Madrugar podría generar mayores niveles de estrés

Un estudio verificó los cambios fisiológicos que esto produce.

Londres
Hay un viejo refrán que dice "al que madruga, Dios lo ayuda". Claro está que tanto refranes como viejos dichos no deben tomarse literalmente y, menos aún, si cada vez más estudios confirman que levantarse temprano trae más complicaciones que beneficios.

Aunque para muchos parezca poco relevante la cantidad de horas que pasamos en la cama, la realidad es que nuestro cuerpo posee un reloj biológico que se regula en función de las horas de luz natural, además de otros factores, como el ambiente, etc. Todas esas variables combinadas pueden afectarnos de manera impensadas, por eso, dormir bien es fundamental para mantener y mejorar la calidad de vida.

En línea con esto, una investigación realizada por la Universidad de Westminster de Reino Unido reveló que "la gente que se levanta temprano es más propensa a tener dolores musculares, dolores de cabeza, síntomas de resfriado y su estado de ánimo es peor. No sólo eso, tienen más estrés".

El estudio fue realizado con 42 voluntarios a los que se tomó muestras de saliva ocho veces al día durante 48 horas, la primera de ellas apenas despertaban.
Apneas. Este problema aumenta la probabilidad de muerte.


El análisis reveló que la mitad de quienes despertaban temprano -antes de las 7:21- tenían niveles más altos de cortisol comparados con quienes se levantaban más tarde. La hormona cortisol suele liberarse por el estrés, y los niveles obtenidos en la mañana se mantenían durante todo el día.

Según la misma fuente, los investigadores, dirigidos por la doctora Angela Clow, afirmaban que el estudio podía proporcionar una base fisiológica sobre despertarse temprano o tarde. Hacerlo temprano se relacionaría con más concentración, pero también estrés e ira. Por el contrario, despertarse tarde contribuiría a estar más relajados a lo largo del día.

De todas formas, esto varía y depende de cada persona y su organismo.

Según explica el reconocido biólogo argentino Diego Golombek, hay dos tipos de personas según cuándo duermen y cómo es su rendimiento: "Los matutinos son los llamados alondras, y los vespertinos, búhos", explica. Esta preferencia por la mañana o por la noche se conoce como cronotipo del sueño y afecta incluso la personalidad.

Crónicos. Problemas de sueño recurrentes aumentan la probabilidad de enfermedades psiquiátricas.


A nivel general, según los especialistas, los niños deberían dormir entre nueve y diez horas, los adolescentes nueve y los adultos un poco más de ocho.

La diferencia de temperatura no es una variante importante en el cambio de estación, aunque la modificación de los horarios de salida y puesta del sol pueden afectar el sueño, ya que lo ideal es dormir con oscuridad absoluta.

"Hay que considerar las variaciones naturales y el efecto sobre cada persona. Cada uno se conoce, será mejor cuanto más pueda adaptar los horarios a su reloj interno. En cuanto a los hijos, es bueno conocer si son búhos o alondras. Los adolescentes tienden a ser más búhos y por eso hacen varias cosas por la noche".


Mejor, lo justo
La contracara de dormir poco

Así como dormir poco es perjudicial, dormir en exceso provoca en el cuerpo un estado de letargo perjudicial para nuestra actividad diurna. Nuestras acciones habituales se ralentizan y nuestro organismo se vuelve más lento al igual que nuestra capacidad cognitiva y de respuesta. Incluso podemos llegar a sentirnos más cansados. Las investigaciones concluyen que cada hora adicional de sueño se asocia con un aumento del niveles de proteínas y mediadores que intervienen en los procesos inflamatorios y autoinmunes, llevando a distintas patologías.

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