros sabores, la gente le empezó a pedir un poco más y ahí mi abuelo dijo: 'Bueno, esto es lo que hay que hacer'. Entonces dejaron el almacén para dedicarse a los chocolates", relató risueña Faustina.

Patrimonio cultural

La chocolatería Mamusia quedó oficialmente inaugurada en 1972, en la casa de los Fularsky, sobre Mariano Moreno 1.198, el mismo lugar donde actualmente está la fábrica, a cuatro cuadras del local de ventas.

"Se fue armando muy de a poquito. Preparaban el chocolate en la casa, que primero era un living y un cuarto, y que con el tiempo se fue agrandando. Hicieron 'la pieza fría', un cuartito sin calefacción, donde guardaban todo y una cocina más amplia porque precisaban más espacio. Ellos hacían todo a mano. San Martín era muy pequeño y mi abuelo viajaba a Buenos Aires a buscar mercadería. Llevaba pedacitos de chocolate y le regalaba a todo el mundo. Más tarde, la exintendenta Josefina “Pepita” Ragusi de Orazi, siempre que viajaba para hacer gestiones, llevaba cajitas de para darlo a conocer. Así que la gente, cuando venía a San Martín, ya sabía que había que comprar chocolate ahí, que había que conocer la casa de Mamusia y su jardín, era como un paseo. Imaginate el San Martín de los Andes de hace 40 años, era como una excursión más", exclamó.

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"En los años 80' a la chocolatería le empezó a ir súper bien y apareció la oportunidad de comprar la esquina donde estamos ahora. Antes estaba el bar Lerín. Tuvieron que hacer un montón de remodelaciones, cuidando la arquitectura y las paredes de adobe porque es patrimonio histórico de San Martín de los Andes. Y bueno, como todo negocio que va creciendo -por suerte-, contrataron más empleados y fueron ampliando la oferta. En esa época estaban muy marcadas la temporada baja y la alta. En el invierno mis abuelos y mi mamá trabajaban un montón en el negocio, se quedaban como hasta las dos de la mañana preparando todo para el día siguiente porque no daban abasto", recordó Faustina cuya infancia y adolescencia estuvieron signadas por los dulces quehaceres de la fábrica.

Legado generacional

Tras el fallecimiento de Mamusia en 2002, Tatus decidió darle lugar a las nuevas generaciones. "Mi mamá se puso al mando. A ella le gustaba estar detrás del mostrador para vender o producir, pero a partir de ahí empezó a encargarse de todas las gestiones, hasta el 2003 que yo terminé de estudiar administración de empresas y decidí hacerme cargo con el apoyo de todos", contó Faustina para luego agregar que su prima, Dana Musso, se sumó una vez que obtuvo su título de asistente social en La Plata. "Ella se encarga de la producción y yo de todo lo comercial y administrativo. Nuestros hermanos son parte de la historia de la chocolatería pero no están involucrados directamente", explicó.

A lo largo de los años, cada generación fue dejando su impronta en Mamusia. Si los abuelos de Faustina dieron el puntapié inicial del mítico emprendimiento, su madre lo enriqueció con la incorporación de dulces caseros, mientras ella apostó por el helado.

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"Los dulces se empezaron a incorporar en los 90'. Mi mamá los hacía en su casa y, como son espectaculares, se empezaron a vender. El que más piden es el de frambuesa, le sigue el de mosqueta, sauco y cereza negra. También tenemos de guinda, grosella, mora y frutilla. Son todas frutas de productores de la zona y no tiene conservantes", destacó.

"Los helados tienen diez años, yo digo que son mis hijos. Con esto de inyectar energías nuevas porque el chocolate ya lo tenemos, dijimos: 'Hagamos helado. Y si vamos a hacer helado, van a tener que ver con nuestros bombones y chocolates, además de tener la mejor calidad y bases italianas'. Estuvimos practicando un montón primero, hicimos muchos cursos y mucha inversión y ahora tenemos un producto que es espectacular", subrayó orgullosa, antes de resaltar que el chocolate Tatus es la gran estrella.

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Más allá de las innovaciones, Faustina remarcó que las recetas de Mamusia están más vigentes que nunca, además de la forma de elaborar varios chocolates. "Lo que seguimos haciendo es el chocolate cortado a cuchillo, uno por uno, tal como lo hacía mi abuela. Lo mismo el chocolate en rama. Cuando lo tenés derretido y templado podés ponerlo en una máquina o lo trabajas en una mesa de mármol y lo levantás con una espátula. Eso hacemos nosotros, es un re laburo, muy difícil, porque tenés que saber manejarlo", advirtió.

"Además usamos productos de calidad, nuestros proveedores de nueces y almendras los conoció mi abuelo hace un montón, son de Chimpay, y nosotras ahora estamos trabajando con los hijos", dijo antes de mencionar los bombones de dulce de leche, el marroc, las mentitas y cascaritas de naranja bañadas con chocolate amargo como las delicias más solicitadas, además de los juguetes de chocolate una clásica tentación infantil que incluso se suelen usar para adornar tortas de cumpleaños.

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En cuanto al aumento de la competencia, Faustina manifestó: "Al principio había otras chocolaterías que fueron desapareciendo y la llegada de otras, que aún se mantienen, está buenísimo porque te motivan a estar todo el tiempo atenta a mejorar la calidad, la atención y todo para estar al full en el frente de batalla. Hace tres o cuatro años llegó una que tuvo un impacto por la confusión que genera dado que el nombre de la marca es similar al nuestro, pero afortunadamente no nos cayeron las ventas".

"Los clientes son muy fieles y pasamos la pandemia perfecto porque nos reinventamos: empezamos a vender mucho online y hoy llegamos a todos los puntos del país con nuestra tienda en la nube a través de Correo Argentino. Sobrevivimos porque tenemos edificios propios y por nuestros empleados, son una pata súper importante y entendieron todo lo que había que hacer", valoró.

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A la hora de tratar de explicar el éxito de su chocolatería, expresó: "Mamusia es recordar la niñez, esos momentos lindos como cuando entrabas a la casa de tus abuelos y había rico olor a comida. Para mi tiene que ver un montón con la familia, con juntarse, con disfrutar juntos momentos súper divertidos".

"Como mucha gente fue súper generosa con mi abuelo, él también fue súper generoso, entonces yo trato también de seguir eso. La caja de 500 gramos, si la pesás siempre hay un poco más. Lo mismo con el helado, siempre lo decoramos con un chocolate de regalo o unos confites y se van todos re contentos. Es el plus que le sumamos para ser generosos con todos", agregó al reflexionar sobre la marca distintiva de Mamusia.


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Aunque la incertidumbre que trajo la pandemia de coronavirus no le permite planificar a mediano y largo plazo, Faustina sueña con la apertura de nuevas sucursales de Mamusia, incluso en el Alto Valle, mientras continúa trabajando para pulir la tienda online.Está todo como medio en el freezer, pero pienso en armar franquicias, aunque ahora no es el momento oportuno", dijo con cautela, antes de remarcar la dicha que siente al continuar el legado de Mamusia.

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"Yo me crié en la chocolatería, era la casa de mis abuelos y aprendí todo desde muy, muy chiquitita. Así que cuando agarré la batuta, ya sabía hacer todo. Seguir con la tradición familiar fue un desafío tremendo porque, por supuesto, siempre está la comparación. A la hora de tomar decisiones siempre pienso '¿qué hubiese hecho Tatus o Mamusia?', pero estoy feliz y no me imagino haciendo otra cosa", aseguró.

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