Marcelo Iripino: "Lloré muchísimo cuando renuncié a lo de Susana"

Marcelo Iripino.Sin rencor. Fue durante más de dos décadas bailarín y coreógrafo de la diva hasta que en el 2011 se fue y rechazó un cheque en blanco cuando lo quisieron retener.

Paula Bistagnino - Especial

De chico miraba el programa de Susana Giménez por Canal 7 y soñaba con ser uno de los “Susanos”. No imaginaba que 15 años después, la diva -hoy a las 22 regresa con su ciclo- lo iba a elegir en un casting (al que llegó tarde y en el que lo hicieron cantar) y que iba a pasar con ella 20 años, como bailarín y secretario primero y coreógrafo después. “Fueron un sueño, y yo le sigo estado agradecido y nos seguimos queriendo mucho. Disfruto con cada vuelta de ella a la tele. Aunque esta vez no voy a poder estar en el comienzo”, dice Marcelo Iripino, que ahora brilla y está de gira por el país con una de las obras exitosas de los últimos años, Bien argentino.

Ella es una mujer muy feliz, que disfruta de la vida, con los altibajos que tenemos todos, pero que irradia luz, que proyecta”.

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¿Hay un regreso al origen en ese Iripino cantor?

Sí, para mí es un volver a nacer dentro del folclore. Mi casa eran esas mesas largas de toda la familia cantando hasta la madrugada con bombos. Yo crecÍ cantando con mi papá, en las kermesses y las peñas. Después incursioné en el baile y dejé de cantar. Y mi papá me quería matar. Y Bien Argentino me permitió expresar algo que no pude en la tele, cantar.

¿Y cómo llegaste a coreógrafo?

Ay, qué locura ¿no? Fui más que nada autodidacta, me da un poco de vergüenza decirlo. Mi primera coreografía fue para Susana, directo, y cuando me lo propusieron y acepté, sin pensar, y sin saber nada ni de iluminación ni de manejar la cámara, me hice un curso mental de tres meses viendo videos. Siempre fui así: estaba de cadete en una empresa en la que había dicho que estudiaba contaduría ¡mentira! Y así entré. Pero yo quería actuar y entonces me presenté sin experiencia a un casting de Pepito Cibrián en el que había 2 mil personas y quedaban 18. Me subí al escenario y bailé y canté. Y quedé.

¿Y cómo llegó Susana a tu vida?

Conocí a Daniel Fernández, su primer coreógrafo, en una obra de teatro, y me llevó a una apertura del Hola, Susana de Canal 9… ¡Me transpiraban las manos! Fue a fines de los 80. Años después ella estaba haciendo Molly Brown y me mandó a llamar porque me vio con Violeta Rivas y ¡le dije que no! Una locura. Porque tenía miedo de perder el trabajo que tenía. Después vino el casting, a ese que llegué tarde y canté, y ella me eligió. No olvido ese momento. Sabía que ese día cambiaba mi vida.

Estuviste en la mejor época de Susana.

Y sí, fue la época de oro, toda la etapa Telefé. Ella nos llamaba a mí y al Negro Moyano y nos decía: “Chicos, vengan para acá que lo vemos”. ¿A dónde vamos? ¡A Miami! Y nos íbamos a su casa allá.

¿Qué te mantuvo con los pies en la tierra?

La educación, sobre todo mi padre, que sabía que me decía que llegara adonde llegara no perdiera la humildad. Y que la actuación la dejara para el escenario. Y Marcelo, mi pareja, que me bajó las locuras y las angustias siempre. Hace 32 años que estamos juntos. Y jamás me la creí, lo tomé como un trabajo y mi única recompensa siempre fue que las cosas salieran bien.

¿Cómo te llevás con lo de la tele?

La televisión me desenamoró. Ya no tengo espacio para lo mío. Las peleas, los desencuentros, los enojos que tuve… Soy muy calentón. Pero por pasional. No puedo ir a la tele a jugar. Hay gente que creía que en el “Bailando” hacía un show. Y no: ponía todo, me mataba y después te aparecía un jurado que te sacaba la sierra y te cortaba la cabeza. A mí me lastimaba esa pelea. Entré en el juego, lo jugué, no me salió, y me fui de ahí. Por eso no estoy en programas y no voy a notas donde sé que te atacan.

Si te llama Tinelli, ¿no volverías?

No, ni loco. Porque no es un espacio que yo sé ocupar. Sí, si me llamaran para el BAR o jurado. Pero tampoco sé si tengo esa pasta, no soy tan verborrágico y no tengo esa pizca de maldad que hace falta. Me partiría el corazón, porque están laburando.

¿Por qué te fuiste de al lado de Susana?

Llegó un momento que sentí que era hora de abrir un poco las alas. Y no depender tanto de Susana, porque el programa empezaba a ser semanal, y si de repente Susana se tomaba un año… Me costó un horror y lloré muchísimo. Fue dejar una familia del corazón.

¿No te quiso retener? ¿No se enojó?

No quería que me fuera, hasta me dieron un cheque sin importe para firmar, pero no era por plata. Al principio le dolió, pero también entendió. A veces me dice: ¿Por qué te fuiste de mi lado Marcelo? Jamás tuvimos un problema. La manejaba muy bien y llegué a conocerla mucho. No necesitábamos hablar. Y ella sabía que la cuidaba, que ella iba a estar divina en el musical.

¿Susana baila bien?

Noooo. Ella camina. Ella lo sabe y lo dice: “Yo le pongo todo lo mío y a la gente le encanta”.

¿Te gusta que esté Flavio Mendoza?

Si le tocó a Flavio (Mendoza) está buenísimo y me alegro. A mí no me damnifica. En todo caso eso se lo tienen que preguntar a Gustavo Wons, que es el coreógrafo actual. La disfruté durante 20 años. No me voy a poner mal porque Flavio haga un musical. Ojalá vaya bárbaro. Es laburo para todos.

Tantos años al lado de Susana, ¿cuándo la viste más feliz?

Ella es una mujer muy feliz, que disfruta de la vida, con los altibajos que tenemos todos, pero que irradia luz, que proyecta. Hubo momentos, como cuando lo conoció al Corcho Rodríguez, que estaba obnubilada y sí, brillaba, pero también la he visto brillar sola.

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